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La esposa que despreciaste Ahora es capitana

La esposa que despreciaste Ahora es capitana

Status: Terminada
Genre:Oficina / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:126.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.

"Me da asco con solo mirarla."

Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.

Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.

Y hay alguien que lo nota.

César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."

Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 34

Tres meses después...

Aquella tarde, Adrián estaba de pie frente a la casa de los padres de Leya. La casa se sentía mucho más silenciosa que unos meses atrás, cuando se celebró la boda. No había risas familiares, no había bullicio.

Adrián sostuvo un sobre entre las manos durante un buen rato antes de finalmente tocar la puerta.

Unos instantes después la puerta se abrió; Doña Sofía estaba allí.

La mujer pareció sorprendida.

—¿Adrián?

Adrián agachó la cabeza de inmediato.

—Disculpe... la molestia, señora.

Doña Sofía observó a su exyerno un momento antes de preguntar:

—¿Vienes a ver a Leya?

Adrián negó con la cabeza despacio.

—Quiero ver a Mateo.

Doña Sofía dejó escapar un pequeño suspiro.

—¿No lo sabes?

—¿Saber qué?

—Leya se mudó hace tres meses. Después de la boda, mi yerno se la llevó a vivir a su propia casa. Y Mateo también se fue con ellos.

Adrián no dijo nada; en el fondo ya lo suponía. Pero aun así resultaba extraño escucharlo directamente.

—Ya veo...

—Hace mucho que no visitas a Mateo. ¿Quieres ir a verlo ahora?

Adrián negó con la cabeza y levantó el sobre que traía en la mano.

—Solo quería dejar esto.

—¿Qué es?

—Dinero... para Mateo.

Doña Sofía negó de inmediato.

—No es necesario.

—Señora...

—Mateo está muy bien atendido.

Adrián lo sabía; sabía que César era capaz de darle todo a su hijo. Pero aun así volvió a extender el sobre.

—Es mi responsabilidad, señora —dijo Adrián en voz baja, casi suplicante—. Lo sé, llegué tarde, porque tuve que empezar de cero. Pero al menos... ahora quiero aportar un poco de lo que gano con mi trabajo, aunque no sea mucho.

Doña Sofía todavía dudaba.

Adrián terminó por poner el sobre en las manos de la mujer.

—Señora... por favor. Aunque yo ya no esté en la vida de Mateo... sigue siendo mi hijo.

Doña Sofía finalmente lo aceptó.

—Gracias, señora —Adrián retrocedió un paso—. Si algún día Mateo pregunta por mí... no le diga nada. Yo no merezco ser su padre...

Doña Sofía permaneció en silencio.

Adrián agachó la cabeza.

—Perdón... por todo.

Y entonces el hombre dio media vuelta y se fue.

* * *

Esa noche, la casa donde vivían Leya y César aún tenía las luces encendidas; el reloj marcaba casi las once.

La puerta se abrió con un sonido suave y César entró con paso cansado. Todavía llevaba puesto el uniforme de piloto, impecable sobre su cuerpo. Pero en cuanto llegó a la sala se detuvo en seco. Leya estaba allí; su esposa también vestía aún el uniforme de piloto.

Leya acababa de llegar y su expresión dejaba claro que estaba molesta.

—¿Apenas llegas? —preguntó César.

Leya lo miró con dureza.

—Tú también.

—Pensé que ya estabas dormida —César se quitó la gorra de piloto.

—Aterricé hace dos horas —la voz de Leya sonó cortante.

César se sorprendió un poco.

—No me avisaste.

Leya soltó una risita, pero no fue una risa cálida.

—Gracioso, ¿no?

—¿Qué?

—Que somos marido y mujer... y tenemos que enterarnos de nuestros horarios por la oficina.

César exhaló un suspiro.

—Leya...

—Llevamos una semana sin comer juntos —Leya miró a su esposo con fijeza—. Ni siquiera para saludarnos tenemos tiempo.

César dejó su maleta en el sofá.

—Los dos somos pilotos.

—Sí, ya lo sé.

Leya cruzó los brazos.

—Pero estar casados... no significa vivir como dos tripulantes de la aerolínea que por casualidad comparten la misma casa. Ni siquiera sé cuándo vuelas ni cuándo puedes volver.

El tono de la mujer empezó a subir.

César también se dejó arrastrar; su rostro se endureció.

—¡Porque los horarios cambian todo el tiempo!

—¡Entonces para qué nos casamos, si ni siquiera hay tiempo para vernos! —respondió Leya con la voz igual de alta.

El ambiente se tensó al instante; durante unos segundos solo se miraron en silencio.

—¿Te arrepientes de haberte casado conmigo? —preguntó César.

—¡No! Pero estoy un poco agotada... —Leya respondió de inmediato; se frotó el rostro—. Volar todo el día y luego llegar a una casa vacía. A veces hasta se me olvida que tengo esposo.

César se quedó callado.

Leya continuó, mirando a su esposo.

—César... amo mi trabajo, y tú lo sabes. No voy a dejar de volar solo porque me casé.

—Yo nunca te pedí que dejaras de hacerlo —dijo César, suavizando la voz.

—Pero tampoco puedo seguir viviendo así contigo —replicó Leya.

El silencio volvió a llenar la sala.

—Nos casamos porque nos amamos. Pero ahora... nos vemos más seguido en el aeropuerto que en la casa —prosiguió ella.

César soltó un largo suspiro y caminó hacia Leya. Solo les faltaba comunicarse mejor, y por eso habían terminado en un malentendido.

