En un universo donde los mundos caen uno tras otro bajo la destrucción de un monstruo colosal conocido como el Destructor de Mundos, un joven llamado John despierta sin recuerdos y con un destino extraordinario. Cada mundo que visita le enseña nuevas habilidades, lo fortalece y lo prepara para enfrentar una amenaza que trasciende dimensiones.
A su lado está Azul, una niña que salvará y adoptará, y juntos se convertirán en un faro de esperanza en mundos sumidos en la devastación. Con la guía de un sistema misterioso creado por su difunto padre, John aprende a subir de nivel, desbloquear poderes inimaginables y construir armas capaces de enfrentarse a la catástrofe misma.
Cuando finalmente se enfrenta al Destructor de Mundos, descubre secretos aún más profundos: hay otras variables, otras entidades colosales, y una profecía que marcará el futuro de un mundo futurista donde los habitantes pueden despertar poderes increíbles.
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Preparación y espera.
Cinco años habían pasado desde que John apareció en este mundo.
El frío invierno de aquella ciudad moderna había dado paso a otras estaciones, pero John seguía siendo el mismo en su esencia: un guerrero entrenado por mundos, marcado por pérdidas y destrucción. Sin embargo, en este mundo… no había monstruos.
—Esto es raro —dijo John mientras caminaba por la casa de Eric, observando los planos esparcidos por la mesa—. No hay criaturas, no hay nada. No puedo entrenar como antes. No hay forma de subir de nivel.
Eric, de unos 40 años, con bata blanca y cabello desordenado, suspiró y se apoyó sobre la mesa.
—Lo sé, John —dijo con calma—. Este mundo es estable, tranquilo. Por eso mismo, nos da tiempo. Tiempo para prepararnos.
John se dejó caer en una silla, cruzando los brazos y mirando al techo. La sensación de frustración lo acompañaba: años de espera y no había ni un indicio de que el Destructor de mundos apareciera.
—Cinco años… y todavía nada —dijo con voz baja—. Estoy empezando a pensar que tal vez nunca vendrá.
Eric negó con la cabeza.
—No puedes asumir eso, John —respondió—. Lo que llamamos el Destructor de mundos no sigue reglas humanas. Puede aparecer en cualquier momento. Pero mientras tanto… tenemos que estar listos.
John frunció el ceño, observando los planos sobre la mesa. Bombas, cañones de energía, dispositivos que parecían irreales incluso para él… Eric había pasado años diseñando todo tipo de armas, algunas convencionales, otras que amplificaban el poder de John.
—Mira esto —dijo Eric, señalando un dispositivo complejo—. Esto no es solo una bomba nuclear. Puede amplificar tu fuerza, tus reflejos, tu velocidad… incluso multiplicar tu capacidad de ataque durante un período limitado.
John estudió el dispositivo, fascinado. Su cuerpo recordaba lo que era enfrentarse a monstruos imposibles, y ahora veía cómo la ciencia humana podía potenciar sus habilidades.
—Entonces… si aparece el Destructor —dijo John—, podré enfrentarme a él con algo más que fuerza bruta.
Eric asintió.
—Exactamente. Estas armas son nuestra manera de equilibrar la balanza. Y no son las únicas. Estoy construyendo varios tipos: explosivos, cañones de energía, incluso drones de combate que podrían distraerlo.
John respiró hondo, tocando uno de los amplificadores que Eric había diseñado. Sentía la energía contenida, el potencial de multiplicar su poder. Por primera vez en años, una chispa de esperanza se encendió en él.
—Esto… esto puede funcionar —susurró.
Pero a medida que los años pasaban, la ciudad seguía tranquila, sin ningún indicio del Destructor de mundos.
John comenzó a sentirse extraño. No por falta de poder, sino por la espera interminable. La rutina diaria con Eric, la revisión constante de armas y planos, la vida sin peligro… le recordaba lo mucho que había perdido en otros mundos y lo que estaba por venir.
Cinco años habían pasado, y la sensación de vacío crecía. John caminaba por la ciudad, observando a las personas, los autos y la nieve que caía suavemente sobre los edificios. La vida parecía tranquila, incluso aburrida.
—Tal vez no venga —murmuró en voz baja mientras miraba por la ventana—. Tal vez este mundo… esté a salvo.
Eric, que estaba calibrando uno de los amplificadores, lo miró de reojo.
—No digas eso, John —respondió con firmeza—. No podemos asumir que estará tranquilo solo porque no hemos visto nada. Este mundo es solo un respiro. La amenaza puede llegar mañana, o dentro de cien años.
John cerró los ojos, dejando que el frío viento de la ciudad le recordara la paciencia que debía tener.
—Cinco años —dijo finalmente—. He pasado cinco años esperando y preparándome para algo que tal vez nunca llegue.
Eric asintió, sin quitarle la mirada.
—Es el precio de estar vivo y ser fuerte —dijo—. Pero mientras tanto, hacemos lo que podemos: construir armas, entrenarte, mantenernos listos. Cuando llegue… estaremos preparados.
John suspiró. La sensación de impotencia lo golpeó, pero al mismo tiempo, la compañía de Eric y la preparación constante le daban un sentido de propósito.
—Está bien —dijo—. Continuaremos. Pero si aparece… esta vez no perderemos.
Eric sonrió levemente, con la mirada fija en los planos frente a él.
—Exactamente, John. Esta vez, estaremos listos.
John miró por la ventana, contemplando la ciudad nevada. Había pasado cinco años sin combate, sin monstruos, sin niveles que subir… pero también había ganado algo que nunca había tenido en todos los mundos anteriores: tiempo y preparación.
Y aunque la espera era dolorosa, sabía que cuando el Destructor de mundos apareciera… esta ciudad, este mundo… y todos los que vinieran después, no serían destruidos tan fácilmente.