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Joy

Joy

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Romance / Completas
Popularitas:24.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

Al despertar descubre que está casado con otro, con el cual no se lleva muy bien y ahora resulta que es un omega... Joy tendrá que ser valiente y superar los obstáculos.

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Estoy en problemas...

El silencio que rodeaba a Joy no era el silencio vacío de la inconsciencia, sino uno denso, casi palpable, cargado de un aroma que le erizaba los vellos de la nuca. El rítmico tic tac seguía allí, pero ya no parecía el de un hospital. Era el sonido de un reloj de pie, elegante y pesado, que marcaba el pulso de una habitación que se sentía demasiado vasta, demasiado fría.

Joy sintió la suavidad de las sábanas de seda contra su piel, una textura que nunca había experimentado en su vida anterior. Intentó girar el cuerpo, pero el dolor en las muñecas, aunque vendadas, seguía siendo un recordatorio punzante del accidente. Sin embargo, algo era diferente. No era solo el dolor físico; sentía una extraña vibración en la base de su nuca, un hormigueo que subía por su columna cada vez que intentaba respirar profundamente. ¿Dónde estaba Alex? ¿Dónde estaba el ruido de las ambulancias?

Abrió los ojos lentamente. No había techos de hospital ni luces fluorescentes. Se encontró bajo un dosel de madera tallada y cortinas de terciopelo oscuro. La habitación era una declaración de poder y riqueza: muebles de diseño, ventanales inmensos que daban a un jardín privado y un aire de sofisticación que lo hacía sentir como un intruso.

—¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? —Apenas pudo articular. Su voz sonaba diferente, un poco más aguda, más aterciopelada, pero seguía siendo la suya. La sed lo consumía, pero el instinto de supervivencia fue más fuerte.

Al intentar incorporarse, el ardor en sus muñecas lo hizo jadear. Al bajar la mirada, vio las vendas. Eran blancas, inmaculadas, pero bajo ellas sentía una quemadura que no parecía solo física. Se puso de pie con dificultad, sintiendo que el suelo de mármol le robaba el calor de los pies. Tenía que encontrar a Alex. El pánico por su amigo era lo único que lo mantenía cuerdo en medio de esa locura arquitectónica.

—¡¡¡Alex!!! —gritó, su voz resonando en las paredes de la mansión. Se lanzó hacia la puerta principal de la habitación, pero antes de que pudiera tocar el pomo de bronce, la puerta se abrió de par en par.

Joy se congeló.

Frente a él se alzaba un hombre que parecía esculpido por un artista obsesionado con la perfección. Era imponente, de una estatura que Joy calculó rápidamente entre el metro noventa y los dos metros. Tenía los ojos azules, profundos y gélidos, enmarcados por unas pestañas espesas. Su nariz era perfectamente respingada y su mandíbula, tan afilada que parecía poder cortar el aire. Su piel estaba tan cuidada que brillaba bajo la luz tenue, y ni un solo cabello oscuro estaba fuera de lugar. Vestía un traje a medida, una pieza de sastrería exquisita que gritaba autoridad.

Joy, a pesar de su confusión, no pudo evitar preguntarse: "¿Cuánto mide este hombre?". Su presencia era abrumadora, pero no por su belleza, sino por el aura de peligro que emanaba. Al notar la expresión del sujeto, Joy sintió que un escalofrío le recorría la espalda. No había preocupación en esos ojos negros, solo un desprecio contenido y una frialdad que lo hizo retroceder un paso.

-Ya despertaste.- Dijo el hombre. Su voz era profunda, vibró en el pecho de Joy. Se acercó con lentitud y, con un movimiento que pretendía ser posesivo, sostuvo el mentón de Joy.

El contacto físico disparó una alarma en la mente de Joy. Por instinto, retrocedió bruscamente, zafándose del agarre. Sus ojos se abrieron de par en par, buscando cualquier indicio de reconocimiento, pero no encontró nada más que una belleza hostil.

-¿Siii? ¿Nos conocemos?- preguntó Joy, con el corazón en la garganta. Algo en el ambiente, una presión invisible que llenaba la habitación, le advertía que estaba ante un depredador.

El hombre soltó una sonrisa cínica, una mueca que no llegaba a sus ojos y que acentuaba su arrogancia.

-¿Es otro de tus numeritos?- preguntó con un tono cargado de sarcasmo -¿Ahora resulta que ya no me reconoces? ¿Qué sigue después de esto, otro intento de llamar mi atención?-

Joy sintió que la rabia comenzaba a suplantar al miedo. No sabía quién era este tipo, pero no iba a permitir que le hablara así mientras su mejor amigo podría estar muriendo en algún lugar.

