Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13 Diagnóstico profesional
La conferencia terminó veinte minutos después.
Los periodistas comenzaron a levantarse, recoger equipos y comentar lo ocurrido.
Pero solo había un tema de conversación.
—¿Escuchaste lo de los gatos?
—Dijo gatos.
—En serio dijo gatos.
Camila caminaba junto a Valeria hacia la salida del auditorio mientras intentaba dejar de reír.
—No puedo creerlo.
Valeria guardó su libreta en el bolso.
—Yo sí.
—Valeria.
—¿Qué?
—El hombre estaba mirando directamente hacia ti.
Valeria siguió caminando.
—Coincidencia.
Camila se detuvo.
—No.
—Sí.
—Valeria.
—Camila.
—Ese hombre olvidó cómo funciona el lenguaje humano por mirarte.
Valeria suspiró.
—Los boxeadores reciben muchos golpes.
Camila sonrió.
—Sí, pero tú eres el más fuerte.
Antes de que Valeria pudiera responder, una voz apareció detrás de ellas.
—Creo que necesito otra conferencia de prensa.
Las dos se giraron.
Adrián.
Estaba caminando hacia ellas con las manos en los bolsillos y esa expresión ligeramente avergonzada que rara vez mostraba.
Camila sonrió inmediatamente.
—Hola, campeón de los gatos.
Adrián suspiró.
Valeria cruzó los brazos.
—Impresionante conferencia.
Adrián levantó una ceja.
—¿Sí?
—No todos los atletas logran introducir zoología en una rueda de prensa de boxeo.
Camila volvió a reír.
Adrián se pasó una mano por el cabello.
—Fue un error.
Valeria lo miró.
—Lo noté.
Adrián se acercó un poco más.
—Me distraje.
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Otra vez.
Adrián suspiró.
—Sí.
Camila levantó un dedo.
—Voy por café.
Valeria la miró.
—No.
Camila ya se estaba alejando.
—Vuelvo en cinco minutos.
Valeria murmuró:
—Traidora.
Ahora estaban solos.
Adrián la observó unos segundos.
Valeria también.
Finalmente Adrián habló.
—¿Te divertiste?
—Mucho.
—No lo dices como si fuera algo bueno.
—No lo es.
Adrián apoyó un hombro contra la pared.
—La verdad es que la pregunta me tomó por sorpresa.
Valeria levantó una ceja.
—¿La pregunta sobre la revancha?
—No.
—¿Cuál entonces?
Adrián la miró directamente.
—La de por qué me distraigo tanto.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
—Nadie preguntó eso.
Adrián sonrió un poco.
—No en voz alta.
Valeria lo observó con atención.
Luego habló con total calma.
—Tengo una teoría.
Adrián cruzó los brazos.
—Me interesa.
Valeria tomó su libreta y la abrió como si fuera a hacer un diagnóstico médico.
—Síntomas observados.
Adrián levantó una ceja.
—Esto debería preocuparme.
Valeria continuó:
—Primer episodio: pelea contra Diego Morales.
—Distracción visual.
—Resultado: ceja abierta.
Adrián sonrió.
—Continúa.
Valeria levantó un segundo dedo.
—Segundo episodio: conferencia de prensa viral.
—Lenguaje provocador.
—Resultado: ocho millones de vistas.
Adrián murmuró:
—Diez ahora.
Valeria levantó un tercer dedo.
—Tercer episodio: conferencia de revancha.
—Respuesta completamente absurda sobre gatos.
Adrián suspiró.
—No me lo recuerdes.
Valeria cerró la libreta.
—Diagnóstico preliminar.
Adrián inclinó la cabeza.
—¿Sí?
Valeria lo miró directamente a los ojos.
—Tienes un serio problema de concentración.
Adrián sonrió lentamente.
—Lo dijiste antes.
—Porque sigue siendo cierto.
—¿Y la causa?
Valeria guardó la libreta en el bolso.
—No soy neuróloga.
Adrián se acercó un paso.
—Pero eres observadora.
Valeria no retrocedió.
—Muy observadora.
Adrián bajó un poco la voz.
—Entonces dime.
Pausa.
—¿Cuál es la causa?
Valeria lo miró durante unos segundos.
Sus ojos verdes analizándolo con calma.
Luego respondió.
—Ego.
Adrián parpadeó.
—¿Ego?
—Sí.
—Explícate.
Valeria levantó un dedo.
—Estás acostumbrado a que la gente te admire.
Adrián no respondió.
Valeria continuó.
—Pero cuando alguien no lo hace…
—te desconcierta.
Adrián sonrió ligeramente.
—¿Eso es lo que crees?
—Sí.
Adrián inclinó un poco la cabeza.
—Interesante diagnóstico.
Valeria comenzó a caminar hacia la salida.
—Es gratis.
Adrián caminó a su lado.
—Creo que estás equivocada.
Valeria lo miró.
—¿Ah sí?
Adrián asintió.
—La causa no es ego.
Valeria levantó una ceja.
—¿Entonces?
Adrián la miró directamente.
—Tú.
Valeria se detuvo.
Lo observó unos segundos.
Luego respondió con total tranquilidad.
—Eso suena como una excusa.
Adrián sonrió.
—Tal vez.
Valeria volvió a caminar.
—Consigue una mejor antes de la pelea.
Adrián la siguió.
—Trabajaré en ello.
Camila apareció desde la esquina con dos cafés.
—¿Me perdí algo?
Valeria tomó uno.
—Nada importante.
Camila miró a Adrián.
—¿Ya dejaste de pensar en gatos?
Adrián suspiró.
—No lo olvidarán nunca, ¿verdad?
Camila sonrió.
—Nunca.
Valeria comenzó a caminar hacia la salida del hotel.
Adrián se quedó mirando cómo se alejaba.
Camila lo observó.
—Estás perdido.
Adrián suspiró.
—Sí.
Camila sonrió.
—Lo bueno es que ella también empieza a darse cuenta.
Adrián levantó una ceja.
—¿De qué?
Camila miró hacia la puerta por donde Valeria había salido.
—De que tú también eres su problema.