—Entonces, según tú... ¿quién debería dejar de volar?

—No es eso lo que quiero decir —respondió Leya al instante.

—¿Entonces qué?

—Solo quiero que tengamos tiempo como familia. Los dos compartimos el mismo sueño. Pero ahora... también somos marido y mujer.

Esas palabras dejaron pensativo a César por un buen rato; de pronto soltó una risa suave.

Leya frunció el ceño.

—¿Qué es lo gracioso?

—Acabo de darme cuenta de algo —César negó con la cabeza.

—¿De qué?

—De que hasta para pelearnos seguimos con el uniforme de piloto puesto.

Leya finalmente cayó en la cuenta; bajó la mirada hacia su propio uniforme y también se echó a reír.

—Mi amor... —César tomó la mano de su esposa y la apretó con fuerza.

—¿Hmm?

—Voy a dejar de volar.

—¿Qué?

—Voy a asumir el cargo de director general de la aerolínea a tiempo completo. Al fin y al cabo... tarde o temprano tenía que hacerlo.

Leya negó con la cabeza enérgicamente.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque volar es tu sueño.

—Ya cumplí mi sueño, mi amor. Sigo queriendo el cielo... pero ahora —César miró a Leya con ternura— te quiero más a ti.

Leya se quedó en silencio, pero los ojos se le llenaron de lágrimas de emoción.

—Además, si los dos seguimos volando... Mateo va a crecer con dos padres que siempre se van.

Leya bajó la mirada; sabía que César tenía razón. Pero aun así...

—No hagas esto solo por nuestra pelea.

César negó con la cabeza.

—En realidad, ya lo venía pensando desde hace tiempo. Ahora, tú sigue volando. Y yo... voy a ser quien siempre te espere.

Leya frunció el ceño.

—¿Hablas en serio?

—En serio.

Leya le dio un golpecito en el brazo.

—Tú... me haces sentir culpable.

César rio bajito y atrajo a Leya hacia un abrazo.

—No estoy cediendo, mi amor.

—¿Entonces qué?

César le susurró al oído mientras le acariciaba el cabello.

—Los pilotos también necesitan un lugar donde aterrizar. Y mi lugar ahora... es aquí, contigo.

La pelea terminó de la forma más dulce. Los dos se abrazaron con calidez, como si toda la discusión y los malentendidos de hacía un momento se fueran desvaneciendo poco a poco. Leya fue la primera en besar los labios de su esposo; le rodeó el cuello con ambos brazos. Sin decir una palabra más, César levantó a Leya en brazos y la llevó hacia la habitación.

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LILIANA FRANCO
me encanto pero quisiera saber si hay segunda parte
Andrea Pupo
no se llamaba violeta?
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
me encanto felicitaciones
Viviana Ortiz
🤭🤗
Maria Drpic Gallardo
realmente hermosa la historia, tubo de todo y al final triunfo el ❤️🇨🇱🇨🇱🇨🇱
ysabel cecilia contreras
Lamentablemente hay mucha gente que le encanta destruir a los buenos
Viviana Ortiz
😏🤗
Viviana Ortiz
😏 Psicología inversa le llaman 🤣
Viviana Ortiz
A Vanessa no le sale ni una 🤦🏽‍♀️ No quería volver hacer la causante de la destrucción de Adrián... Y ahí va otra vez vuelve y juega por culpa de ella 🙈
Zaida Sanchez
me gustó muchísimo la verdad 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Viviana Ortiz
uffff! eso si que dolió 😏
ysabel cecilia contreras
Buena vaina todas las mujeres de obsesiona por Adrián la Sara sabe el poder y el propósito de su padre y sigue insistiendo
Viviana Ortiz: Y en qué momento la historia giró hacia Adrián... 😏 El hombre de oro 🪙 o qué 🤣
total 1 replies
Estrella Reyes Reyes
QUE,MIE,,,,D,,,A,LES PASA A LAS MUJERES,AL QUE TIENE QUE GOLPEAR ES AL MARIDO,ÉL LA TRAICIONO,ESA POBRE PIRUJA SOLO QUIERE SOBREVIR,YO LE HABRIA VOLADO La cabeza a mi marido,y,el divorcio,con todo lo que pueda sacar y una venganza,que no olvide,lo dejaria eunuco
Gladys Baldallo: quien te traiciona es tu esposo o novio pues es quien te debe fidelidad... no la otra!
total 1 replies
ysabel cecilia contreras
Sinceramente espero que Adrián y Vanessa sepan levantarse de nuevo
Viviana Ortiz
Este capítulo estuvo genial 🤭🤣
ysabel cecilia contreras
Me imagino que la droga
Zaida Sanchez
esa mujer no aprende🤬va a seguir haciendo dañó 😡
Maria Drpic Gallardo
🌈🌞🥟🦪🍰🥧🍦🍨🫗🍾🥂🍻🍺🍹🍸🎂🛝🛬🛫🎢🛝🎡🗼🗽🕍🕌🇨🇱🇨🇱🇨🇱
ysabel cecilia contreras
Hola soy fanática de noveltoom y son muchas las historias donde la mujer se anula por sus propias decisiones y cuándo fracasa no reconoce su error echándole la culpa a otros de sus propias decisiones. las personas debemos aprender a no hacer sacrificios por otro mucho menos si nos perdemos a nosotras mismas en el proceso 🥰🥰🥰🙏
Zaida Sanchez
que bueno a las cosas se están enderezando 🤗
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