Todo gira entorno a ;__"Ariana White: y su primer amor.
Amor a primera vista , algo que cambiara su vida de golpe y le demostrará que la madurez no está en los años que tienes, si no en como afrontas los problemas que se te presentan, tendrá la ayuda de su mejor amiga y cuñada, como ella la llama desde el inicio.
Acompañenme en esta nueva historia, espero que les guste
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El regalo es la verdad
El salón de mármol de la Torre White resplandecía bajo miles de cristales tallados, pero para Liam Thompson, el lugar estaba en penumbras. Solo había un punto de luz, una única figura que parecía absorber toda la atención de la estancia.
__Ariana.
Habían pasado exactamente setecientos treinta días desde la última vez que estuvieron a solas en aquella oficina al amanecer. Dos años en los que Liam se había obligado a ser un fantasma, a viajar por tres continentes y a enterrarse en códigos legales para no caer en la tentación de buscarla antes de tiempo. Pero el tiempo de espera se había agotado.
Desde el otro lado del salón, vio a Julián Vance intentando abrirse paso entre un grupo de accionistas para llegar a ella, y a Saulo, apostado como un centinela silencioso a pocos metros de la joven. Sin embargo, Liam no iba a permitir que nadie más ocupara ese espacio hoy. Con una determinación que solo dan los años de anhelo contenido, caminó a través de la multitud. Los rostros de los socios y conocidos se desdibujaban a su paso; su objetivo era único.
Ariana estaba de espaldas, conversando con un diplomático, cuando Liam se detuvo a un par de pasos. El vestido de seda color medianoche se ajustaba a su figura con una elegancia que gritaba madurez. Ya no era la niña que jugaba a ser CEO; era la mujer que gobernaba un imperio.
—Dos años es mucho tiempo para un silencio, Señorita White.
Ariana se tensó ligeramente. Conocía esa voz.
Era una vibración que había quedado grabada en su memoria, a pesar de sus intentos por enterrarla bajo montañas de trabajo. Se giró lentamente, y sus ojos azules se encontraron con los esmeralda de Liam.
El aliento se le escapó a ambos.
Liam ya no era el joven abogado confundido. Su rostro estaba más marcado, su mirada era más profunda y su porte exudaba la seguridad de un hombre que sabe exactamente lo que quiere. Por su parte, Ariana lo miró con una mezcla de sorpresa y esa altivez que ahora era parte de su ADN.
—Joven Thompson —respondió ella, y aunque su voz era firme, Liam notó un ligero temblor en sus dedos—. Pensé que las licitaciones en Londres lo mantendrían ocupado hasta el próximo siglo.
—Nada en Londres es tan importante como lo que está ocurriendo aquí esta noche —dijo él, acortando la distancia de seguridad. Ignoró deliberadamente la mirada de advertencia que Saulo le lanzaba desde la distancia y la sombra de Julián que intentaba acercarse. En ese radio de un metro, solo existían ellos dos—. Cumpliste dieciocho, Ariana.
—Hace una semana —corrigió ella, arqueando una ceja—. ¿Vino a darme un regalo tardío?
—Vine a cobrar una promesa —susurró Liam, bajando el tono para que solo ella pudiera escucharlo—. Dijiste que el tiempo decidiría si lo que sentía era real. Han pasado dos años, miles de kilómetros de distancia y no ha habido una sola noche en la que no te recordará.
Ariana sintió que el suelo temblaba. La frialdad profesional que había construido como una armadura empezaba a agrietarse. La presencia de Liam era abrumadora; el "príncipe" había vuelto, pero ya no era un personaje de cuento, sino una realidad palpable y peligrosa.
—Usted pidió distancia, Liam —le recordó ella, llamándolo por su nombre por primera vez, lo que hizo que el corazón de él diera un vuelco—. Y yo aprendí a caminar sola. Soy la Reina de este lugar ahora. No necesito a nadie que me cuide.
—No vengo a cuidarte, Ariana —dijo él, extendiendo una mano hacia ella mientras la orquesta comenzaba un vals lento—. Vengo a ver si la Reina tiene espacio en su corte para el hombre que no pudo olvidarla. ¿Me concede esta pieza?
Fue un desafío público. Julián Vance se detuvo en seco a pocos metros, viendo la escena con la mandíbula tensa. Saulo dio un paso al frente, pero la mirada de Ariana lo detuvo en seco. Ella miró la mano de Liam —firme, masculina, invitante— y luego sus ojos.
Había pasado dos años siendo la jefa, la hija perfecta, la investigadora implacable. Pero en ese momento, bajo la mirada de Liam Thompson, recordó a la niña que se enamoró por primera vez y a la mujer que ahora tenía el poder de decidir.
Ariana puso su mano sobre la de él.
—Solo una pieza, Thompson. No se haga ilusiones.
Liam sonrió, una sonrisa lenta y triunfante que no llegaba a ser arrogante, sino llena de una promesa antigua. La atrajo hacia sí, su mano descansando firmemente en su cintura, y la llevó a la pista de baile. El contacto físico fue como una descarga eléctrica que recorrió a ambos.
Mientras giraban bajo las luces de la gala, el resto del mundo desapareció. Ni Julián, ni Saulo, ni las deudas del pasado importaban. Solo importaba el hecho de que el tiempo de espera había terminado, y Liam no planeaba dejarla ir de nuevo.
