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Renací Siendo La Villana

Renací Siendo La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Venganza
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda lo tenía todo: un esposo que la amaba y una vida perfecta. Pero un "accidente" le arrebató el aliento. Ahora, ha despertado en el cuerpo de Ámbar Valer, la chica señalada como su asesina. Atrapada en una casa llena de enemigos y perseguida por el odio implacable de su propio esposo, Damián Villegas, Miranda deberá jugar un juego peligroso. ¿Podrá convencer al hombre que ama de que ella sigue viva, o morirá de nuevo a manos de su propia venganza?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nido de víboras

El regreso a la mansión Valer no fue la vuelta al hogar que cualquier paciente recuperado esperaría; para mí, fue como entrar en una jaula llena de lujos custodiada por bestias. Cuando el auto cruzó los enormes portones de hierro forjado y avanzamos por el sendero flanqueado por estatuas de mármol y jardines milimétricamente podados, sentí un nudo de náuseas en la garganta.

El lugar era una grosería de opulencia. Una cachetada de riqueza que hacía que el elegante ático que yo compartía con Damián pareciera una casa de muñecas. Ni en mis mejores años como Miranda Durán, incluso con el éxito de mi galería y la fortuna de mi esposo, habría podido costearme una columna de aquel palacio. La riqueza de los Valer no era solo dinero; era poder antiguo, de ese que compra silencios y tuerce voluntades.

Arturo, manteniendo su papel de padre ejemplar, no soltó mi mano en ningún momento. Su presencia era un escudo imponente. Él había movido cielo y tierra para evitar que yo —o mejor dicho, el cuerpo de Ámbar— pisara una celda de detención. El accidente seguía bajo una investigación "meticulosa", o lo que era lo mismo: Arturo estaba manipulando cada ficha del tablero legal a su antojo, inyectando millones en las grietas del sistema para ganar tiempo.

—Ya estás en casa, pequeña —susurró Arturo mientras subíamos la escalinata imperial de granito—. Aquí nadie podrá tocarte. Ni la policía, ni ese hombre despechado. Estás a salvo.

Asentí mecánicamente, pero mis ojos se cruzaron con los de Vanessa, que nos esperaba en lo alto de la escalera junto a sus hijos. Ella mantenía una sonrisa gélida y perfecta, pero sus ojos me gritaban que la tregua se acabaría en cuanto Arturo diera la espalda.

Al llegar a la que supuestamente era mi habitación, una estancia del tamaño de un apartamento completo decorada en tonos crema y empolvados, Arturo me besó la frente y se retiró para atender a los abogados. En cuanto la puerta se cerró, me abalancé sobre ella y giré el seguro. El sonido del clic metálico fue mi señal de salida.

—Muy bien, Ámbar —susurré, mirando mi reflejo en un espejo veneciano de cuerpo entero—. Veamos qué secretos guardabas bajo esta piel de porcelana.

Empecé a registrar cada rincón con una urgencia febril. Vacié cajones, palpé el fondo de los armarios llenos de ropa de diseñador que aún olía a lavanda y miedo. No buscaba joyas; buscaba la verdad. Necesitaba saber qué ocurrió aquel día en la carretera, porque si yo, como Miranda, recordaba haber conducido con cuidado, ¿cómo era posible que Ámbar me hubiera embestido?

Después de horas de búsqueda, cuando el sudor frío me perleaba la frente, encontré un doble fondo en el cajón de su mesa de noche. Allí, escondido bajo una pila de bocetos de arte, estaba un pequeño cuaderno de cuero desgastado.

Era el diario de Ámbar Valer.

Me senté en el suelo, con el corazón martilleando contra mis costillas, y empecé a leer. La caligrafía era pequeña y temblorosa, casi infantil. A medida que pasaba las páginas, el aire se me escapaba de los pulmones. No era el diario de una niña rica y consentida; era el registro de un calvario.

