NovelToon NovelToon
Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Sombras detrás del vidrio

La mañana avanzaba con un ritmo extraño en el hospital. Afuera, el tráfico rugía con impaciencia, pero dentro de la habitación de observación el mundo parecía reducido al pitido constante del monitor y al murmullo suave del aire acondicionado. Mía había dormido apenas unos minutos en la silla, la cabeza apoyada entre sus brazos, aún sosteniendo la mano de Liam como si temiera que desapareciera si la soltaba.

Cuando abrió los ojos, se encontró con una escena inesperada: Liam la observaba. No con aquella dureza que la había marcado durante dos años, sino con una curiosidad tranquila que desarmaba defensas.

—Buenos días —dijo él, con una voz más firme que la noche anterior.

Mía parpadeó y se incorporó, obligándose a no mostrar el sobresalto que sintió al encontrarlo despierto, atento, presente.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, acomodándose el cabello detrás de la oreja.

—Mejor. Aunque… —frunció el ceño mientras se tocaba la sien—. Tengo esta sensación rara, como si hubiese soñado algo que no logro atrapar.

Mía se tensó.

—¿Recuerdas algo?

Él negó con la cabeza.

—No. Es como un eco. Un destello. Un lugar con vidrio… luces… voces discutiendo. Pero cuando intento enfocarlo, se rompe.

Ella inhaló lentamente. Sabía exactamente a qué se refería. A la reunión de hace tres semanas. Aquella en la que Liam había abandonado la sala con el rostro tenso, los nudillos blancos y el teléfono vibrando sin parar. Mía nunca supo quién lo había llamado, pero sí que, después, él se volvió aún más distante. Más peligroso.

—Es normal —dijo suavemente—. Tu memoria irá soltando pequeños fragmentos antes de reconstruirse.

Liam se pasó una mano por el cabello, despeinándolo un poco.

—¿Y si no quiero recordarlo todo?

Mía lo miró fijamente. Sabía que no debía responder lo que sentía. Sabía que debía ser profesional.

—Quieras o no —dijo al fin—, la memoria terminará regresando.

Liam la observó como si la respuesta le hubiese dolido.

—¿Eso te asusta a ti, Mía?

Ella no respondió. Porque sí la asustaba. Mucho. El Liam sin recuerdos era un mar nuevo, cálido, en el que ella podía acercarse sin miedo a ser herida. El otro… el que conoció… era un océano con tormentas que podían destrozarla con una sola ola.

Pero antes de que pudiera decir algo, la puerta se abrió con un suave clic.

Una mujer de traje beige, cabello recogido en un moño perfecto y expresión neutra entró con una tablet en brazos. Mía la reconoció: Sophie Hartman, jefa del departamento legal y una de las personas más cercanas a Liam dentro de la empresa.

—Señor Vander —saludó con voz profesional—. Me alegra verlo consciente.

Liam ladeó la cabeza.

—¿Nos conocemos?

—Trabajo para usted —respondió Sophie, manteniendo su tono pulcro—. Manejo asuntos legales y contratos prioritarios.

Sophie lanzó una mirada rápida a Mía, como evaluando si debía estar ahí. Mía enderezó la espalda, intentando sostener la mirada sin titubear. No iba a permitir que la removieran del lado de Liam, no ahora.

—Recibimos un documento urgente esta mañana —continuó Sophie—. Es del comité financiero. Necesitan una firma suya para detener un movimiento interno que podría perjudicar la liquidez de la compañía.

Liam frunció el ceño, molesto.

—No voy a firmar nada hoy.

—Entiendo, pero—

—No. —Su voz adquirió una firmeza que Mía reconoció—. Estoy aquí. Estoy recuperándome. Si la empresa va a incendiarse porque no estampé mi firma un día, entonces el problema no soy yo.

Sophie respiró hondo, claramente incómoda.

—Alexander dijo que podría ser riesgoso esperar.

—Alexander no es el CEO —cortó Liam.

Mía sintió un escalofrío. No era el Liam cruel… pero era el Liam con autoridad. Un indicio de que su carácter seguía allí, dormido, esperando despertar.

Sophie apretó los labios.

—Entendido. Hablaré con él.

Se giró para retirarse, pero justo antes de salir, volvió a mirar a Mía.

—Tu presencia… ¿es necesaria aquí?

La pregunta fue como una piedra lanzada sin disimulo. Liam respondió antes que ella pudiera abrir la boca.

—Sí. —Su voz no admitía discusión—. Ella se queda.

Sophie asintió, aunque sus ojos dijeron algo distinto: esto no termina aquí.

Cuando salió, Mía soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

—Te defendió —dijo él, observándola.

Ella negó con la cabeza.

—Solo dijo la verdad.

Liam la miró con una mezcla de ternura y determinación.

—Y la verdad es que te necesito aquí.

Mía sintió que su corazón golpeó demasiado fuerte. No debía permitir que esas palabras la afectaran. No debía olvidar quién era él. Y, aún así…

—Solo hasta que estés mejor —respondió.

Él sonrió, apenas.