El vals entre Liam y Ariana era perfecto, un reencuentro de almas que el tiempo no pudo enfriar. Sin embargo, en un rincón sombrío del salón, Julián Vance apretaba su teléfono con furia. Al ver la química innegable entre el abogado y la princesa de los White, su ego no pudo soportarlo. Marcó un número que no debería haber marcado esa noche.
—Está aquí, Serena —susurró Julián—. Y si no vienes ahora, la habrás perdido para siempre.
La música de la orquesta se filtraba suavemente a través de las pesadas cortinas de seda. Ariana y Liam habían escapado del bullicio del salón principal, buscando el aire fresco de la noche en el balcón privado que rodeaba el piso superior de la Torre White. La ciudad de Nueva York se extendía a sus pies como un tapiz de luces, pero para Liam, la única vista que importaba era la mujer que tenía frente a él.
—El baile terminó, Liam —dijo Ariana, apoyando sus manos sobre la barandilla de mármol. El viento jugaba con su vestido azul medianoche—. Y sigo esperando ese "regalo tardío" o la explicación que justifica que me mires como si el mundo fuera a acabarse mañana.
Liam se acercó, deteniéndose justo a su lado. La luz de la luna resaltaba la madurez en el rostro de Ariana, pero también la sombra de esa duda que nació hace dos años.
—El regalo es la verdad, Ariana —respondió él, su voz grave y cargada de una convicción que no admitía réplicas—. Sé que esa mañana, cuando llegue a casa , viste una marca en mi cuello. Sé que eso fue lo que destruyó la imagen que tenías de mí.
Ariana guardó silencio, apretando los dedos contra el mármol. El recuerdo de esa marca roja todavía le provocaba una punzada de dolor e indignación.
—No tienes que explicar tus noches de pasión, Liam. Eras un adulto libre.
—¡Es que no hubo ninguna noche de pasión! —exclamó él, obligándola a girarse para mirarlo—. Estaba borracho, sí. Fui un estúpido por dejar que Serena me llevara a su casa, pero jamás le puse un dedo encima. Me engañó, Ariana. Aprovechó que estaba inconsciente para dejar esa marca en mí, sabiendo que con la molestia ni siquiera la notaría. Fue un montaje que ella armó para hacerme sentir responsable por ella, por mi propia culpa y falta de memoria, permití que te decepcionaras de mí, no soy esa clase de persona.
Ariana abrió los ojos con sorpresa. Antes de que pudiera responder, el sonido de unos tacones resonó con fuerza contra el suelo de piedra del balcón.
—Qué escena tan conmovedora —dijo una voz cargada de veneno.
Serena apareció desde las sombras, con el teléfono aún en la mano. Julián la había llamado minutos antes, y ella no había dudado en irrumpir. Su rostro, aunque perfectamente maquillado, mostraba una mezcla de desesperación y furia.
—Liam, querido, no le mientas a la niña. Los dos sabemos lo que pasó esa noche —dijo Serena, intentando recuperar su terreno.
Liam se interpuso entre Ariana y Serena, su figura proyectando una sombra imponente.
—Se acabó, Serena —dijo Liam, y su tono hizo que ella se tensara visiblemente—. Me engañaste, y me tomó tiempo entender la clase de persona que eres. Pero lo sé todo ahora.
Jamás te puse un dedo encima, y ese engaño es algo que no te perdonaré jamás. Prometí ser bueno contigo por el respeto que le tenía a tu abuela, por eso no te deseché de mi vida antes, pero mi paciencia tiene un límite.
Serena intentó hablar, pero Liam la cortó con una frialdad cortante.
—Mejor mantente alejada de mí y de Ariana. Sé que lo sabes desde hace mucho tiempo; sabes perfectamente lo que siento por ella. Y también sabes que ni siquiera por ti sentí algo así en toda nuestra "historia". Lo que siento por Ariana es real, Serena, algo que tú nunca podrías entender ni mucho menos inspirar.
Las palabras de Liam fueron como bofetadas físicas para Serena. Su obsesión se reflejó en sus ojos, que se llenaron de lágrimas de rabia.
—¡Ella es una mocosa! —gritó Serena, perdiendo la compostura—. ¡Yo estuve ahí primero!
—No, Serena. Tú nunca estuviste —sentenció Liam—. Solo estabas en mi camino. Es tiempo de que sueltes esa obsesión que no te servirá de nada conmigo. Si vuelves a acercarte a mí o Ariana, usaré cada recurso legal y personal que tengo para hundirte. ¿Fui claro?
Serena miró a Ariana, esperando ver triunfo en sus ojos, pero solo encontró una calma gélida.
Derrotada y humillada, Serena dio media vuelta y desapareció por donde vino, dejando tras de sí un silencio pesado.
Liam suspiró, dejando caer los hombros, y se giró hacia Ariana. El aire parecía haber recuperado su pureza.
—Siento que hayas tenido que escuchar eso aquí —murmuró él—. Pero necesitaba que lo supieras.
No hay nadie más, Ariana. Nunca la hubo de esa manera.
Ariana lo miró largamente. La duda que había cargado durante dos años se desvaneció, reemplazada por una claridad nueva y abrumadora.
—Dos años de distancia, Liam —dijo ella, su voz suave—. Fuiste un tonto por dejar que ella jugara contigo de esa forma.
—Lo fui —admitió él, dando un paso hacia ella, acortando el espacio hasta que sus respiraciones se mezclaron—. Pero ahora soy un hombre que sabe lo que quiere. Y lo que quiero es recuperar cada segundo que perdimos.