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Tu infidelidad, tu ruina

Tu infidelidad, tu ruina

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:96.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

Andrea Montalvo dedicó veinte años de su vida a construir un imperio empresarial junto a su esposo, Rodrigo Villareal. Renunció a su sueño de ser madre para sostener la empresa que los sacó de la nada y los convirtió en una de las parejas más poderosas del mundo de los negocios. Creía que su sacrificio era la prueba más grande de amor.

Hasta que una serie de fotos anónimas le reveló la verdad: Rodrigo llevaba cinco años manteniendo una relación con una mujer más joven, Sofía, con quien ya tenía un hijo y otro en camino.

Otra mujer habría llorado, suplicado o exigido el divorcio. Andrea, no. Andrea decidió destruir.

Con la frialdad de quien lleva dos décadas tomando decisiones multimillonarias, diseñó un plan implacable: si no podía quedarse con la empresa que ella misma levantó —porque la ley obligaba a repartir los bienes gananciales—, entonces se aseguraría de que no quedara nada que repartir. Provocó la quiebra total del Grupo RA, redujo a cenizas el patrimonio que Rodrigo planeaba disfrutar con su amante, y salió caminando sobre los escombros sin voltear atrás.

Pero la venganza fue solo el comienzo.

Mientras Rodrigo se hunde en una espiral de miseria, alcoholismo y violencia, Andrea descubre que su pasado esconde un secreto mucho más grande que cualquier traición conyugal: la verdad sobre sus orígenes, una familia biológica que la creyó muerta durante cuarenta y cinco años, y un hombre que la ha amado en silencio desde que eran niños.

Entre la justicia y la compasión, entre el rencor y la posibilidad de volver a amar, Andrea deberá decidir qué clase de mujer quiere ser cuando los escombros se asienten.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

34

Andrea echó la silla hacia atrás con gesto despreocupado, se levantó y se marchó sin volver a mirarlo, dejándolo todavía desplomado en el suelo del restaurante.

Rodrigo recobró la conciencia cuando ella ya estaba lejos. Sus ojos vacíos se encendieron de golpe.

No... No puedo dejarla ir así. Tengo que conseguir que me perdone, gritó para sus adentros.

Se levantó de un salto y corrió tras ella, que ya estaba a punto de alcanzar la puerta principal del restaurante.

—¡Espera! ¡Cariño, espera un momento! —gritó mientras corría con todo lo que le daban las piernas. Al alcanzarla, le agarró la muñeca con fuerza, obligándola a detenerse.

Andrea se quedó quieta, esperando, pero sin dignarse a voltear.

—¿Qué más quieres? —preguntó con voz plana, soltándose de un tirón—. Y no me llames "cariño". Me da asco escucharlo.

—Sé que todo lo que ha pasado es culpa mía —dijo Rodrigo con tono lastimero, cargado de arrepentimiento—. Pero te lo ruego... dame una oportunidad más para arreglarlo. Te prometo que voy a cambiar, que voy a ser un buen esposo. Te lo voy a demostrar.

—¿Cambiar? ¿Oportunidad? —repitió Andrea girando el cuerpo lentamente hasta quedar frente a él. Lo contempló con frialdad, sin un solo rasgo de compasión.

—Ya te lo dije al principio de nuestra relación: lo que más detesto es la traición. Y ahora te lo repito: no hay segunda oportunidad para un traidor —sentenció, y volvió a darle la espalda para seguir caminando.

Pero otra vez Rodrigo la sujetó.

—¡Espera! ¿A dónde vas? ¿Dónde estás viviendo? ¿Será cierto lo que sospecho? ¿Tienes ahorros escondidos que me ocultaste? ¿Me estuviste engañando? —las preguntas le salieron en ráfaga.

Andrea giró la cabeza y lo midió con una mirada sardónica, recorriéndolo de arriba abajo. Estaba deplorable. Y sonrió satisfecha.

—¿Otra vez se te olvida? —dijo con soltura—. Yo no tengo dinero. Pero tengo una amiga generosa y leal, tengo un hermano que me da lo que le pido, y tengo una red de contactos que estarían encantados de ayudarme.

Rodrigo se quedó mudo. Todo lo que Andrea decía era cierto, y él lo sabía.

—En vez de preocuparte por dónde estoy y dónde vivo, ¿por qué no te preocupas por tu amante? ¿No está a punto de dar a luz? —le dijo Andrea. Cuando ese momento llegue, les voy a dar un regalo muy especial, completó en silencio.

Se dio la vuelta para marcharse, pero a los pocos pasos se detuvo y añadió:

—Ah, y una cosa más. Si algún día quieres regalarme flores, que no sean flores que se marchitan, se secan y terminan en la basura. Esas no me gustan. Las únicas flores que me interesan son las de los estados de cuenta. Rojas. Y en grandes cantidades.

Sin esperar la reacción de Rodrigo, retomó su camino con elegancia.

Rodrigo la vio alejarse con los ojos vacíos, como si el alma se le hubiera ido con ella. Se quedó clavado en su sitio mientras Andrea atravesaba el estacionamiento hasta llegar a su auto.