—¿Me contarás más cosas de mí? —preguntó, y aquella sonrisa la derritió un poco más—. Ayer dijiste que me enojaba contigo… ¿era muy frecuente?

—A veces —admitió ella—. Pero no siempre.

—¿Por qué solo contigo? —preguntó—. ¿Te hice algo?

Mía vaciló. La pregunta flotó como una cuerda peligrosa entre ambos.

—No sé —mintió—. Supongo que… tienes estándares altos.

Liam la miró con una sospecha suave.

—No te creo del todo.

Ella desvió la mirada, fingiendo revisar la sábana. Pero él no la dejó escapar fácilmente.

—Quiero saberlo todo —insistió—. Incluso lo que duela. No quiero reconstruirme con mentiras.

Ella tragó saliva.

—Lo haré —prometió—. Pero poco a poco.

La tarde cayó con un tono grisáceo. Mía bajó a la cafetería a buscar algo que Liam pudiera comer: jugo, pan fresco, una sopa que esperaba que no supiera tan terrible como la del desayuno. Al regresar, un sentimiento extraño la recorrió. Abrió la puerta lentamente.

Liam no estaba solo.

Del lado derecho de la habitación, justo junto a la cama, una figura de cabello rubio estaba inclinada hacia él. Su perfume llenaba el espacio como una nube dulce, artificial.

Olivia Selwyn.

Mía se quedó congelada justo en el umbral.

La mujer giró la cabeza lentamente, sus labios pintados en un tono carmesí casi perfecto.

—Oh. —Su voz sonó como un cristal a punto de romper—. Qué sorpresa verte aquí, Mía.

Liam, por su parte, parecía confundido pero no incómodo. Eso la desgarró un poco más de lo que habría querido admitir.

—Olivia —dijo él, intentando recordar—. Me dijeron… que no quería visitas.

Ella soltó una risita suave.

—Y aun así vine. Te conozco demasiado como para dejarte solo.

Mía apretó la bandeja entre sus manos, sintiendo cómo la madera temblaba.

—El doctor dijo nada de estrés —intervino, manteniendo su voz firme—. Y las visitas están limitadas.

Olivia caminó hacia ella, sus tacones resonando en el piso pulido.

—¿Vas a decirme a mí cómo cuidar de él? —preguntó con dulzura venenosa—. Liam y yo tenemos… una relación más cercana que la tuya con él.

Mía sintió su estómago caer.

Liam miró a Olivia, luego a Mía. Inseguro. Como si ambos fueran piezas de un rompecabezas incompleto.

—¿Nos conocemos mucho? —preguntó él, sincero.

Olivia parpadeó, sorprendida por la franqueza.

—Por supuesto que sí, Liam —se acercó más, apoyando su mano en su brazo—. Somos muy importantes el uno para el otro.

Pero él se apartó suavemente. No grosero. No distante. Simplemente… sin reconocerla.

—No siento eso —dijo él.

Olivia abrió los ojos, herida, aunque su máscara no cayó del todo.

—Es la amnesia —susurró.

—O tal vez —intervino Mía con voz suave—, necesita espacio. Nada más.

Liam miró la bandeja en sus manos.

—¿Eso es para mí?

—Sí —respondió ella—. Traje comida.

—Gracias —dijo él. Y esa única palabra fue suficiente para que Olivia la mirara como si Mía fuese una intrusa en un territorio que creía suyo.

—Vuelvo más tarde —dijo Olivia, pero su voz ya no era dulce. Era una amenaza disfrazada—. Esto no ha terminado, Mía.

Ella no respondió. Solo la observó salir, dejando un rastro de perfume caro y traición anunciada.

Cuando la puerta se cerró, Liam habló:

—No confío en ella.

Mía tragó hondo.

—No tienes por qué hacerlo ahora.

Él inclinó la cabeza.

—Pero confío en ti.

Y esas cuatro palabras fueron más peligrosas que cualquier tormenta.

Mientras Mía lo ayudaba a comer, mientras él la miraba con una calidez que jamás le había visto, mientras el día iba apagándose… ninguno de los dos notó la silueta observándolos desde afuera, detrás del vidrio esmerilado del pasillo.

Un hombre. Traje oscuro. Brazos cruzados.

Y una sonrisa fina, apenas curvada.

Sophie pasó junto a él sin saludar.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó en voz baja.

El hombre no apartó la vista de la habitación.

—Nada todavía —respondió—. Deja que crea que tiene el control.

Sus ojos se clavaron en Mía, no en Liam.

—Ella es la clave —susurró—. Y todavía no lo sabe.

La sombra se alejó, silenciosa, dejando detrás de sí una advertencia muda.

Adentro, Mía se sentó junto a la cama, sin darse cuenta de que ya había entrado en un juego del que quizá no podría salir.

Y Liam, con la voz adormecida, dijo antes de cerrar los ojos:

—No me dejes, Mía.

Ella respondió sin dudar:

—No pienso hacerlo.

Afuera, la noche cayó como un telón.

Adentro, la tragedia empezó a tejer su primer hilo.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play