Scarlet siempre ha vivido al límite: cuchillos afilados, fuego constante y una cocina donde el control lo es todo. Lo último que necesita es Alaska, el frío eterno… y un hombre que parece decidido a desordenar su vida.
Luke solo quiere paz. Silencio. Distancia de todo aquello que alguna vez lo rompió. Pero cuando Scarlet llega a la montaña, su mundo se sacude de una forma que su lobo no sabe explicar. La reconoce por su aroma a cerezas, la desea con una intensidad peligrosa… y aun así, no la acepta como su mate.
Entre discusiones, roces inevitables y una tensión que arde incluso bajo la nieve, ambos luchan contra un vínculo que se resiste a ser nombrado. Porque a veces el destino no llega con claridad, y el amor verdadero aparece cuando menos estás dispuesto a reconocerlo.
En Alaska, donde el invierno observa en silencio, negar al mate puede ser el error más grande de todos.
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Capitulo 7: Cercanos
Entramos a la casa los tres juntos, aún con el eco de la conversación flotando en el aire. Emma va delante, Damian a su lado, y yo cierro la marcha, observándolo todo con más atención de la que quisiera admitir.
El problema aparece apenas Emma abre una de las puertas del pasillo y se queda quieta.
—Mierda… —murmura en voz baja.
—¿Qué pasa? —pregunto.
Emma se gira hacia mí, con esa cara de “acabo de darme cuenta de algo muy obvio demasiado tarde”.
—La casa no está preparada para recibir tanta gente. Solo hay dos habitaciones de invitados.
Damian inclina la cabeza, curioso.
—¿Y?
—Y ya están ocupadas —responde Emma—. Mis papás están en una… y Clara en la otra.
Ah. Claro. Clara. La hermana mayor de Emma. La misma que siempre ha sido extremadamente celosa con su espacio personal, su cama, su almohada y probablemente hasta con el aire que respira.
Levanto las manos antes de que Emma siga rompiéndose la cabeza.
—Tranquila, puedo dormir en el sillón. No pasa nada. Ya conozco a Clara y su amor eterno por la privacidad.
Emma abre la boca para protestar, pero en ese momento una voz conocida se cuela desde la entrada.
—¿Hay algún problema?
Aria aparece en el marco de la puerta, con esa calma suya que parece no alterarse nunca. Sus ojos pasan de Emma a mí en cuestión de segundos.
—Scarlett no tiene dónde dormir —explica Emma—. No pensé en eso cuando…
—Puedo dormir en el sillón —repito, encogiéndome de hombros—. De verdad, no es un problema.
Aria me observa un segundo más, como si evaluara algo que yo no puedo ver. Luego sonríe levemente.
—Puedes dormir en mi casa.
Parpadeo.
—¿En tu casa?
—Sí —dice, como si fuera la solución más lógica del mundo—. Eres bienvenida
Emma frunce el ceño.
—¿Estás segura, Aria? No quiero causar molestias.
—No lo es —responde ella sin dudar—. Además, queda cerca.
Damian sonríe, claramente divertido con la situación.
—La casa de Aria es genial —añade—. Mucho mejor que un sillón.
Me quedo unos segundos en silencio, procesándolo. Dormir en casa de alguien que apenas conozco, en una reserva llena de… hombres lobo. Genial, Scarlett, decisiones excelentes.
Mientras termino de cerrar mi bolso, Damian se me acerca con esa sonrisa descarada que ya empieza a resultarme peligrosa.
—O también puedes dormir conmigo —dice, encogiéndose de hombros—. No tengo ningún problema con eso.
Lo miro, sorprendida… y divertida. No puedo evitar sonreír.
—No, gracias —respondo negando con la cabeza—. Pero aprecio la oferta, don confianza.
No alcanzo a decir más cuando Emma reacciona.
—¡Damian! —le suelta un golpe suave pero bien puesto en la cabeza—. Compórtate. Tienes que respetar a Scarlett, ella es tu tía.
Damian se lleva una mano a la cabeza, exagerando el gesto de dolor.
—Auch… —luego sonríe, insolente—. Técnicamente no tenemos ningún parentesco sanguíneo.
Emma lo fulmina con la mirada.
—Eso no importa.
Él se ríe, completamente imperturbable, y antes de que Emma pueda decirle algo más, se inclina y le deja un beso rápido en la mejilla.
—Buenas noches, mamá —dice, ya dándose la vuelta—. Sean buenas.
