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Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Helios [Libro 2] [The Celestials Series]

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:677
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

La aurora no promete perdón: sólo la prueba de quien se atreve a reclamar el cielo.

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Capítulo 16

Cuando regresaron a su refugio, la tensión entre Helios y Mirea era casi física. Helios caminaba de un lado a otro en su estudio, analizando los mapas navales que Mirea había conseguido.

—No vas a ir —dijo Mirea finalmente. Estaba apoyada contra la puerta, sus brazos cruzados y su mirada ardiendo.

—Es la única forma de evitar una masacre en las calles —respondió él sin mirarla—. Si Selene bloquea el puerto, Valerius perderá el apoyo de la Guardia Solar en cuarenta y ocho horas.

—Ella te quiere a ti, Helios. No quiere el puerto. Quiere recuperar lo que cree que le pertenece. Quiere humillarte, hacerte firmar un documento que te convierta en su vasallo de facto. ¿No lo ves? Es una trampa de seda.

Helios se detuvo y la miró. Vio la preocupación en el rostro de Mirea, pero también vio los celos y la desconfianza.

—¿Es estrategia, Mirea? ¿O es que no soportas que ella tenga algo que tú no tienes? —preguntó él con una dureza que no pretendía.

Mirea caminó hacia él con pasos rápidos y le cruzó la cara con una bofetada que resonó en toda la habitación. Helios no se movió. El calor de la palma de ella ardía en su mejilla, pero sus ojos dorados permanecían impasibles.

—No me hables de esa manera —susurró ella, su voz temblando de rabia—. Yo te saqué de la mierda de los muelles. Yo puse la información en tus manos. He arriesgado mi vida cada noche mientras tú jugabas a ser el príncipe mártir. Si vas a verla, si te entregas a ella... habrás traicionado todo lo que hemos construido.

Helios la agarró de las muñecas, atrayéndola hacia él con una fuerza que hizo que Mirea soltara un gemido de sorpresa. La empujó contra la mesa, donde los pergaminos se arrugaron bajo su peso.

—Tú eres mi estratega, Mirea. Mi aliada. Mi amante —dijo él, su voz descendiendo a un susurro peligroso—. Pero no eres mi dueña. He rechazado un ejército por no ser un títere. ¿Crees que voy a dejar que tú me digas dónde puedo o no puedo ir?

—Entonces vete —desafió ella, sus ojos humedeciéndose pero sin apartar la mirada—. Vete con tu dama de plata. Pero no esperes que esté aquí cuando regreses con su sello en tu cuello.

La rabia de Helios se transformó en algo más oscuro, una chispa que prendió en la pólvora de su deseo acumulado por el estrés y la traición constante. No era amor, era una necesidad violenta de reclamar la lealtad de la única persona en la que realmente confiaba, aunque fuera a través del dolor y el placer.

La besó con una ferocidad que sabía a sangre, su lengua invadiendo su boca mientras sus manos buscaban el cierre de su vestido esmeralda. Mirea luchó al principio, golpeando su pecho, pero pronto sus dedos se cerraron sobre la túnica de Helios, tirando de él con la misma desesperación.

Él la despojó de la seda, dejando su cuerpo expuesto bajo la luz de las velas. Mirea era una visión de curvas y sombras, su piel brillando con una transpiración fina. Helios no fue gentil. La obligó a girarse, presionando su rostro contra la madera de la mesa, y la tomó por detrás en un acto de posesión absoluta.

Mirea gritó, un sonido que mezclaba la agonía del orgullo herido con el éxtasis de la rendición. Helios se movía dentro de ella con un ritmo implacable, cada estocada era un recordatorio de que él era el sol y ella el planeta que orbitaba a su alrededor. El calor de su magia interna parecía emanar de su piel, quemando a Mirea, quien arqueaba la espalda, buscando más de ese fuego que amenazaba con consumirla.

—Dime que eres mía —gruñó Helios, sus dedos hundiéndose en sus caderas—. Dime que no importa lo que Selene ofrezca, tú eres la que está en mi sangre.

—Soy tuya... maldito seas... —gimió Mirea, sus uñas dejando marcas en la madera de la mesa—. Soy tuya hasta que nos quemen a ambos.

El encuentro fue una tormenta de sensaciones crudas, un contrato emocional sellado con sudor y jadeos. Cuando Helios finalmente se derramó dentro de ella, sintió que una parte de su carga se aliviaba, pero el peso de la corona seguía ahí, esperándolo en la oscuridad.

Se separaron en silencio. Mirea se cubrió con los restos de su vestido, sus ojos ahora calmados pero llenos de una tristeza profunda. Helios se ajustó la túnica y se dirigió a la jarra de agua.

—Iré a ver a Selene —dijo él, sin volverse—. Pero no firmaré nada que nos debilite. Voy a buscar una tercera opción, Mirea. Una que ella no vea venir.

—Selene es una araña, Helios —dijo Mirea, su voz recuperando su tono profesional, aunque su cuerpo aún temblaba—. No puedes entrar en su red y esperar salir sin hilos pegados a la piel.

—Entonces tendré que quemar la red —sentenció Helios.

Salió de la habitación, dejando a Mirea en la penumbra. El encuentro en la Cámara Alta había dejado claro que los antiguos sentimientos no estaban muertos, sino que se habían podrido hasta convertirse en algo mucho más peligroso. Helios caminaba ahora hacia la boca del lobo, sabiendo que en Solis, el amor era solo otra arma y que Selene Serath era una maestra en el arte de usarla.

La encrucijada estaba frente a él: el trono con un precio de traición, o la libertad con un precio de sangre. Y el tiempo se agotaba.

1
Mariela Serrano
Estoy algo perdida, Acaso Selene no estaba casada con Varron, o esto pasó antes de eso?
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