Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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Marques
Lucien se inclinó hacia ella, con esa sonrisa confiada que irritaba hasta a Los ángeles.
—Si alguna vez necesita escapar de su severo prometido, mi residencia siempre estará abierta.
Raeliana rió con nerviosismo.
—Eso sería inapropiado…
De pronto, un brazo firme rodeó su cintura desde atrás.
Se sobresaltó.
Noah.
—Raeliana, necesitamos hablar.
Su voz era baja. Peligrosa.
La atrajo apenas hacia su pecho.
Raeliana: Está… muy cerca…
Noah: No me gusta cómo la mira.
Lucien alzó una ceja, divertido. Sus ojos brillaron con comprensión.
—Oh…
Sonrió despacio.
—Ahora lo entiendo.
Noah lo fulminó con la mirada.
—¿Qué cosa?
—Nada… por ahora.
Se inclinó hacia Raeliana una última vez.
—Ha sido un placer, milady.
Besó su mano de nuevo, más lento… deliberado.
La mandíbula de Noah se tensó.
Noah: Si no se va en cinco segundos…
Lucien suspiró con exageración, como si realmente acabara de recordar algo importante.
—En fin… parece que sí tengo cosas que hacer.
Sonrió con esa elegancia despreocupada que lo caracterizaba.
—Debo retirarme. Adiós, duque… adiós, milady.
Tomó la mano de Raeliana una última vez y la besó con una reverencia impecable, aunque con un brillo travieso en los ojos.
Luego se marchó como si nada… dejando tras de sí una tensión palpable.
Cuando Noah la condujo lejos, su mano seguía firme en su cintura, guiándola sin darle opción a protestar.
Solo cuando estuvieron fuera del alcance de miradas ajenas, habló.
—Es fastidioso.
Su tono era bajo, cargado de irritación contenida.
Raeliana lo miró, sorprendida.
—¿El marqués?
Noah soltó una breve exhalación, casi un suspiro molesto.
—Demasiado entrometido… y descarado.
Su agarre no se aflojó.
Al contrario.
—Prefiero mantenerlo lejos de usted.
El corazón de Raeliana volvió a acelerarse sin permiso.
FLASH.
—…Le pedí que se quedara.
Un susurro débil, casi tembloroso.
Manos cálidas acomodando las sábanas.
La tela suave de un camisón deslizándose sobre su piel.
Un cuidado sorprendentemente delicado… para alguien como él.
Raeliana se detuvo en seco.
…No fue un sueño.
El calor le subió al rostro de golpe, encendiéndole las mejillas hasta las orejas.
Me… me puso un camisón…
Y yo… le pedí que no se fuera…
Noah frunció el ceño al verla paralizarse de repente.
—¿Qué ocurre?
—N-Nada.
No lo miró. Ni por error.
Sus dedos se retorcieron contra la tela de su vestido.
Qué vergüenza…
¿Por qué le pedí que se quedara…?
El silencio se volvió incómodo.
Pesado.
El silencio pesaba.
Noah la estudió, intentando descifrar lo que pasaba.
—Si se siente mal, debe decirlo.
Su voz era tranquila… pero demasiado atenta.
Raeliana negó rápido.
—No, estoy bien.
Mentira.
Su corazón latía como si quisiera escapar.
No puedo mirarlo…
No después de eso…
Ok, compórtate normal. Como si no hubieras pasado la peor vergüenza de tu vida.
Raeliana—Sí, ya me siento mejor. Gracias por… quedarse conmigo anoche.
Dios mío, ¿por qué lo dije así?
O sea, por cuidarme. Eso.
Perfecto. Más incómodo imposible.
—¿Yo dije algo raro mientras tenía fiebre?
Por favor dime que no te abracé. Por favor dime que no te supliqué que no te fueras.
Noah—Ah… ya veo.
Eso significa que sí. Genial. Quiero desaparecer.
Raeliana—No, de verdad estoy bien. No hace falta que me acompañe a todas partes.
Si sigues tan cerca, me va a dar otra fiebre, pero de nervios.
Noah la acompaño hasta su habitación
—Duque, puede soltar mi cintura…
Noah si me distraje .
La soltó y cerró la puerta .
que duerma bien Raeliana
Más tarde, en privado, Lucien se acercó a Noah con una sonrisa ladeada.
—Si no la quieres… yo sí podría hacerlo.
Silencio absoluto.
Noah lo miró sin emoción.
—Ni lo intente.
Su voz descendió, helada.
Letal.
—Es mía.
Lucien sonrió, satisfecho.
—Ahora sí te reconozco.