Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Mis dos hijos
En la casa de Louis.
—Cielo, ¿qué quieres comer? ¿Sushi, comida italiana, francesa...? —preguntó Carolina con curiosidad.
Louis la miró serio.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, notando su expresión.
—¿Por qué eres así? —cuestionó él, enojado.
—¿Así cómo? —Carolina no entendía.
—Trataste mal a mi hijo. ¿Crees que no se dio cuenta? Su madre tampoco.
Carolina soltó una risa.
—Ay, por favor. Se nota que es una cualquiera.
Louis endureció la mirada.
—Ella no es nada de eso. Yo fui el culpable de lo que pasó. Yo la embaracé. Ella me dejó ir para que pudiera cumplir mis sueños.
Carolina lo miró fijamente.
—¿Qué te pasa? Tú nunca me habías hablado así. Seguro esa mujercita te llenó la cabeza. Viene, te dice que es tu hijo y tú simplemente lo aceptas.
—Ya déjame en paz, Carolina. En Estados Unidos me atormentas y aquí también.
En ese momento con Agustina y Leo en la calle.
—Mamá, ¿por qué nos vamos de la casa de papá? —preguntó.
—Porque sí, hijo. Camina.
La pequeño miró hacia atrás.
—Mami, hoy papi me iba a llevar a mi escuela...
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—No va a poder —respondió Agustina, seria.
Leo se quedó parada.
—¡No! ¡Yo quiero a mi papá! —gritó mientras comenzaba a llorar.
—Leo... No puedes hacer eso. No grites. ¿Te acuerdas de que te operaste?
—¡Ya déjame! —lloró.
En ese momento apareció alguien.
—¿Qué pasa?
Leo corrió hacia él.
—¡Andrés! —lloró mientras lo abrazaba—. Mami es mala. Me sacó de la casa de papá.
—No, no llores —Andrés le secó las lágrimas—. Te puedes lastimar. Estás operada hace muy poco.
El niño comenzó a llorar todavía más fuerte.
—Leo, cálmate.
Andrés la abrazó.
—Yo quiero... quiero a mi papá —sollozó.
Horas después
Llegaron al jardín.
—Hola, Leo. ¿Qué pasó? ¿Por qué tienes esa carita tan roja? —preguntó la maestra con curiosidad.
—Es por papi... —respondió Leo con un suspiro antes de entrar.
Andrés miró a Agustina.
—Sabía que iba a pasar esto —murmuró ella, frustrada.
—¿Qué cosa? ¿Louis hizo algo? —preguntó Andrés, serio.
—No. Su esposa trató a mi hijo como si fuera un desconocido. Mi hijo no va a ser tratado como un desconocido.
Andrés apretó suavemente su mano.
En el jardín
Leo estaba triste, dibujando en silencio.
La señorita se acercó.
—¿Qué pasa, Leo?
—Nada, señorita.
Continuó dibujando.
La maestra observó el dibujo.
—¿Y ellos quiénes son?
—Este es mi mamá, este es Andrés, esta es la tía Mónica... —explicó mientras seguía dibujando—. Y mi papá y mi hermana.
La maestra levantó las cejas.
—¿Cómo que tu papá y tu hermana?
Antes de que Leo pudiera responder, otro niño se metió en la conversación.
—¿Ese que va a tener papá y hermana? —se burló—. Deja de inventar mentiras.
Leo levantó la mirada, molesto.
—¡No estoy mintiendo! Tengo papá y una hermana.
Horas después, Leo seguía triste.
Cuando llegó la hora de salir, pensó que estaría su mamá esperándolo.
Hasta que escuchó unos murmullos.
De repente, una niña llegó corriendo.
—¡Leo, Leo! —sonrió.
—¿Qué pasa, Elena?
La niña tomó su mano.
—Mira. Hay un chico súper genial y una niña con él. Ven.
Lo llevó corriendo hacia la salida.
Cuando Leo apareció, allí estaba Louis con Erica.
—¡Wow! Mira ese coche —exclamó uno de los niños.
Louis caminó hacia ellos con Erica de la mano. Se quitó los lentes y se colocó frente a Leo.
—Hola, hijo —sonrió.
Leo lo miró, pero no se acercó rápidamente.
Louis notó su actitud.
—¿Qué pasa, hijo?
Leo dudó por un momento.
—Leo... —llamó Erica, extendiendo su pequeña mano.
El niño la miró y finalmente tomó su mano.
Louis sonrió.
—¡Así me gusta!
Levantó a los dos niños en brazos.
Después los llevó a un restaurante.
