"Julián me destruyó, pero Alexander me reconstruyó para ser su arma... y su obsesión."
Micaela era una sombra, una mujer invisible que amó al hombre equivocado. Julián Ferrante no solo la abandonó embarazada en un callejón; se aseguró de que el mundo la olvidara. Pero mientras ella daba a luz en el fango, unos ojos grises la observaban desde la oscuridad.
Alexander Rossi, el implacable CEO de Industrias Rossi, no la encontró por milagro. La eligió. La rescató con un contrato de sangre y oro: su vida y la de su hijo a cambio de su libertad. Ahora, Micaela ha regresado. Ya no pide clemencia, exige deudas. Pero tras la máscara de la esposa perfecta del CEO, Micaela descubre que su salvador es un carcelero mucho más peligroso.
En esta guerra de imperios, Micaela aprenderá que el precio de su venganza es pertenecer en cuerpo y alma al hombre que planeó su ascenso mucho antes de que ella cayera.
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Calumnias en la Oscuridad
Micaela sentía que el teléfono le quemaba la mano. "Él ordenó que Julián te echara". La duda era un veneno que recorría su sangre mientras observaba a Alexander desde la puerta del despacho. Él estaba concentrado, con la mandíbula tensa, moviendo influencias para protegerla de la policía.
¿Podía ese hombre, que la miraba como si fuera su tesoro más preciado, haber orquestado su miseria?
—¿Qué tienes, Micaela? —preguntó Alexander sin levantar la vista, pero sintiendo su presencia—. Estás demasiado silenciosa.
Micaela entró y dejó el teléfono sobre el escritorio. Su voz tembló ligeramente. —Recibí esto. Dice que tú llamaste a Julián el día que me despidieron. Dice que tú querías que yo terminara en la calle.
Alexander dejó la pluma y se levantó con una lentitud que helaba la sangre. Rodeó el escritorio y se acercó a ella. No había culpa en sus ojos grises, solo una furia fría dirigida hacia el remitente de ese mensaje.
—Micaela, mírame —ordenó él, tomándole el rostro con sus manos grandes y firmes—. Jamás llamé a Ferrante para hacerte daño. Si yo hubiera querido sacarte de ese restaurante, lo habría comprado y lo habría cerrado en cinco minutos. No necesito negociar con basuras como Julián.
—¿Entonces por qué alguien diría esto? —susurró ella, queriendo creerle con toda su alma.
—Porque alguien sabe que eres mi única debilidad —respondió Alexander, su voz volviéndose ronca—. Alguien quiere que desconfíes del hombre que mataría por ti. Ese mensaje es una calumnia, una mentira fabricada para separarnos ahora que somos invencibles.
Alexander tomó el teléfono y analizó el número. —Este mensaje fue enviado desde un servidor encriptado. Alguien se tomó muchas molestias para plantar esta semilla de duda. Pero cometieron un error: subestimaron cuánto te amo.
En ese momento, Luciano entró al despacho con un informe técnico. —Señor, hemos rastreado el origen del mensaje. No viene de ninguno de nuestros empleados. La señal fue rebotada desde la mansión de la viuda de Ferrante. Sofía.
Micaela sintió un alivio inmenso. No había sido Alexander. Su esposo era inocente. La rabia reemplazó al miedo. Sofía Ferrante no solo le había robado años de vida al estar con Julián, sino que ahora intentaba destruir su hogar con mentiras.
—Ella quiere vernos caer, Alexander —dijo Micaela, sus ojos brillando con una luz letal—. Intentó ponerme en tu contra para que yo te entregara a la policía.
Alexander la atrajo hacia su pecho, abrazándola con una posesión absoluta. —Sofía Ferrante no sabe con quién se ha metido. Ella cree que puede jugar con los Rossi, pero va a descubrir que el precio de mentir sobre mí es quedarse sin nada.
—No quiero que solo se quede sin nada —intervino Micaela, separándose un poco para mirarlo—. Mañana es la gran gala de fusión. Ella espera que yo llegue allí odiándote. Quiero que nos vea más unidos que nunca. Quiero que vea cómo le quito lo último que le queda de su apellido frente a toda la élite.
Alexander sonrió con orgullo. Su "Propiedad" se había convertido en una leona lista para defender su territorio. —Como desees, mi reina. Mañana, mientras anunciamos tu embarazo, mis abogados presentarán la demanda por difamación que hundirá a Sofía en la cárcel.
Esa noche, el vínculo entre ellos se hizo más fuerte. Micaela entendió que, en un mundo de mentiras, Alexander era su única verdad. Se entregó a él con una devoción total, sellando su lealtad antes de la batalla final contra los restos del pasado de los Ferrante.