Me llamo Ren, soy un chico de 17 años, y tras un accidente inexplicable desperté en un mundo completamente ajeno al mío. Un lugar regido por reglas que apenas logro comprender, donde lo más importante no es la fuerza ni la inteligencia… sino la reproducción.
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CAPÍTULO 9
Más fuerte.
Más alto.
Hasta que—
—¡Ahora!
Extendí el brazo.
La alcancé.
Mis dedos la rozaron.
Y la tomé.
—Bien…
Sujeté la cuerda con una mano.
Y con la otra…
Comencé a cortarla.
Lento.
Torpe.
Pero constante.
El roce de la piedra contra la fibra era áspero.
El tiempo se estiró.
Minutos.
Hasta que—
—¡…!
La cuerda cedió.
Caí.
—¡Ugh—!
Mi espalda golpeó el suelo.
El aire se me escapó de los pulmones.
Dolor.
Pero…
—No fue la cabeza… bien…
Apenas logré incorporarme—
Algo cayó sobre mí.
—¿Eh?
Una tela.
Pesada.
Me cubrió el rostro.
Me sofocó.
—¡¿Qué es esto?!
Me moví rápido, quitándomelo de encima.
Respirando con dificultad.
Y cuando lo vi—
Me quedé inmóvil.
—…
Un vestido.
No.
Algo más.
Brillaba.
Sutilmente.
Como si atrapara la luz.
Su textura era… extraña.
Lisa.
Demasiado suave.
Casi… viva.
Lo toqué con cuidado.
—¿…Piel?
Mis dedos se deslizaron sobre la superficie.
Fría.
Flexible.
—¿Piel de serpiente…?
Era de un azul profundo.
Elegante.
Hipnótico.
Mis ojos no podían apartarse.
…Es hermoso.
Demasiado.
Sentí un impulso.
Silencioso.
Peligroso.
Lo tomé.
Sin pensar.
Podría… quedármelo.
Pero entonces—
—…
Me detuve.
—Espera…
Lo miré otra vez.
Más detenidamente.
—Es un vestido.
Mi expresión cambió.
Y un recuerdo regresó.
Yokun.
El vestido de piel de tigre.
Mi ceño se frunció.
—Tch…
Por su culpa estoy pensando en usar esto…
no.
A quién engaño.
A mí siempre me gustaron las cosas femeninas...
Aunque nunca las usé.
Apreté la tela con más fuerza de la necesaria.
—…
¿Debería… volver?
Di un paso.
Luego otro.
Dudando.
Pero entonces—
Un pensamiento cruzó mi mente.
Frío.
Preciso.
Las serpientes…
Me detuve en seco.
Los machos usan su piel… para atraer a la hembra.
Bajé la mirada hacia el vestido.
El brillo.
La textura.
La perfección.
…Esto no está aquí por casualidad.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Lento.
Pesado.
Y entonces—
Un crujido.
Seco.
Cercano.
Mi cuerpo se tensó.
No estaba solo.
Voltee mientras llevaba el vestido entre mis brazos.
Entonces—
lo vi.
Un hombre.
Se encontraba a unos metros de distancia, inmóvil, observándome en silencio.
Al principio pensé que era humano… pero bastó un segundo más para notar la diferencia.
No lo era.
La parte inferior de su cuerpo era la de una serpiente. Sus escamas, de un tono azul oscuro, brillaban con una elegancia inquietante.
Después de haber visto a Yokun transformarse, aquello ya no me sorprendía tanto.
Aun así, una idea cruzó mi mente.
Debía ser el dueño del vestido.
Lo observé con más detenimiento.
Su cabello era azul rey, intenso, igual que la prenda que llevaba entre mis manos. Sus ojos, de un rojo profundo, parecían atravesarlo todo. Su mirada intimidaba… pero también resultaba extrañamente atractiva.
Bajé la vista.
Sus escamas eran impecables.
Ordenadas.
Brillantes.
Hermosas.
Sin darme cuenta, me quedé mirándolas más de lo debido.
Cuando volví a alzar la mirada, él ya me estaba observando fijamente.
Sin disimulo.
Sin prisa.
Mi cuerpo se quedó quieto.
Se acercó.
Arrastrándose, en silencio.
Antes de que pudiera reaccionar, levantó la mano y retiró el pañuelo que cubría mi rostro.
El aire pareció volverse más pesado.
—¿Cómo te llamas?
Su voz era baja.
Controlada.
—Mi nombre es Ren…
Sus ojos se entrecerraron levemente, y una ligera sonrisa apareció en sus labios.
Era sutil.
Pero inquietante.
Su mirada descendió hacia el vestido, y luego volvió a mí.
—¿Tienes algún amante?
La pregunta fue directa.
—No… no tengo ninguno.