El ambiente era lindo y tranquilo.
—Hijo, ¿quieres una hamburguesa? —preguntó Louis.
Leo asintió y luego miró a Erica.
—Papá, quiero papas.
—Claro, Erica —respondió Louis con una sonrisa mientras le apretaba suavemente el cachete.
Leo bajó las manos hasta la mesa y comenzó a jugar con ellas, un poco nervioso.
—Espérenme aquí. Voy a pedir la comida.
Louis se levantó.
Leo miró a Erica.
—Erica...
La niña lo observó.
—¿Cuántos años tienes?
—Mmm... tengo tres. Casi cuatro. ¿Y tú? —preguntó ella, curiosa.
—Yo tengo cinco años —respondió Leo, tímido—. Yo soy tu hermano mayor.
La niña sonrió.
—Qué bien... Tener un hermano.
Después, Louis regresó con la comida.
—Listo. Aquí están las papas de Erica y las hamburguesas sin pepino para Leo.
Leo lo miró sorprendido.
—¿Cómo sabes que no me gustan los pepinos?
Louis sonrió.
—Bueno, a mí tampoco me gustan.
Les entregó sus refrescos.
Leo comenzó a comer.
De repente, Erica dejó caer algunas papas con mostaza sobre su vestido.
—¡Mi vestido, papi! —hizo un pequeño puchero.
Louis se acercó inmediatamente y comenzó a limpiarla.
—Ten más cuidado, princesa. Después lo limpiamos.
También le limpió la carita.
Leo observó la escena.
Se notaba un poco incómodo.
—Papi... —susurró.
Louis levantó la mirada.
—¿Qué pasa?
—A mí también se me cayó mi comida en mi ropa —admitió Leo, tímido.
Louis le dedicó una sonrisa.
—Ven.
Leo bajó de su silla y se acercó.
Louis comenzó a limpiarle la ropa.
—Papi, Leo es muy tierno —comentó Erica con una sonrisa.
—También eres muy distraído, como Erica —bromeó Louis mientras le despeinaba el cabello.
Leo comenzó a tomar un poco más de confianza.
Después de comer, subieron al auto y Louis comenzó a conducir.
—Oye, Leo —Erica se giró hacia él—. ¿Quieres hacer muñecos de nieve?
Leo abrió los ojos.
—¿En serio? ¿Podemos hacer eso?
—No lo sé, niños. Hace frío —respondió Louis mientras conducía.
Los dos hicieron ojitos de gato.
Louis intentó resistirse, pero finalmente no pudo.
—Está bien.
Bajaron en un parque, bien abrigados.
—Mira, Erica. ¿Tú sabes hacerlos? —preguntó Louis.
—Más o menos.
La niña hizo una pequeña bolita de nieve.
Louis sonrió.
—Miren lo que les compré.
Sacó unas cosas con forma de patos.
Los niños las tomaron y comenzaron a hacer figuras de nieve con forma de patitos.
—A ver, niños.
Louis sacó su teléfono y les tomó una foto.
Sonrió al verlos juntos.
Leo y Erica
Horas después, los dos niños terminaron dormidos.
En casa de Agustina
Agustina estaba cocinando con la música a todo volumen.
—Mmm... —sonrió mientras continuaba con la comida.
Mientras tanto, Cristian estaba en la sala mirando la televisión.
Poco a poco comenzó a quedarse dormido.
En ese momento, tocaron la puerta.
Cristian se levantó.
—Será que ya vino... ¿Leo?
Abrió.
Y allí estaba Louis, con Leo dormido entre sus brazos.
La sonrisa de Louis desapareció al ver a Cristian.
Cristian intentó tomar a Leo, pero Louis no se lo permitió de inmediato.
—¿Quién eres tú? —preguntó Louis, serio.
Leo abrió los ojos lentamente.
—Papá... Cristian.
El niño estiró los brazos hacia su tío y lo abrazó.
Louis finalmente se lo entregó.
—Ven, campeón. Gracias por cuidarlo. Perdón, Agustina tiene cosas que hacer.
Cristian tomó a Leo en brazos.
Louis se dio la vuelta y cerró la puerta.
Volvió a su auto.
Antes de subir, miró hacia la ventana.
Agustina estaba dentro de la casa, cantando mientras cocinaba.
Louis sonrió.
En ese momento, Erica se movió en el asiento trasero.
—¿Papi? ¿Y Leo? —preguntó, todavía medio dormida.
Louis encendió el auto.
—Está en su casa. Ya lo volveremos a ver.
Y comenzó a conducir.