-Escúcheme bien, persona que no conozco.- Escupió Joy, irguiéndose a pesar del dolor -No tengo tiempo para sus juegos. No sé quién es usted ni qué hago aquí, pero debo buscar a mi amigo. Muévase.-

Intentó pasar de largo, pero el hombre fue más rápido. Lo sujetó fuertemente del brazo izquierdo, justo sobre las vendas. En ese preciso instante, el mundo de Joy se colapsó. Un olor pesado, denso como el incienso y amargo como la hiel, inundó sus sentidos. Era una presencia invisible que lo aplastaba contra el suelo. Una oleada de angustia, miedo visceral y una desesperación que no le pertenecía lo invadieron. Un dolor de cabeza punzante, como si mil agujas le atravesaran el cráneo, lo mandó directamente de rodillas al mármol.

Joy comenzó a temblar violentamente. El sudor frío empapó su frente mientras miles de imágenes, sonidos y olores se instalaban en su cerebro en una fracción de segundo. Vio fragmentos de una vida que no había vivido: discusiones en cenas elegantes, el olor de feromonas de angustia, la sensación de un corsé apretado, y el rostro de este hombre atractivo mirándolo siempre con el mismo desprecio.

El dolor era insoportable. En ese estallido sensorial, comprendió la verdad más aterradora de todas: su alma había transmigrado. Él no estaba en su cuerpo, o al menos, no en su vida. Había invadido la existencia de otro Joy, un omega atrapado en un matrimonio gélido con un alfa que lo detestaba.

"¿Cómo es posible?", sollozó internamente, apretando los dientes para no gritar.

Pero Joy no era alguien que se rindiera fácilmente. Su mente, forjada en la lucha diaria de su vida anterior, comenzó a trabajar a toda velocidad para procesar la información. No era un simple humano ahora; era un omega. Y este tipo frente a él, su supuesto esposo, era el alfa que lo estaba asfixiando con su presencia dominante.

De golpe, Joy se levantó. El dolor seguía ahí, pero la indignación era mayor. Miró al tipo directamente a los ojos, ignorando la jerarquía que su nuevo cuerpo parecía exigir, y en un acto de pura voluntad, comenzó a soltar sus propias feromonas. No eran dulces ni sumisas; eran feromonas cargadas de un desprecio palpitante, una mezcla de flores silvestres bajo una tormenta eléctrica.

-¿Qué crees que haces?- dijo el alfa, retrocediendo por primera vez. Se tapó la nariz y la boca con un pañuelo de seda, mientras sus ojos mostraban una mezcla de sorpresa y asco. Las feromonas de Joy eran tan potentes y caóticas que el hombre comenzó a sentir náuseas y mareos.

—¡No! ¿Qué crees que haces tú invadiendo mi habitación? —rugió Joy. Cada palabra era un látigo—. ¡Lárgate ahora mismo!-

Antes de que el hombre pudiera reaccionar ante la insolencia de su "esposo", Joy lo agarró del brazo con una fuerza que sorprendió a ambos y lo arrastró fuera del umbral. Le cerró la puerta en la cara con un estruendo que pareció hacer temblar los cimientos de la mansión. El golpe final del cerrojo fue su declaración de independencia.

-¿Quién se cree ese imbécil?- pensó Joy, dejándose caer lentamente hasta que su espalda descansó contra la madera de la puerta -Estoy en un problema enorme... y quiero a Alex conmigo. Necesito a Alex.-

El silencio volvió a reinar, pero ahora estaba cargado de una melancolía profunda. Joy se abrazó a sí mismo, sintiendo la extraña suavidad de sus brazos y el aroma que ahora emanaba de su propia piel.

-Deseo tanto que hayas sobrevivido al accidente...- Susurró, con la voz quebrada -Y si no fue así... ¿Estarás en este mundo? ¿Nos volveremos a ver en esta realidad de alfas y omegas?-

Se puso de pie, decidido a no dejarse vencer por la desesperación. Necesitaba limpiar este cuerpo, quitarse el rastro del aroma de ese hombre y el sudor de la crisis. Caminó hacia el baño, que resultó ser una estancia de lujo con una tina de mármol y grifos pulidos. Se tomaría una ducha larga, muy larga; necesitaba que el agua caliente se llevara los restos de su antigua vida y lo preparara para la batalla que vendría.