El silencio que siguió se sintió distinto.
Más cercano.
Más denso.
Él me observó con detenimiento, como si analizara cada detalle.
Yo no podía dejar de mirar sus escamas.
¡ESTÁN HERMOSAS!
De pronto, alzó la mano y tomó mi barbilla con suavidad, obligándome a levantar el rostro.
Nuestros ojos se encontraron.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Mi respiración se volvió irregular.
No supe cómo reaccionar.
No pude apartarme.
Se inclinó lentamente.
Su cercanía me hizo consciente de cada segundo.
Y entonces—
Sus labios rozaron los míos.
Fue un contacto leve.
Breve.
Pero suficiente para que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.
Me quedé inmóvil.
Sorprendido.
Confundido.
Sin saber qué hacer.
¿P-por qué... me provoca esas reacciones...?
El mundo pareció desvanecerse por un instante.
Solo quedó esa sensación.
Extraña.
Nueva.
Inquietante.
Y lo peor de todo…
Era que no me alejé.
......................
—CASA DE YOKUN—
—Bien, iré… —dijo Yokun, dispuesto a marcharse.
Antes de que pudiera dar un paso más, un pequeño lobo apareció corriendo, agitado, casi sin aliento.
—¡Señor! ¡Señor!
Yokun frunció el ceño, confundido.
—¿Qué ocurre?
El niño lo miró con urgencia.
—¡Su hembra! ¡Su hembra está con un reptil!
El ambiente se tensó de inmediato.
—¡¿Qué?! —exclamó Yokun.
—¡¿Qué?! —repitió Yan al mismo tiempo, sorprendido.
El niño señaló en dirección al bosque.
—¡La está hipnotizando cerca del río!
Un silencio breve… pero cargado.
Peligroso.
En el siguiente instante, ambos reaccionaron.
Sus cuerpos cambiaron.
El pelaje cubrió su piel.
Sus formas humanas desaparecieron.
Dos lobos tomaron su lugar.
Yan habló primero, con urgencia.
—Debemos ir a salvarla.
—¡No! —gruñó Yokun de inmediato—. Iré solo. No necesito tu ayuda.
Pero Yan no esperó.
Se lanzó hacia el bosque sin dudar.
Yokun tensó el cuerpo, molesto.
—¡HEY! —rugió antes de salir tras él.
......................
—CERCA DEL RÍO—
—¡REN! —la voz de Yan rompió el aire—. ¡TRATA DE ESCAPAR!
Giré la cabeza.
Era él.
Venía corriendo… junto a otro lobo.
Yokun.
—¡Es un hombre reptil! —rugió—. ¡Aléjate de él!
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Pero no fue solo miedo.
Había algo más.
Algo extraño.
Porque, incluso frente a la advertencia… no sentía ese terror que debería.
El hombre serpiente frunció el ceño.
Su agarre sobre mí se volvió más firme.
Su voz descendió hasta un susurro, directo a mi oído.
—No te dejaré ir.
Mi cuerpo reaccionó sin permiso.
Sentí el calor subir a mi rostro.
Yokun rugió con furia.
—¡Suéltala, bastardo!
En el siguiente instante, él y Yan se lanzaron al ataque.
Rápidos.
Feroces.
Pero el hombre serpiente reaccionó antes.
Su cola se movió con una velocidad brutal.
Un golpe.
Directo al abdomen de Yokun.
Otro.
Contra Yan.
El impacto fue devastador.
Ambos salieron despedidos.
El aire se les escapó de golpe.
Sangre brotó de sus bocas al caer contra el suelo.
Me quedé paralizado.
Todo había ocurrido en un instante.
—…
No… él no estaba atacando primero.
Solo se defendie.
El hombre serpiente no me soltó.
Al contrario.
Me sostuvo con más firmeza, asegurándome contra su cuerpo.
Giré la mirada.
Yokun estaba en el suelo.
Temblando.
Forzando su cuerpo a moverse a pesar del dolor.
Yan, por su parte, logró incorporarse lentamente.
También temblaba.
Sus respiraciones eran pesadas.
Irregulares.
Yokun apretó los dientes.
Su mirada cambió.
—…Lo subestimé —murmuró, apenas audible—. jamás imaginé que estuviera en el nivel 6 o 7 del Reino Bestial.
Su cuerpo se tensó.
¡Tengo que llamar a los demás!
Yan lo miró de reojo, con dificultad.
—Ni siquiera toda la tribu podría con él…
El ambiente se volvió más denso.
Más peligroso.
Y entonces—
Yokun aulló.
Un rugido profundo.
Salvaje.
Que hizo vibrar el aire mismo.
Yan se tensó de inmediato.
Sabía lo que eso significaba.
Estaba pidiendo refuerzos.