Estrella Portugal nació en cuna de oro y pasó casi treinta años construyendo un imperio empresarial internacional, convenciendo al mundo de que no necesitaba a nadie, haciéndose dueña de cada lugar donde pisaba y dejando atrás el amor, confundiéndose incluso con el deseo.
Pero un accidente borra su memoria y también la coraza que siempre la protegió, ahora no recuerda su divorcio, su poder, ni a Lucio Salvatierra, el hombre diez años menor que la ama y logró ver el alma de la mujer implacable, que asusta a todos los demás.
Ahora, en medio de la confusión, su corazón laterá con miedo, con deseo, con libertad, por alguien que cree no conocer, pero la hace vibrar y no pide permiso; sin saber, que el imperio que había construido puede venirse abajo, y la ayuda vendrá de quien menos se lo espera.
¿Será capaz Estrella de no dejar ir el amor cuando recupere la memoria?
🔞⚠️🔥 LA NOVELA PODRIA CONTENER ESCENAS PARA MAYORES DE 18 AÑOS🔥⚠️🔞
LIBRO VI (Penúltimo)
Colección AMORES QUE SANAN
NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
13. Hagamos que me vuelva a enamorar
Lucio apagó la luz, sumiéndolos en una penumbra suave, solo rota por la luna filtrándose entre las cortinas. El colchón cedió bajo su peso cuando se acostó a su lado, no pegado a ella, pero lo suficientemente cerca para que pudiera sentir el calor que emanaba de su cuerpo.
Por un momento, ninguno se movió. Solo respiraron, escuchando el ritmo del otro, como si estuvieran midiendo el espacio entre lo que eran y lo que podrían ser.
Fue Estrella quien rompió el silencio. Sus dedos rozaron el antebrazo de él, trazando las venas que se marcaban bajo su piel, el vello fino que cubría sus músculos. No era un toque sexual, era exploratorio. Como si estuviera memorizando la textura de él, guardando cada detalle en algún lugar seguro donde su mente no pudiera borrarlo después.
- “¿Cómo nos conocimos?”, preguntó Estrella, con voz baja, casi perdida en la oscuridad.
Lucio giró la cabeza hacia ella, aunque no podía verlo bien. Solo percibía el contorno de su perfil, la sombra de su mandíbula tensa.
- “La primera vez que te vi en vivo y en directo fue en una fiesta”, respondió, después de un momento.
Lucio trataba de ordenar las ideas, de no mentirle, pero tampoco confundirla aún más.
- “Tú llegaste con un vestido negro que te quedaba… (hizo una pausa, como si la imagen lo hubiera golpeado) como una segunda piel del brazo de un hombre que no estaba listo para una mujer como tú. Yo estaba en un rincón, aburrido, cuando tu presencia despertó un interés que desconocía, especialmente a pesar de lo que ocurrió después, tú seguías de pie sin perder tu dignidad y belleza”, manifestó Lucio.
Estrella sonrió, a pesar de sí misma.
- “Aprendí a nunca verme derrotada, aunque lleve una tormenta por dentro”, expresó Estrella..
- “Lo sé”, dijo él, y había algo en su tono que hizo que su pecho se apretara. “Ese día, terminé llevándote a tu casa y no porque alguien que te quiere mucho me lo pidiera (sus dedos encontraron los de ella bajo las sábanas, entrelazándolos) sino porque no podía dejar de mirarte, aunque antes no te lo confesé”, añadió.
Ella frunció el ceño, tratando de imaginarlo. Pero no venían imágenes. Solo la sensación de sus manos unidas, el peso de su cuerpo junto al de ella, y ese vacío frustrante donde deberían estar los recuerdos.
- ¿Y cuándo supiste que… esto (apretando sus dedos) era real?”, preguntó Estrella.
Lucio se quedó callado por tanto tiempo que Estrella pensó que no respondería. Pero entonces, sintió su aliento contra su sien cuando se inclinó, sus labios rozando su piel sin llegar a besarla.
- “La primera vez que me dejaste tocarte. No fue en una cama. Fue en mi oficina, contra la puerta, porque ninguno de los dos podía esperar. Y cuando terminamos, tú te reíste. No de mí. Sino como si no pudieras creer que algo pudiera sentirse tan bien. (Hizo una pausa) Ese día supe que estaba jodido, porque no era solo el sexo, eras tú. Cómo me mirabas. Cómo me hacías sentir que, por primera vez en años, alguien me veía de verdad”, respondió Lucio.
Estrella cerró los ojos, sintiendo las lágrimas ardientes detrás de sus párpados. No recordaba eso. Pero Dios, cómo deseaba hacerlo.
- “No puedo prometerte que lo recordaré todo”, repitió Estrella, con voz temblorosa.
- “No me importa. Solo quiero que me des la oportunidad de recordártelo”, dijo él apretando su mano.
Y entonces, lentamente, como si temiera romper el momento, Lucio se acercó. No para tomarla, no para exigir. Solo para acurrucarse contra su espalda, su brazo rodeándola por la cintura, su respiración cálida contra su nuca. Estrella no se apartó. En lugar de eso, llevó su mano a la de él, guiándola hasta su pecho, donde su corazón latía rápido, inseguro.
- “Hagamos que me vuelva a enamorar”, pidió ella.
- “Será un placer, lo prometo”, respondió Lucio.
Y en la oscuridad, entre sábanas que olían a jabón fresco y piel limpia, se quedaron así. Sin prisa. Sin exigencias. Solo el lento deslizar de sus dedos sobre piel desnuda, el ritmo de sus respiraciones sincronizándose, y la promesa silenciosa de que, esta vez, intentarian hacerlo bien.
Porque el sexo era fácil. El amor era lo que asustaba. Y desde que Estrella había abierto los ojos sin saber quién era, sentía que, tal vez, valía la pena intentarlo.