Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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4.
Cuando el asistente Duan regresó, tanto Julia como Andrew estaban conversando de forma superficial pero animadamente.
No habían hablado de sí mismos realmente, pero Julia le preguntó si llevaba mucho tiempo trabajando allí, comentó sobre la vista de afuera del edificio e hizo un comentario sobre lo cálido que debería ser en invierno, si la luz del sol le pegaba tan de frente.
Andrew dijo que la oficina en ese piso estaba en el lugar equivocado, de todo el edificio, era el único que el plano arquitectónico había estado mal orientado y la oficina principal tenía que soportar el sol del mediodía. Le dijo que a su familia le gustó la diferencia y mandó a poner la oficina del presidente en ese piso; creían que aquellos que estaban en poder debían forjar su carácter a través de las dificultades de la vida.
El asistente Duan hizo acto de presencia aterrizando una bolsa grande en la mesa cerca de los sofás. Preparó platos y cubiertos, sacó la comida de la bolsa, lo acomodó todo para que el par pudiera elegir qué comer.
—Espero que a la señorita Julia no le moleste comer en este lugar.
—No, no hay problema. El retraso fue mi culpa.
Andrew sacó la silla para Julia y dejó que se sentara. En realidad, estaba bastante nervioso. No se había acercado nunca a una mujer con la intención de cortejarla, era extraño saber que era inevitable y no podría echarse para atrás si no les gustaba; tendrían que resolverlo por sí mismo, comunicarse y esperar que la convivencia fuera lo más amena posible.
Se sentaron a comer en silencio una vez que el asistente Duan se fue. Conversaron sobre los platos en la mesa y las distintas preferencias de la sazón. Los modales de Andrew eran refinados y no parecía tener una preferencia exacta, tomando un poco de cada cosa por igual. Julia, en cambio, prefirió los platos que conocía y no tocó nada que no supiera cómo se hacía.
Fue un buen almuerzo, algo tenso, pero bastante bien para ser la primera reunión de dos personas en un compromiso arreglado. Su postura tensa se había relajado después de satisfacer su estómago, más dispuesta a seguir las sugerencias del ambiente.
Después de terminar de comer, Andrew pidió retirar la mesa y se disculpó para poder seguir trabajando detrás del escritorio. Le dijo a la chica que podía quedarse un rato si quería, le dió la contraseña del wifi y dejó que se entretuviera a sí misma.
Sentada en el sofá, se relajó y jugó con su celular, mirando las respuestas en el foro. Le echó algunos vistazos al hombre sentado de vez en cuando, apreciando el porte serio que tenía mientras escribía en la laptop y firmaba documentos.
Fuera del reconocimiento inicial, se notaba que este protagonista aún estaba inmaduro en cuanto al aspecto y porte que tendría en la novela. Julia se preguntó cuánto de esto tendría que ver con el papel que ahora ella misma jugaba.
Sabiendo que era grosero mirar tanto tiempo a una persona, se acomodó mejor y empezó a revisar más a fondo su celular. Anteriormente, había pasado un par de días sin saber su contraseña, así que no tuvo tiempo de revisar todo de forma minuciosa; en un teléfono personal como este, uno podría encontrar la vida y obra de las personas. Sin embargo, el celular era nuevo, y estaba segura de que fue cambiado recientemente, así que sería poco lo que podría encontrar dentro si la original no había traspasado los datos al aparato.
Había una app de mensajería, una billetera virtual y todas las aplicaciones que venían por defecto. Incluso la galería de fotos y el buscador estaba casi vacío; en el correo electrónico encontró el correo de verificación de creación por primera vez hace menos de seis meses. Al final, cambió las contraseñas de algunas cuentas y luego salió, deteniéndose en el fondo de pantalla celeste predeterminada. Julia pensó un momento. Había algunas cosas que no encajaban: pocos números en la libreta de contactos, poca información personal, gente conocida que no pertenecía a su círculo social...
Por supuesto, estaban en una novela. Usualmente, había todo tipo de complots detrás de escena, incluso para una extra poco nombrada, seguro había algo detrás.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos en el momento en que el asistente entró a avisarle a Andrew que iba a comenzar una reunión. Julia se levantó al mismo tiempo, sabiendo que era hora de volver. Tomó sus cosas y se arregló la ropa, yendo hacia la puerta.
—Ha sido un placer conocerlo, señor Meyer, pero creo que es hora de que me vaya. —Julia le tendió la mano para despedirse.
—Está bien, no la entretendré más. Le pediré a la secretaria que llame al chófer para que la lleve a casa —el hombre le estrechó la mano. Luego hizo un gesto para que Julia saliera por la puerta. —La escoltaré hasta el ascensor.
Julia le dio las gracias, luego bajó con la secretaria hasta el estacionamiento.
—La señorita es bastante sensata, ¿no es así, señor? —inquirió el asistente.
—Parece que lo es —finalizó Andrew, dirigiéndose a la reunión que se celebraba en el mismo piso.
Mientras tanto, Julia ya estaba en el coche y se dirigía a casa de sus padres. Ni siquiera le preguntó al chófer, que era el mismo que la fue a buscar la primera vez, si conocía dónde vivía; pronto llegaron al barrio privado donde estaba ubicada su casa familiar.
Como el auto no estaba registrado en la lista de vehículos permitidos, tuvo que bajar en la entrada y pedir que se registre el vehículo, además la solicitud debía ser aprobada por el dueño de alguna propiedad. Casualmente, el padre de Julia lo aprobó muy rápido, en cuanto se enteró de que el chófer de los Meyer había traído a su hija. Después el coche entró sin problemas, dejando a Julia frente a la propiedad familiar.
Ella le agradeció por el viaje y entró a la casa.
—Señorita Julia, ha llegado. —La ama de llaves la recibió primero, algo horrorizada cuando el pusieron en las manos un vaso térmico con un diseño cuestionable. Esto no pasó desapercibido para ella, tampoco el silencio antinatural que sintió en cuanto la ama de llaves pronunció su nombre.