Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
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Capítulo 5: Una alianza entre sombras
La noticia sobre la existencia de la Orden Carmesí cambió por completo la dinámica dentro de la mansión De Luca.
Durante años, las familias mafiosas de Valdoria habían vivido bajo una regla no escrita: podían enfrentarse entre ellas, robarse territorios y destruir negocios enemigos, pero existía un límite.
Una guerra total significaba la destrucción de todos.
Sin embargo, la Orden Carmesí no seguía reglas.
No quería convertirse en la familia más poderosa.
Quería borrar a todas las demás.
Y ahora habían dejado claro su primer movimiento.
Cuervo Negro.
Adrián De Luca permaneció en su despacho observando los documentos que Noah había encontrado. La habitación estaba iluminada únicamente por una lámpara sobre el escritorio, dejando que las sombras cubrieran gran parte del lugar.
A simple vista parecía tranquilo.
Pero quienes lo conocían sabían que esa calma era peligrosa.
Cuando Adrián permanecía demasiado callado, significaba que estaba calculando cada posibilidad.
—Llevas cuatro horas mirando esos papeles —dijo una voz desde la puerta.
Adrián no levantó la mirada.
No necesitaba hacerlo para saber quién era.
—Y tú llevas cuatro horas fingiendo que no estás preocupado.
Noah entró lentamente.
Aún no se acostumbraba a que Adrián pudiera leerlo con tanta facilidad.
—No estoy preocupado.
Adrián soltó una pequeña sonrisa irónica.
—Eres mal mentiroso.
Noah se acercó al escritorio.
—No todos tenemos años de práctica fingiendo que no sentimos nada.
La frase quedó suspendida en el aire.
Adrián levantó la mirada.
Durante un momento, ambos simplemente se observaron.
Era extraño.
Noah había pasado de ser un enemigo capturado a una de las pocas personas capaces de hablarle sin miedo.
Y Adrián no sabía si eso le molestaba o le resultaba interesante.
—La Orden Carmesí tiene información sobre todas las familias —dijo Noah, rompiendo el silencio—. Si consiguieron esos archivos, significa que alguien dentro de las organizaciones les ayudó.
Adrián asintió.
—Un traidor.
—Exactamente.
Noah tomó una carpeta.
—Pero hay algo que no entiendo.
—¿Qué?
—Si querían destruir Cuervo Negro, ¿por qué atacarme a mí?
Adrián permaneció serio.
Esa era la pregunta que también llevaba horas intentando responder.
Porque tenía sentido atacar a un enemigo.
Pero Noah no era una amenaza para ellos.
Al menos no directamente.
—Quizá no querían matarte.
Noah frunció el ceño.
—¿Entonces?
Adrián se levantó.
Su altura hizo que Noah tuviera que alzar ligeramente la mirada para verlo.
—Quizá querían que llegaras hasta mí.
Aquella posibilidad cambió todo.
Noah entendió inmediatamente.
—¿Usarme como una puerta?
—Sí.
La expresión de Noah se endureció.
La idea de haber sido una pieza más dentro de un juego que no comprendía le provocaba rabia.
Adrián lo notó.
Y aunque no era alguien acostumbrado a consolar a otros, hizo algo inesperado.
Sirvió dos vasos de whisky y le entregó uno.
Noah miró el vaso.
—¿Esto es una celebración porque casi nos asesinan?
—Es una forma de aceptar que la noche pudo haber sido peor.
Noah tomó el vaso.
—Nunca pensé que terminaría tomando con mi captor.
Adrián bebió un poco.
—Nunca pensé que tendría a un Salvatore ayudándome.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Noah.
Fue breve.
Pero Adrián la notó.
Y por alguna razón desconocida, quiso verla otra vez.
Los días siguientes fueron una mezcla extraña.
Noah comenzó a trabajar junto al equipo de Cuervo Negro.
Al principio, nadie confiaba en él.
Cada movimiento era vigilado.
Cada palabra era analizada.
Pero poco a poco comenzaron a reconocer algo.
Noah era brillante.
No tenía la fuerza física de los hombres que trabajaban para Adrián, pero su mente era una de sus mejores armas.
Era capaz de encontrar patrones donde otros solo veían caos.
Una noche, durante una reunión, corrigió un informe que varios miembros habían revisado durante horas.
—El ataque no vino desde el exterior —explicó Noah señalando un mapa—. Quien lo hizo conocía los horarios de seguridad.
Uno de los hombres cruzó los brazos.
—Eso significa que alguien de aquí está involucrado.
Noah asintió.
—Sí.
Todos miraron alrededor.
La desconfianza comenzó a crecer.
Adrián permaneció en silencio hasta que habló.
—Nadie abandona esta sala.
La orden fue clara.
Todos obedecieron.
Noah miró a Adrián.
—¿Sospechas de alguien?
—Sospecho de todos.
La respuesta era muy de Adrián.
Pero esta vez Noah entendió algo.
No era paranoia.
Era supervivencia.
Esa madrugada, Noah no podía dormir.
Había demasiadas preguntas en su cabeza.
Su familia.
La traición.
La Orden Carmesí.
Y Adrián.
Especialmente Adrián.
No entendía por qué aquel hombre despertaba tanta curiosidad en él.
Era peligroso.
Frío.
Alguien de quien debería mantenerse alejado.
Pero había visto algo que nadie más parecía conocer.
Una parte de Adrián que escondía detrás de esa máscara de líder perfecto.
Soledad.
—Pensé que los estrategas dormían más.
La voz de Adrián lo hizo girarse.
El hombre estaba parado junto a la ventana.
—¿También vigilas si tus prisioneros duermen?
—Solo a los que podrían meterse en problemas.
Noah sonrió.
—Entonces estás preocupado por mí.
Adrián lo miró fijamente.
—No confundas las cosas.
Pero ninguno de los dos pudo negar que algo estaba cambiando.
Lentamente.
Peligrosamente.
Continuará