Tras la ducha, donde pudo desahogar parte de su angustia entre el vapor y el llanto silencioso, salió con una toalla envuelta en la cintura. Al mirarse en el espejo, se sintió aliviado: el universo, en su extraña crueldad, le había permitido mantener su misma apariencia y su nombre. Era Joy, el mismo Joy de siempre, pero atrapado en una jaula de oro.

Caminó hacia el inmenso armario y abrió las puertas. Lo que encontró lo dejó boquiabierto, pero no de buena manera. Filas y filas de ropa que jamás se pondría.

-¿Qué es todo esto, Joy?- dijo, refiriéndose al anterior dueño de ese cuerpo -Qué gusto tan raro por la moda. No puedo ponerme esto.-

Rebuscó entre las prendas, apartando sedas transparentes y telas que parecían diseñadas para la sumisión. Levantó una prenda que parecía una camisa de encaje tan fino que era casi inexistente. Luego encontró un corsé.

-¿Un corsé? ¿Por qué usaría yo esto?- frunció el ceño con genuino horror -Obviamente debo conseguir ropa nueva.- suspiró -Estoy en problemas...-

Siguió hurgando en los cajones, sintiéndose cada vez más indignado con la vida que este "Joy" llevaba.

-Ay, cariño...- murmuró para sí mismo -si me voy a quedar en este lugar, será vistiendo a mi manera. ¿Y esto? ¿Por qué yo usaría una tanga? Es incómodo, no lo usaré.-

Finalmente, en el rincón más olvidado del vestidor, encontró algo que se acercaba a su estilo: un pantalón de chándal gris y una playera blanca con un estampado de ositos que parecía ser lo único normal en aquel mar de excentricidades. Se vistió rápido, sintiendo que, al menos con esa ropa, recuperaba un poco de su identidad. Ahora, el siguiente paso era entender en qué clase de mundo se encontraba y, sobre todo, encontrar el rastro de la única persona que le importaba: Alex.

⚠️✅️🚫Chikis, estamos arreglando la historia, en ortografía y haciéndola más extenso. No me juzguen si leen algo un poquito incoherente.

¡Besis, besis! 💋

Déjenme algún comentario o pulgar arriba🚫✅️⚠️

1
Laura Graciela Lorca Pavez
me encanta 😻😻😻😻
Skay P.: ¡Gracias Chikis! Seguiremos trabajando duro, para crear más historias maravillosas ✅️😘
total 1 replies
Cobado Balaguer
Me gusta tus historias esta es la segunda que leo(creo🤔) y voy a por la siguiente.
Skay P.: Lo importante es que te guste lo que leas. No importa el orden, amor. Gracias a tus lecturas y reacciones nos das fuerza para seguir creciendo. ⚘️
total 4 replies
Lore Torres
muy buena
Skay P.: Gracias amor😘
total 1 replies
(@®|t0💖💖😁
papasito estás viendo que apenas se le reinicio el Windows y tú vienes y me lo llenas de preguntas pendejas.... 🤗🤗🤗🤗🤗
Skay P.: Pa' que veas cómo son las cosas😄🫰
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Paola Vanessa Davila Salinas
Vaya sorpresa! Una historia cortita pero muy entretenida. Te seguiré leyendo ☺️🥰
Skay P.: Gracias amor! Esta historia fue directo al grano. Espero que disfrutes mis otros trabajos 🫣
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bea yordan
necesitamos la historia del doctor y Derek 🥰🥰🥰🥰
Skay P.: Pronto mi corazón🥰
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Lizeth Garcia
Me gustó 🥰
Skay P.: Gracias linda!
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ary
uuf recomendada 💯
Skay P.: Gracias lindura🥰
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Abuelita Pateyro
jajajaja jajajaja seguro murió y reencarnó en otra persona, por eso no hay boda. 🤪🤪🤪
Abisiya
presa de su propio juego
Abisiya
Joy: *respira*
Damon: LLAMEN AL DACTOIIOR 😭😭👏👏👏
Skay P.: Así de exagerado es🫣
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Abisiya
ya se le safaron varios
Skay P.: Pa' que veas🫣
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Paola Tello
muchas gracias hermosa tu historia y si me gustaría la historia de sus amigos 🥰
Skay P.: Trabajando!!💏🫣
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Luci🥰
JAJJAJAJAJAJAJ🤣🤣🤣🫦
Abisiya
wey t amo
Ema♡
💗💗
Skay P.: Gracias por tu apoyo 🥰
total 1 replies
Pao Cisnerosmar
👍🏽👍🏽👍🏽
Skay P.: Gracias por tu apoyo 😘🫰
total 1 replies
Yenyfer Ospino
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
isisM.
oviooooooo que siiiiii
isisM.
esoooo es primioooooo
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