Ámbar relataba con una crudeza desgarradora cómo Vanessa y su hija menor, Leticia, se habían encargado de destruir su autoestima sistemáticamente desde que Arturo las trajo a casa. Leticia, con una envidia patológica, le robaba sus cosas y la incriminaba en mentiras constantes, mientras Vanessa la castigaba en las sombras, asegurándose de que Arturo nunca viera las lágrimas de su hija.

Pero lo peor vino después. Mis dedos temblaron al leer sobre Esteban, el hijo mayor de Vanessa. Ámbar lo describía como un ser despreciable, un depredador que aprovechaba cualquier ausencia de Arturo para acorralarla, para intentar sobrepasarse con ella, susurrándole que ella no era nada sin el apellido de su padre y que él se encargaría de "domarla".

"Hoy Esteban entró a mi cuarto de nuevo", decía la última entrada, fechada un día antes del accidente. "Me dijo que si no le daba el dinero que mi papá me había dado, me arrepentiría. Salí corriendo de casa, no podía respirar. Solo quería escapar..."

Se me heló la sangre. Una ira negra empezó a calarme hasta los huesos, una furia que no pertenecía solo a Miranda, sino que se fusionaba con el dolor residual de la verdadera Ámbar.

Ella no era una asesina imprudente. Era una víctima que huía de un monstruo. Algo debió pasar ese día para que ella fuera tan imprudente al conducir.

Me puse de pie, apretando el diario contra mi pecho. De repente, la razón de mi regreso se volvió clara como el cristal. El destino no me había traído a este cuerpo solo para recuperar a Damián o para salvar mi alma. Había vuelto para ser el verdugo de estos tres buitres. Arturo era un hombre poderoso, pero estaba ciego ante las víboras que alimentaba en su propio nido.

No sabía exactamente qué relación me unía a estas personas en el gran esquema de la vida, pero fuera lo que fuera, se había acabado la Ámbar sumisa y asustada. Si querían a una villana, les daría a la más letal de todas. Usaría la inteligencia estratégica de Miranda Durán y el rostro angelical de Ámbar Valer para desmantelar sus vidas pieza por pieza.

—Vanessa, Esteban, Leticia... —dije en voz alta, y por primera vez, mi nueva voz no sonó dulce, sino afilada como una cuchilla—. No tienen idea de quién acaba de despertar en esta cama.

Mi mirada en el espejo ya no era de terror. Era la mirada de una mujer que había muerto y regresado del infierno con un solo propósito: justicia. Iba a salvar a Arturo de su propia familia, y en el proceso, le demostraría a Damián que, aunque habitara el cuerpo de quien él más odiaba, yo seguía siendo la única mujer capaz de quemar el mundo por él.

La guerra acababa de empezar, y por primera vez, yo tenía todas las armas.

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valeska garay campos
me estoy comiendo las uñas 🤭
valeska garay campos
Sabían pregunta todo aunque crean que estas loco
Ámbar dile que eres Miranda aunque piense que estas loca 🤭
valeska garay campos
vamos a ver como reacciona Ámbar al llegar a su casa con su esposo 🤭
valeska garay campos
al fin Damian sabe que no fue mentira todo lo escrito en el diario 🤭
Adriana Ruiz
👏👏👏me encanta 😍
valeska garay campos
me encanta la historia que Damian salbe a su amada esposa
valeska garay campos
Miranda que no caiga en la trampa de las víboras
valeska garay campos
vamos Damian ya sabes que ámbar es tu esposa solo debes creer en tú corazón ❤️ 🤭
valeska garay campos
excelente capítulo nos podrías reglar una maratón?
valeska garay campos
cada capítulo más emocionante dan ganas de más capítulos 😊
valeska garay campos
debió quebrarle el brazo 🤭
valeska garay campos
vamos Miranda aplasta a esos gusanos 🤭💪
valeska garay campos
ya estamos conociendo a las víboras vamos a ver quien gana 🤭
valeska garay campos
muy buena historia me encantan 💪
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tanta perfección es rara
Maria Cantillo
vaya despertar del coma y recibir insultos del que fue su esposo y estar en un cuerpo más joven vaya vaya🤭🤭🤭
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