Reencarna en un mundo mágico, con la oportunidad de vencer los miedos que la ataron en su primera vida.
** Mundo mágico con muchas historias **
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Primeros días
Cuando la reunión terminó, Willow apenas cruzó el gran salón, escuchó pasos firmes detrás de ella.
General Cromwell: Willow.
Ella se detuvo y él se colocó a su lado. Era más alto de lo que recordaba desde lejos. Un muro de músculos y autoridad.
General Cromwell: Comenzamos el viaje en cinco días. Prepara lo que necesites.
Su tono era seco, militar.
General Cromwell: Yo te protegeré, pero no seré tu niñero.
Willow sintió cómo, por reflejo, su cuerpo quería encogerse, bajar la cabeza, pedir disculpas… como lo había hecho toda su vida anterior.. frente a hombres con mayor autoridad.. Pero no estaba en su mundo antiguo. Aquí podía hablar. Aquí su voluntad importaba.
Inspiró profundamente y levantó el rostro a pesar del temblor en sus manos.
Willow: No espero que lo sea, general. Solo cumpliré con el mandato del rey. Y cumpliré con mi deber.
Por dentro estaba temblando.
Por fuera, lograba sostener la mirada.
El general frunció ligeramente el ceño, sorprendido por la firmeza inesperada en una muchacha que muchos consideraban delicada y silenciosa.
Él no respondió de inmediato.
La observó.. Evaluándola.. Midiendo esa valentía recién nacida.
Finalmente, asintió apenas.
General Cromwell: Bien.
Y continuó su camino.
Willow, cuando él ya no podía verla, dejó escapar el aire que llevaba atrapado en el pecho.
Durante los cinco días siguientes, Willow se entregó por completo a una rutina que jamás habría imaginado para sí misma.
Se levantaba antes del amanecer, cuando el palacio aún estaba silencioso y el aire frío hacía temblar las ventanas. Encendía una vela, colocaba el espejo de visión frente a ella y comenzaba a practicar.
Primero, ejercicios básicos.. enfocar la mente, controlar la respiración, dejar que la magia fluyera desde el pecho hasta las manos.
Luego, lo más difícil.. intentar ver destellos del pasado en objetos, rastros de memorias antiguas, fragmentos que pudieran ayudarla en el viaje.
Había días en los que solo conseguía un leve brillo en el espejo.
Otros, una sombra que apenas se formaba.
Pero no se rendía.
Además, repasaba la novela en la que Willow.. aparecía como personaje secundario.
Intentaba recordar cada detalle útil.. qué condados se mencionaban, qué peligros había, qué personajes ocultaban secretos, qué criaturas rondaban los caminos… y, sobre todo, qué eventos estaban conectados con las piedras de seis puntas.
Forzaba su memoria incluso cuando le dolía la cabeza.
Durante esos días, Winston la observaba desde la puerta del taller o desde el umbral de la biblioteca, sin interrumpir.
Veía a su hija.. ahora más madura, más intensa, más segura.. practicando con una determinación que no le había conocido.
Una tarde en que Willow intentaba conjurar una visión más compleja, el espejo exhaló un destello que recorrió la habitación. Willow jadeó, sorprendida por el pequeño avance.
Winston se acercó despacio.
Winston: Tus progresos son… inesperados.
Willow sonrió apenas, sin alardes.
Willow: Solo… quiero estar preparada.
Winston la observó largo rato.
Sus ojos, habitualmente severos, tenían un brillo suave que pocas veces mostraba.
Pero, como siempre, él no dijo lo que sentía.
Se limitó a colocar una mano sobre su hombro, un gesto raro en él pero lleno de significado.
Winston: Continúa así.
Luego se retiró, aunque Willow alcanzó a verlo sonreír mientras salía.
Saber que lo hacía por ella, aunque no lo dijera, le calentó el pecho.
Y así pasaron los cinco días.. entre entrenamiento, recuerdos de otra vida, y la extraña sensación de que por primera vez tenía un propósito propio.
Justo al amanecer del sexto día, cuando el viaje estaba por comenzar, Willow sintió un cosquilleo de nervios recorriéndole el cuerpo.
El general Cromwell estaría ya preparando a su escuadrón.
Y ella… ella estaba lista.