Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.
NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 8: DEMASIADO CERCA
No me gustaba que alguien entendiera demasiado.
Porque el miedo es fácil de manejar, se rompe, se controla, se usa, pero alguien que observa, que analiza, que conecta cosas sin necesidad de que se las expliquen… ese tipo de persona no reacciona, ese tipo de persona decide.
Y Adrián estaba empezando a decidir.
Lo noté desde el momento en que volví a entrar a la escuela al día siguiente, porque no hizo lo mismo que los demás, no evitó mirarme, no fingió normalidad, no actuó como si lo que estaba pasando fuera un simple cambio de actitud.
Él ya había cruzado esa parte.
Estaba en otra.
Y eso lo hacía peligroso.
Caminé por el pasillo sin detenerme, ignorando los murmullos que todavía seguían, ahora más bajos, más cuidadosos, como si incluso hablar de mí pudiera traer consecuencias, como si mi presencia ya fuera suficiente para alterar el ambiente.
Bien.
Así debía ser.
Pero no todo estaba bajo control.
Porque cuando giré en el siguiente pasillo…
ahí estaba él.
Apoyado contra la pared, con esa misma postura relajada, como si el tiempo no tuviera el mismo peso para él, como si no estuviera esperando por casualidad, como si todo estuviera calculado.
Y lo estaba.
No me detuve de inmediato.
Seguí caminando.
Pero cuando estuve a su altura…
habló.
—No deberías hacerlo tan evidente.
Me detuve.
Lentamente.
Sin girarme todavía.
—¿Hacer qué? —pregunté.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—Lo que estás haciendo —respondió—. No es discreto.
Me giré.
Y lo miré.
Directo.
Sin suavizar nada.
—No estoy intentando ser discreta.
Adrián sonrió apenas.
No como burla.
Como si esa respuesta confirmara algo que ya sabía.
—Eso lo hace más interesante —dijo.
Silencio.
Lo observé unos segundos, midiendo cada palabra, cada gesto, cada pausa, porque él no hablaba por hablar, cada cosa que decía tenía intención, tenía peso, tenía dirección.
—¿Qué quieres? —pregunté finalmente.
Adrián se separó de la pared.
Un paso.
Luego otro.
Acortando la distancia.
Demasiado.
—Entender —respondió.
Error.
Porque no iba a darle eso.
—Entonces observa —dije con calma—. Es lo único que sabes hacer.
Esa vez sí sonrió un poco más.
—Ya lo estoy haciendo —añadió—. Por eso estoy aquí.
Silencio.
Corto.
Tenso.
No retrocedí.
Pero tampoco me moví.
Porque esto ya no era como con los otros.
Esto no era miedo.
Era algo más.
—Sabes que no encaja —continuó—. La forma en que hablas, en que miras, en que reaccionas… no es ella.
La frase cayó directa.
Sin rodeos.
Sin disfraz.
Cualquiera más habría dudado.
Habría reaccionado.
Habría cometido un error.
Yo no.
—La gente cambia —repetí.
Adrián negó levemente.
—No así.
Silencio.
Se acercó un poco más.
Lo suficiente para invadir el espacio.
Lo suficiente para probar algo.
—Entonces dime —murmuró—… ¿qué eres ahora?
Esa pregunta…
no era casual.
Era una trampa.
Y lo sabía.
Pero no retrocedí.
No aparté la mirada.
No dudé.
—Algo que no puedes controlar —respondí.
Silencio.
Adrián me sostuvo la mirada unos segundos más.
Y luego…asintió levemente.
Como si eso fuera suficiente.
Como si no necesitara más.
Eso fue lo más peligroso.
—No vine a detenerte —dijo finalmente.
Eso…cambió todo.
—Entonces no estorbes —respondí.
Adrián soltó una leve risa.
Baja.
Controlada.
—No estorbo —añadió—. Solo quiero ver hasta dónde llegas.
Silencio.
Eso no era una amenaza.
Era algo peor.
Era interés real.
—¿Y si no te gusta lo que ves? —pregunté.
Adrián inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces será tarde para hacer algo.
Esa respuesta fue clara.
Demasiado clara.
Porque significaba que no estaba pensando en intervenir.
Estaba pensando en esperar.
Y eso…lo hacía impredecible.
Me aparté sin decir nada más, rompiendo la distancia, retomando el control del espacio, porque aunque no lo demostrara, esa conversación había cambiado algo, había movido algo que no podía ignorar.
Él sabía demasiado.
No todo.
Pero lo suficiente.
Y eso…podía convertirse en un problema.
O en algo útil.
Mientras caminaba hacia el salón, sentí su mirada una vez más, pero esta vez no era solo análisis, no era solo curiosidad…era algo más cercano a decisión.
Y eso significaba que el siguiente movimiento…
no iba a ser solo mío.
Me senté en mi lugar con la misma calma, apoyando los brazos sobre el escritorio, manteniendo la postura, la expresión, el control, pero por dentro ya no era lo mismo.
Porque ahora había alguien más en el juego.
Alguien que no estaba asustado.
Alguien que no estaba confundido.
Alguien que…podía entender.
Sonreí levemente.
Porque si iba a quedarse…entonces iba a ver todo.
Y cuando eso pasara…no iba a poder salir.
Porque acercarse demasiado… también tiene consecuencias.