La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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El Veredicto de la Sangre
La noticia cayó como un rayo en medio de la tormenta. Cassandra, que se enorgullecía de su control y su temple científico, no pudo prever que su propio cuerpo le daría la espalda en el momento más crítico de su plan de libertad.
Faltaban apenas dos semanas para que el tratamiento de Charly terminara y Cassandra al fín pudiera reclamar su libertad. Se encontraba en el laboratorio de la clínica, revisando los niveles de creatinina de los últimos análisis, cuando el aire de la habitación se volvió denso y pesado. Un zumbido agudo le llenó los oídos y las luces blancas del techo empezaron a girar en una danza macabra, trato de sujetarse de algo ante el fuerte mareo que apareció en ese instante, aun asi no logro hacer mucho.
Lo último que recordó fue el frío del suelo ante la profunda oscuridad que aparecia ante ella.
Cuando abrió los ojos, no estaba en el laboratorio, sino en una de las camas de observación del hospital. Lo primero que vio fue el rostro de Alexander, inclinado sobre ella con una expresión de terror puro que no pudo ocultar. A su lado, el Dr. Sterling sostenía una carpeta con un semblante serio pero iluminado por una chispa de sorpresa.
—¿Qué pasó? —susurró Cassandra, intentando incorporarse.
—Te desmayaste por agotamiento y una baja de presión, Cassandra —dijo el Dr. Sterling, ajustándose las gafas—. Pero el análisis de sangre reveló la causa subyacente.
Alexander le tomó la mano, y esta vez, Cassandra estaba demasiado débil para retirarla , ademas veía genuina preocupación en el y no tenía fuerzas. Él temblaba.
—Cassandra... —la voz de Alexander era un hilo de asombro y angustia—. Vamos a tener un bebé. Estás embarazada de ocho semanas.
El mundo de Cassandra se oscureció de nuevo, pero esta vez no fue por un desmayo, sino por el peso de la realidad. Ocho semanas. La cuenta era exacta. El bebé era el fruto de aquella noche de su cumpleaños número veintiuno, la noche en que la ternura de Alexander se había desbordado antes de que él volviera a convertirse en su carcelero.
—No... —susurró ella, cerrando los ojos con fuerza.
—Sí, Cassandra —continuó el Dr. Sterling—. Es un embarazo viable, pero tus niveles de estrés son alarmantes. Si planeas seguir con este ritmo, o si pretendes viajar a Suiza en este estado, estarías poniendo en riesgo la gestación. Necesitas reposo absoluto y estabilidad.
Alexander sintió que el corazón le daba un vuelco. El destino le estaba entregando lo que él no se atrevía a pedir: una razón para que ella no se fuera. Pero al ver la palidez cadavérica de Cassandra y su falta de entusiasmo sintio un dolor agudo en el pecho (seguro no lo quiere tener)pensó.
Cuando el doctor salió de la habitación, el silencio entre Alexander y Cassandra se volvió insoportable. Él se arrodilló al lado de la cama, buscando su mirada.
—Sé lo que estás pensando —dijo Alexander con suavidad—. Piensas que esto es una trampa de la vida para mantenerte a mi lado. Pero te juro por la vida de Charly y por la de este bebé, que no voy a usarlos para encadenarte , aceptare y respetare cual desición que tomes.
Cassandra lo miró, y por primera vez en semanas, hubo lágrimas en sus ojos.
—Iba a ser libre, Alexander. Iba a ser la doctora De la Vega en Suiza. Iba a borrarte de mi vida. ¿Cómo se supone que lo haga ahora, llevando tu sangre dentro de mí?
—No tienes que borrarme —respondió él, besando sus nudillos con una desesperación contenida—. Solo déjame cuidarte. No como tu esposo si no quieres, sino como el padre de ese niño. Quédate en la mansión, o ve con tu padre, pero no te vayas a otro país. Te necesito cerca... Necesito saber que ustedes estaran bien y nada podra dañarlos.
La noticia no tardó en llegar a oídos de Charly, quien ya caminaba con ayuda de un andador por el pasillo. Entró en la habitación y vio a su hermano arrodillado y a Cassandra deshecha.
—¿Un sobrino? —preguntó Charly, con una sonrisa que intentaba aliviar la tensión—. Voy a ser tío, es una estupenda noticia Parece que este pequeño es una grandiosa bienvenida para mí.
Charly se acercó y tomó la otra mano de Cassandra.
—Cass, este bebé es un regalo. Es la oportunidad de que esta familia empiece de nuevo, sin mentiras. Pero si decides irte a Suiza, yo mismo te llevaré al aeropuerto. No dejare que Alex te presione, no estas sola, cuentas commigo.
Alexander miró a su hermano, sorprendido por su firmeza. Charly tenía razón. La llegada de este bebé era el juicio final para Alexander: ¿sería capaz de amar a Cassandra sin poseerla, o volvería a ser el hombre que destruía todo lo que amaba por miedo a perderlo?
Cassandra se llevó la mano al vientre aún plano. El futuro en Suiza se veía ahora como un sueño borroso que quizas debería esperar, mientras que la realidad de un hijo con el hombre que más la había herido se alzaba como una montaña infranqueable. La separación parecía inevitable hace unas horas, pero ahora, el nudo que los unía era de carne y sangre, y Cassandra sabía que, para bien o para mal, su historia con Alexander Thompson acababa de escribir su capítulo más difícil, había decidido seguir la página, pero no era un ser tan egoísta como para arrebatarle la vida a un inocente, uno que era parte de ella también.