Llegué a la selva con miedo.
Me quedé por su protección.
Y sin darme cuenta… encontré un hogar.
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Capítulo 5 – “Corazón y selva en peligro”
El sol se alzaba sobre la aldea, filtrándose a través de las copas de los árboles gigantes y dibujando destellos de luz sobre las plataformas de madera. Aiden despertó con el calor de Raegor a su lado, el pecho del hombre-bestia contra su espalda. Por primera vez, dormir abrazado le provocaba un placer profundo: el contacto no era solo seguridad, sino también deseo y afecto, emociones que empezaban a mezclarse con la confianza que había ganado.
—Buenos días, pequeña hembra —susurró Raegor, rozando con sus labios la mejilla de Aiden—. ¿Dormiste bien?
Aiden se sonrojó intensamente y asintió con un hilo de voz. Cada roce, cada susurro, cada mirada de Raegor provocaba un temblor en su cuerpo y un calor que no comprendía del todo. Sabía que algo estaba cambiando en él, algo más profundo que gratitud o miedo: un amor creciente y una atracción que le aceleraba el corazón.
Después del desayuno, Aiden acompañó a Raegor en una exploración de la selva. Sus sentidos se habían agudizado; escuchaba los movimientos de animales lejanos, distinguía entre los cantos de aves y podía detectar el crujido de ramas bajo el peso de criaturas enormes. Su mente, entrenada en el mundo anterior, comenzaba a aplicar lógica y estrategias en un entorno completamente salvaje.
—Recuerda —dijo Raegor mientras caminaban—. La selva es hermosa, pero también impredecible. Cada paso requiere atención.
Aiden asintió, caminando cerca de él. Cada roce accidental de manos, cada apoyo que buscaba en el brazo de Raegor lo hacía sonrojar y sentir un cosquilleo de emoción. Sus dedos temblaban al tocarse, y a veces desviaba la mirada, sintiendo cómo su corazón latía desbocado.
Al llegar a un claro, descubrieron huellas inusuales: criaturas que se acercaban a la aldea. Aiden observó cuidadosamente y, usando su ingenio, propuso un sistema de trampas y señuelos que Raegor no había considerado. Los hombres-bestia de la aldea aceptaron su plan, sorprendidos por la claridad de sus ideas y su conocimiento práctico.
—Eres valiente y brillante —le susurró Raegor, acercando su rostro al de Aiden—. Estoy orgulloso de ti.
Aiden sintió cómo su rostro se incendiaba por el rubor, y un escalofrío recorrió su cuerpo. La cercanía de Raegor lo hacía temblar, y cada mirada intensa parecía penetrar en su alma y despertar emociones desconocidas. Por primera vez, no solo sentía seguridad: también había deseo, una atracción que no podía negar.
Esa tarde, mientras ayudaba a mejorar los refugios y utensilios de la aldea, Aiden experimentó un momento de alegría plena. Sus manos se rozaron con las de Raegor varias veces, cada toque provocando un rubor y un estremecimiento, y poco a poco comenzó a aceptar la cercanía de manera consciente. Raegor, observando su timidez mezclada con curiosidad, sonreía con afecto.
—Te estoy viendo crecer —dijo Raegor, con un tono suave y cargado de emoción—. No solo como parte de la aldea, sino como mi pequeña hembra.
Aiden se giró hacia él, con las mejillas encendidas y el corazón desbocado. Por primera vez, su amor y deseo eran claros incluso para sí mismo. Sin poder evitarlo, apoyó su mano sobre la de Raegor, y él respondió con un beso breve pero lleno de ternura. Aiden lo devolvió torpemente, sintiendo cómo un calor intenso recorría su cuerpo y su corazón se aceleraba.
Pero la tranquilidad duró poco. Una tarde, mientras exploraban los límites de la selva, Aiden y Raegor detectaron signos de criaturas peligrosas acercándose a la aldea. La alarma se extendió rápidamente: hombres-bestia y sus parejas comenzaron a prepararse para defender el lugar, pero la cantidad de criaturas amenazaba con superar sus fuerzas.
—Tenemos que actuar rápido —dijo Aiden, recordando estrategias de su mundo anterior—. Podemos usar trampas, señuelos y la geografía a nuestro favor.
Con la guía de Raegor, Aiden organizó a la comunidad: colocó trampas con ramas, piedras y frutos venenosos, señaló rutas de escape y preparó posiciones defensivas. Su ingenio permitió que la aldea resistiera sin bajas, mientras Raegor protegía físicamente a Aiden y a otros jóvenes. La tensión era máxima, y cada segundo se sentía eterno.
Cuando finalmente la amenaza pasó, la comunidad lo rodeó, felicitándolo y abrazándolo. Raegor lo sostuvo entre sus brazos, los ojos brillantes de orgullo y afecto.
—Mi pequeña hembra —susurró Raegor—. Eres increíble. Siempre supe que tu corazón y tu mente eran fuertes.
Aiden se sonrojó, apoyando su cabeza en el pecho de Raegor, sintiendo un calor profundo de amor, orgullo y pertenencia. Por primera vez, no solo había sobrevivido: había protegido a los demás con su ingenio y había sido amado y admirado por ello.
Esa noche, junto al fuego de la aldea, Raegor tomó a Aiden entre sus brazos. Sus labios se encontraron en un beso largo y consciente, lleno de ternura y deseo. Aiden respondió con timidez, sus mejillas encendidas, su respiración entrecortada, y un temblor recorrió su cuerpo. Cada caricia, cada roce, cada gemido inconsciente hacía que el rubor y la emoción aumentaran. Era amor, deseo y confianza mezclados en un solo latido.
—Eres mía —susurró Raegor contra su oído—. Mi pequeña hembra, siempre protegida, siempre amada.
Aiden cerró los ojos, sintiendo cómo su corazón se llenaba de emociones que antes solo había temido: amor, deseo, seguridad y felicidad. Por primera vez, entendió lo que significaba sentirse realmente completo junto a alguien que lo aceptaba y amaba por lo que era.
Mientras la selva nocturna envolvía la aldea, el murmullo del río y los sonidos de la comunidad acompañaban los latidos sincronizados de Aiden y Raegor. La aventura, la protección y el amor se entrelazaban en un equilibrio perfecto: un mundo salvaje que había aprendido a dominar con ingenio, una comunidad que lo aceptaba y un hombre-bestia que lo amaba con todo su ser.
El capítulo cerró con Aiden recostado en el pecho de Raegor, abrazándolo con fuerza, mientras un pensamiento lo llenaba de paz: “Aquí, en esta selva salvaje, no solo encontré un hogar. Encontré amor, protección y un lugar donde puedo ser yo mismo”.