Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Trabajo 2
A pesar del ritmo de trabajo, no se aisló completamente.
Porque, casi sin darse cuenta… había creado pequeños espacios en su vida.
Una vez por semana, al menos, volvía a la mansión.
Y ahí estaban.
Celeste y Helena.
Esperándola exactamente como habían prometido.
Con té.
Con dulces.
Y, sobre todo… con historias.
—¡No sabes lo que pasó!
—¡Tienes que escucharlo!
La recibían siempre con la misma energía, como si el tiempo no hubiera pasado.
Y Regina… se permitía ese momento.
No era como la academia.
No era una conexión forzada.
Era simple.
Y, aunque no lo dijera en voz alta… le hacía bien.
También estaban las cartas.
Breves.
Puntuales.
Con su padre.
No eran largas conversaciones escritas.
No hablaban de emociones profundas.
Pero había algo claro en ellas..
Ambos estaban bien.
Lord Sallow escribía sobre asuntos generales, a veces preguntando por su trabajo, otras simplemente informando de la situación en casa.
Regina respondía igual.
Sin adornos.
Sin rodeos.
Pero constante.
Y en esa constancia… había algo nuevo.
Una relación que, aunque no perfecta, era estable.
Real.
Así, sin grandes anuncios ni momentos dramáticos…
La vida de Regina avanzó.
De una joven que buscaba no depender de nadie… a una mujer que, efectivamente, no lo hacía.
Había construido algo propio.
Un lugar.
Un nombre.
Una dirección.
Y mientras los días seguían acumulándose en trabajo, aprendizaje y pequeñas conexiones que no había buscado… Regina entendió algo importante..
No todo en la vida tenía que ser intenso para ser valioso.
A veces…
La verdadera fortaleza estaba en lo constante.
En lo que se construye día a día.
Y en eso… ella se estaba volviendo imparable.
Asi fueron pasando las semanas, y como todo en la vida de Regina desde que había decidido elegirse a sí misma… comenzó a crecer y a sentirse mas liberada.. porque el progreso profesional no inmediato pero su crecimiento fue.. Constante.
Una tarde, mientras revisaban unos informes en conjunto, uno de los trabajadores más antiguos.. un hombre que rara vez daba su opinión si no era necesario.. habló.
—La señorita Sallow no solo entiende los documentos… —dijo, sin mirarla directamente—. Sabe explicarlos.
Hubo un pequeño silencio.
Otro asintió.
—Cuando explica… se entiende mejor.
Una mujer mayor, que llevaba años en la oficina, añadió..
—Y no se pierde en tecnicismos. Va al punto.
Regina, que estaba ordenando unos papeles, levantó apenas la vista.
No esperaba eso.
No porque dudara de su trabajo… sino porque ese tipo de reconocimiento no era común.
Mucho menos… dicho en voz alta.
El comentario no quedó ahí.
Poco a poco, otros se sumaron.
—Sería útil en negociaciones.
—O en reuniones externas.
—Podría representar mejor algunos informes que nosotros.
No era exageración.
Era evaluación real.
Y todo eso… llegó hasta el duque.
Cuando la llamaron a su oficina, Regina entró con la misma calma de siempre.
Pero esta vez, había algo distinto en el ambiente.
El duque Declan no estaba revisando documentos.
La estaba esperando.
—He recibido comentarios sobre usted —dijo directamente.
Regina no habló.
Esperó.
—No solo trabaja bien… Explica mejor.
Sus ojos se fijaron en ella.
—Eso no es común.
Regina sostuvo la mirada.
—Gracias, su excelencia.
El duque asintió levemente.
—A partir de ahora… participará en asuntos comerciales externos.
Una pequeña pausa.
—Representará al ducado en ciertas instancias.
El silencio que siguió fue breve… pero significativo.
Porque Regina no lo esperaba.
No tan pronto.
No así.
Pero no dudó.
—Entiendo.
Y lo hacía.
No era solo un ascenso.
Era responsabilidad.
Exposición.
Confianza.
—No es una promoción.. Es una prueba distinta.. pero, confio que si trabaja como lo ha hecho no tendrá problemas..
Regina asintió.
—Gracias excelencia..
Y en su voz no había miedo.
Había preparación.
El duque la observó un segundo más.
Y entonces… dio por terminada la conversación.
Porque no necesitaba más.
Cuando salió de la oficina, el ambiente se sintió diferente.
No porque los demás cambiaran de inmediato.
Sino porque ella sabía… que algo había cambiado.
Una de las mujeres mayores.. la misma que había hablado antes.. se acercó mientras ordenaba unos documentos.
La miró de arriba abajo, con una expresión que mezclaba evaluación y cierta calidez.
—Te irá bien.
Regina inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias.
La mujer sonrió apenas.
—No solo eres hermosa.
Regina se tensó un poco… no por incomodidad, sino por sorpresa.
—Eres inteligente.. Y eso… en este tipo de trabajo, pesa más.. asi que no dudes de ti misma Lady Sallow, porque para nosotras las mujeres que trabajamos todo cuesta mas..
Una pausa.
—Asi que todos tus talentos úsalos bien..
Y se marchó.
Regina se quedó quieta un segundo.
No era un halago vacío.
Era un consejo.
Y lo entendió.
Los días siguientes marcaron el inicio de algo nuevo.
Reuniones fuera de la oficina.
Conversaciones con comerciantes.
Negociaciones donde cada palabra importaba.
Al principio, Regina observó.
Como siempre.
Midió el ambiente.
Escuchó antes de hablar.
Y cuando habló…
Lo hizo con claridad.
Sin adornos innecesarios.
Sin intentar impresionar.
Solo… siendo precisa.
Y eso funcionó.
Poco a poco, su presencia dejó de ser cuestionada.
Ya no era “la joven enviada por el duque”.
Era alguien que sabía de lo que hablaba.
Alguien que entendía los números… y podía traducirlos en decisiones.
Alguien que no se dejaba intimidar.
Ni impresionar.
Y así, sin anuncios formales, sin títulos rimbombantes…
Regina Sallow se convirtió en una de las representantes comerciales del ducado.
Una posición que no se le dio.
Se la ganó.
Y mientras avanzaba por ese nuevo camino, enfrentando desafíos distintos, conversaciones más complejas… Regina sintió algo que no había sentido en sus otras vidas..
Seguridad.
No en otros.
No en promesas.
Sino en sí misma.
Porque ahora sabía quién era.
Y lo que podía hacer.
Y eso… nadie podría quitárselo.