Se aleja tranquilamente, como si no acabara de provocar un pequeño caos.
Yo suelto una carcajada sin poder evitarlo.
—Tienes las manos llenas con ese chico.
Emma suspira, negando con la cabeza, aunque una sonrisa se le escapa.
—No sabes cuánto.
Aria nos observa desde la puerta, claramente divertida.
—¿Lista, Scarlett?
Asiento, aún sonriendo, sin saber que esa noche —definitivamente— no iba a ser tan tranquila como esperaba.
—Gracias, Aria. En serio.
—No hay de qué —responde—. Ven, te acompaño.
Mientras recojo mis cosas, no puedo evitar pensar que este viaje ya se está desviando demasiado de lo que imaginé.
Aria camina unos pasos delante de mí, con las llaves tintineando suavemente entre sus dedos. El trayecto es corto, pero suficiente para que el silencio empiece a pesarme más de lo que debería.
Nos detenemos frente a la casa.
La reconozco al instante.
La misma casa moderna que vi antes. La que me había llamado sin explicación alguna. La que, sin saber por qué, me había hecho sentir… atraída.
—espera…está no es la casa de tu tío?
—Si es aquí —dice Aria con naturalidad
—pensé que iríamos a tu casa
—En realidad mi casa aun no está terminada, faltan unos pocos detalles, y aún tengo mucho que ordenar. Aún vivo con el tío Luke pero en cuanto pueda me mudo
Luke.
Trago saliva con fuerza frente a la puerta de entrada, intentando ignorar ese nudo extraño que se forma en mi garganta. Es ridículo. No lo conozco. No debería afectarme un simple nombre ni una casa que no es mía.
—Pasa —me invita Aria, abriendo la puerta.
Dudo solo un segundo antes de cruzar el umbral.
Y entonces… me enamoro.
El interior es aún más impresionante de lo que imaginé. Espacios amplios, líneas limpias, madera oscura combinada con tonos claros que hacen el lugar cálido a pesar del exterior helado. Grandes ventanales dejan entrar la luz grisácea del cielo de Alaska, reflejándose en cada superficie como si la casa respirara calma.
Huele a bosque. A leña. A algo profundo y masculino que no logro identificar, pero que me eriza la piel.
Mis dedos rozan distraídamente una de las paredes mientras avanzo, como si necesitara asegurarme de que todo es real.
—Es… hermosa —susurro sin darme cuenta.
Aria sonríe.
—Al tio Luke le gustan los lugares simples, pero sólidos.
Si esto era solo una casa… no quiero imaginar qué pasará cuando conozca al hombre que la habita.
Aria deja mi bolso cerca de la escalera y se apoya en la baranda, pensativa.
—Casi nunca recibimos visitas —dice—, así que no tenemos cuarto de invitados como tal.
Levanto la vista, aún observando cada detalle de la casa.
—No te preocupes, puedo arreglármelas donde sea.
Aria niega con la cabeza.
—Dormirás en el cuarto del tío Luke.
Lo que sigue es inmediato.
—¿Qué? —me giro hacia ella, alarmada—. No, no, no… eso no puedo hacerlo. No voy a usar el cuarto de alguien más sin su permiso.
La sola idea me pone nerviosa. Demasiado nerviosa. Siento calor en las mejillas y ese cosquilleo extraño vuelve a recorrerme la piel.
Aria me mira como si acabara de decirle que el cielo es verde.
—Está bien, Scarlett. No es ningún problema.
—Claro que lo es —insisto—. Es su espacio, sus cosas. Yo no…
—Mi tío no se va a molestar —me interrumpe con calma—. Además, no estará aquí en unos días.
Dudo, apretando las correas de mi bolso.
—Aun así…
Aria sonríe, divertida, como si supiera algo que yo no.
—Después de todo, serás la madrina de la boda. Y en algún momento tendrás que acercarte a Luke.
Cercana.
La palabra me golpea más fuerte de lo esperado.
—¿Cercana? —repito, con una risa nerviosa que no logro controlar.
—Sí —afirma—. Lo quieras o no, será parte de tu círculo. De la familia.
Familia.
Trago saliva otra vez y miro hacia el pasillo que Aria señala. No sé por qué, pero la sola idea de entrar en ese cuarto me provoca una mezcla absurda de calor… y curiosidad.
—Solo será por unas cuantas noches —añade—. Prometo que no pasara nada.
Respiro hondo.
—Está bien…
Que paso con los otros capítulos /Cry/