Entrecerró los ojos. Junto al coche de lujo de Andrea, un hombre apuesto, bien vestido y con porte distinguido la estaba esperando. Ese hombre al que hacía poco había identificado como Adrián, el hermano de Andrea, esbozó una sonrisa amplia al verla llegar. Su cuerpo, que se apoyaba contra la carrocería, se irguió de inmediato. Le abrió la puerta y la invitó a entrar con el gesto de un caballero. Algo que Rodrigo nunca había hecho. Porque antes, aunque fueran juntos en el mismo auto, siempre dejó que Andrea se abriera la puerta sola.

Rodrigo se quedó rígido, golpeado por la evidencia de su propia estupidez. Los pequeños gestos que un día desestimó le estallaban ahora en la cara. Para cuando quiso hacer algo romántico por su esposa, ella ya estaba demasiado lejos.

Salió del restaurante arrastrando los pies. Los hombros que antes llevaba siempre erguidos se le hundían, como si ya no pudieran sostener el peso de su vida. El miedo y la confusión se le fundieron en una masa indistinguible, y sin darse cuenta, las lágrimas empezaron a rodarle por las mejillas. Lágrimas de derrota absoluta. Ya no sabía qué hacer ni a quién recurrir.

Con las manos temblando, encendió el motor y condujo de vuelta al Grupo RA. El trayecto se le hizo interminable y tortuoso, como si cada segundo lo acercara un poco más al borde del precipicio.

*

Minutos después, el auto estacionó en el patio de la empresa. Darío, que llevaba un buen rato caminando de un lado a otro esperándolo, corrió a su encuentro.

—¿Cómo le fue, señor? ¿La señora Andrea aceptó ayudar? —preguntó con la voz temblorosa, aferrado a la esperanza de escuchar una noticia que los salvara a todos.

Rodrigo no respondió. Siguió caminando con la mirada perdida, escoltado por las miradas curiosas de los empleados que cruzaban el pasillo. Su alma parecía haberse quedado en el restaurante.

Darío, ignorado por completo, se quedó desconcertado.

Rodrigo avanzó hasta el ascensor, presionó el botón, entró solo. Cuando las puertas se cerraron, su cuerpo resbaló contra la pared de acero frío. En ese silencio metálico, el llanto le estalló por fin, confirmando que el hombre que un día fue tan soberbio y poderoso ahora había tocado el fondo absoluto.

Entró en su despacho con la mirada todavía hueca, se dejó caer con todo su peso en el sillón ejecutivo, la espalda vencida contra el respaldo, la cabeza colgando, las manos aferradas a los apoyabrazos. Abrió los ojos despacio y recorrió la oficina. Ese despacho lujoso que alguna vez fue el emblema de su gloria ahora se sentía como una jaula donde aguardaba el veredicto de su destrucción.

Unos minutos después, la puerta se abrió de nuevo. Darío entró con cautela, la cerró a sus espaldas y observó a su jefe, que lucía peor que cuando se había ido. Se acercó con cuidado y reunió el valor para preguntar.

—¿Qué pasó, señor? ¿Cómo fue la reunión con la señora Andrea? —susurró con la poca esperanza que le quedaba, aunque el corazón ya le anticipaba la respuesta que no quería oír.

Rodrigo no contestó. El silencio se adueñó del cuarto. Solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado y el tictac del reloj en la pared. Hasta que, después de un largo instante, un murmullo brotó de sus labios.

—Se acabó... todo se acabó. No queda nada... Ni esperanza, ni salida. Todo lo que un día tuve está a punto de derrumbarse. ¿Cómo hago para salvar algo de esto?

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Maria Dolly Arenas Arenas
nooooo
Maria Dolly Arenas Arenas
excelente me encanta
Maria Dolly Arenas Arenas
excelente
Gabriela Vargas
Me gusta mucho, pero hubo en algunos momentos se volvía un poco aburrido pero todo lo demás me gusto 💯💯
veritoo❤️
jajajajajaja..m volví loca revisando mi internet..apagando y prendiendo mi móvil y resulta q a todos les pasó lo mismo..un apagón simultáneo jajajajaj..q lastima iba muy bna
Dinorah Morales
excelente novela muchas gracias, tuvo de todo y sobre todo amor aunque nos faltó un poco de pasión ehhh pero quedé encantada, mil gracias 👏👏👏👏👏
maria fernanda ortega ruiz
ahora le toca hundir a la bruja dela suegra 🤣🤣🤣
maria fernanda ortega ruiz
que respeto por ser tu esposa si tú solo la has usado como cajero de banco
maria fernanda ortega ruiz
recoge lo que sembró.... lo tuvo todo y por ser un sinverguenza se quedó sin nada🤣🤣🤣
maria fernanda ortega ruiz
los malditos suegros esto se pone interesante 👏👏
maria fernanda ortega ruiz
que arda troya🤣🤣🤣
Claudia Kassar
No se si reír o llorar 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Claudia Kassar
Le salieron caros esos cuernos 🤣
Claudia Kassar
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Cequea
yo tampoco
Diana Carolina Moran Abad
cada ves me sorprende cada capitulo
Diana Carolina Moran Abad
asu quede asi
Diana Carolina Moran Abad
que fue todo eso
Diana Carolina Moran Abad
que fue todo eso
Ána Farias Caroca
😭😭😭😭😭😭😭/Sob//Sob//Sob//Sob//Cry//Cry//Cry//Cry//Cry//Cry//Cry/
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