Julián Alfonso Cabrera un CEO de mucho renombre, a pesar de estar casado con Karina Montalvo, llevaba una doble vida. ¿Podrá este CEO ocultar la verdad por nucho tiempo?
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Basta ya, amor
Después de haber tenido un momento muy pasional...
No te preocupes por la limpieza, te ayudaré.
Ente los dos se pusieron a limpiar, no querían contratar a nadie para poder guardar su privacidad.
Nadie debía saber lo que pasaba entre los dos.
El amor entre ellos era muy notable, Alfonso se sentía libre a su lado. Los próximos dos días estuvieron juntos haciendo todo lo que les venía en gana.
Pero pronto llegó la cruda realidad, regresar a la torre Cabrera. Karina ya lo estaba esperando en su oficina.
Por fin llegas, amor, ¿qué te está pasando?, cada vez llegas más tarde.
Perdón, es que el tráfico estaba muy cerrado.
Bueno, está bien. Recuerda que hoy tenemos junta con los accionistas.
Lo sé, estoy preparando el nuevo un nuevo proyecto, pero necesito más tiempo para terminarlo.
Está bien, no hay prisa, tómate tu tiempo no quiero que salga mal el proyecto por andar a las carreras.
Le vas a diseñar lo que ya acordamos, ¿verdad?
Por supuesto, se hará tal y como ya lo hemos planeado.
Bueno, entonces, te veo más tarde voy a terminar lo que estaba haciendo.
El CEO se fue a su oficina, Ángela ya le tenía listos todos los documentos que debía firmar.
Gracias, Ángela, quiero que envíes una caja de chocolates y un ramo de flores no muy grande, por favor.
Claro que sí, Julián, haré todo lo que tú me ordenes.
El día a día del CEO pasaban entre muchas ocupaciones, firmas, juntas, etc. Además del proyecto que tenía pendiente que apenas lo estaba empezando; Julián terminaba completamente, agotado.
Ese día, Julián llegó a su casa muy cansado, su esposa iba con él.
Amor, yo sé que esto es muy cansado, pero es nuestra empresa y tenemos que cuidarla.
Ya lo sé, amor, pero este nuevo proyecto me está quitando todas las energías.
Está bien, si quieres vamos a tomarnos un relax en el jacuzzi, Karina lo tomó del brazo y lo llevó ante la mirada atónita de los niños y de Adela.
Vengan niños, vamos a ver la televisión, hay unas caricaturas muy bonitas que les pueden gustar.
Karina volteó a ver a Adela y le dijo: que nadie nos moleste, Adela, dales de comer a los niños, por favor.
De acuerdo, señora, con permiso.
Una de las sirvientas preparó el jacuzzi. Karina empezó a desvestir a Julián, lo besaba con tal pasión Julián por momentos se sentía desfallecer, pero luego recordaba a William y se paraba en seco.
¿Qué te pasa amor? Estás muy estresado, yo te ayudaré a relajarte, anda, ven aquí.
Poco a poco le iba quitando la ropa hasta dejarlo completamente, desnudo.
Lo ayudó a entrar en el jacuzzi, ella también se desnudó y se metió junto con él.
Julián se sentía en otro mundo, estaba un poco incómodo con esta situación.
Karina metía mano por todos lados. Julián no sabía qué hacer, era obvio que las manos de Karina le molestaban sobremanera.
Ella, sin saber los sentimientos de su esposo, lo acariciaba sin censura. Hasta que en un momento dado, él, con toda la sutileza que el caso ameritaba le tomó ambas manos y se las llevó a la boca.
Basta, amor, estoy muy agotado, lo siento.
Y así, sin más ni más tomó una toalla y se salió del jacuzzi cubriéndose muy bien.
Karina se quedó ahí, con las ganas reflejadas en su rostro. Pero aun así, ella se quedó un rato más en el jacuzzi. Nadie le iba a amargar el momento.
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Varias semanas después, el proyecto Cabrera estaba casi listo, aún le faltaban unos detalles, pero eran mínimos.
Karina fue por él para ir al coctel de una de sus mejores amigas. Era su aniversario de bodas núm. 25, y celebraría por todo lo alto.
¿Te parece si vas tú sola?, es que me siento cansado, dijo Julián, ya que no le gustaban esas fiestas de viejas chismosas.
Está bien, iré sola. Desde un tiempo acá estás muy raro. Ya hablaremos en cuanto estemos en casa.
Gracias, amor.
Karina se fue sin responder.
Julián siguió con su trabajo, había ciertos detalles que no lograba dibujar en la lámina del proyecto. Sin embargo, trataba de hacerlo lo mejor posible.
"¿Dónde estará el error?", se preguntaba una y otra vez. Así estuvo durante varias horas, sin darse cuenta de que la noche empezaba a caer.
Una llamada lo sacó de sus pensamientos.
En la pantalla se podía leer William...
Amor, no puedes llamarme, ya te he dicho que soy el centro de atención de todos en este edificio.
Lo siento, solo quería escucharte, este fin no pudiste venir y yo creí que te había pasado algo malo.
Estoy muy ocupado con este proyecto; es muy importante, yo te hablo después.
William colgó, se sentía un poco decepcionado, Alfonso no lo había tratado muy bien que digamos.
El resto del día se dedicó a seleccionar fotos para la galería que pensaba montar.
Aunque estaba ansioso por llamarle a Julián, se contuvo, no quería causarle problemas.
"¿Cómo será el imperio de Alfonso?", se preguntó William. "Él nunca me ha hablado de eso". "Yo debo respetar su privacidad, aunque a veces quisiera ir a visitarlo, ahí en su empresa".
William estaba muy ocupado haciendo limpieza, cuando de pronto una tarjeta cayó al suelo.
"La tarjeta de la empresa de Alfonso", dijo para sus adentros.
La guardó en un cajón del estante de la cocina.
"Algún día me decido y le hago una visita", se dijo.