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Dejarte ir no fue olvidarte

Dejarte ir no fue olvidarte

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Doctor / Casarse por embarazo / Completas
Popularitas:43k
Nilai: 5
nombre de autor: Aisyah Alfatih

Sara Almeida creyó que lo había dejado todo atrás: el amor, el dolor y la vida que pudo haber tenido junto a Santiago Montero. Cinco años después de una ruptura que le destrozó el alma, Sara ha reconstruido su mundo desde cero. Tiene una floristería modesta, una voluntad de hierro y un hijo de cuatro años llamado Sergio, cuya risa es capaz de iluminar hasta el día más oscuro.

Pero una noche de emergencia en el hospital lo cambia todo.

Santiago, ahora un joven médico brillante y heredero de una de las familias más influyentes de la ciudad, se encuentra cara a cara con la mujer que juró olvidar. Y con un niño que tiene sus mismos ojos.

Lo que ninguno de los dos sabe es que su separación no fue obra del destino, sino de una red de mentiras, manipulaciones y secretos familiares que alguien tejió desde las sombras. Y esa persona no tiene intención de dejarlos ser felices.

Mientras Santiago y Sara luchan por reconstruir lo que se rompió entre ellos, una mujer obsesiva y peligrosa acecha cada uno de sus pasos. Porque hay quienes prefieren destruir lo que no pueden tener.

Entre la pasión que nunca se apagó, un niño que solo quiere una familia completa y enemigos que acechan desde las sombras, Sara y Santiago descubrirán que dejarse ir jamás significó olvidarse.

NovelToon tiene autorización de Aisyah Alfatih para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bab 33

Capítulo 33

¡Crash!

Un jarrón de flores sobre la mesa del departamento cayó y se hizo añicos contra el piso. Andrés estaba de pie en medio de la habitación con la respiración agitada. Tenía el cabello revuelto y los puños apretados con fuerza, llenos de frustración.

—¡Maldita sea! —Su grito resonó en el departamento silencioso.

Pateó la silla junto a la mesa, haciéndola rechinar sobre el piso. Su mente era un caos desde la llamada de Clara. Se jaló el cabello con brusquedad y comenzó a caminar de un lado a otro sin poder calmarse.

—Dios mío... —Se cubrió el rostro con ambas manos.

Sabía que Clara ya había perdido completamente la razón. Pero el problema era que no podía simplemente rechazar las exigencias de esa mujer.

Se le cortó la respiración. Las sombras de un pasado que había enterrado con tanto cuidado volvieron a asomar en su cabeza.

Un error enorme. Un crimen que había cometido años atrás. Un secreto oscuro que ni siquiera su propia familia conocía. Y Clara... esa mujer lo sabía todo.

—¿Acaso guardaste eso a propósito para destruirme algún día...? —La voz de Andrés sonó débil, cargada de frustración.

Le temblaban las manos cuando tomó el celular de la mesa. El último mensaje de Clara seguía desplegado en la pantalla.

[¡Tienes que ayudarme!]

Andrés arrojó el celular al sofá con violencia. Se dejó caer sin fuerzas y se quedó mirando el piso vacío. Se sentía completamente atrapado: si ayudaba a Clara, volvería a destruir la vida de Santiago y de Sara. Pero si se negaba, su pasado quedaría al descubierto, y lo que más lo aterrorizaba era que el doctor Mario, con toda probabilidad, no lo defendería.

Andrés soltó una risa amarga mientras agachaba la cabeza.

—Papá va a odiarme... —Su voz comenzó a quebrarse.

Conocía de sobra los principios de su padre. El doctor Mario podía ser duro, pero detestaba las mentiras y los crímenes. Sobre todo si involucraban la vida y el bienestar de otras personas.

Y él, por su parte, ya se había dejado arrastrar demasiado lejos en el juego de Clara. Andrés cerró los ojos con fuerza. En su cabeza solo quedaban dos opciones: destruir la vida de otros una vez más, o destruirse a sí mismo.

En medio del caos de sus propios pensamientos, ni siquiera se dio cuenta de cuánto tiempo llevaba sentado en el piso del departamento. Los pedazos del jarrón seguían esparcidos cerca de la mesa. La lámpara de la sala emitía una luz tenue que hacía que el ambiente se sintiera aún más asfixiante y desolado.

Andrés se restregó la cara con brusquedad; la cabeza le punzaba. No tenía la menor idea de qué hacer.

Pero justo en ese momento, unos golpes en la puerta sonaron de repente. Andrés frunció el ceño.

—¿Quién puede ser a estas horas?

Los golpes se repitieron. Esta vez más fuertes. Con un suspiro pesado, Andrés finalmente se puso de pie y caminó hacia la puerta del departamento.

En cuanto la abrió, su cuerpo se paralizó. Santiago estaba de pie frente a él.

Todavía llevaba la misma ropa que traía desde el aeropuerto. Se le veía el cansancio en el rostro, pero sus ojos tenían un filo cortante. La mirada de Santiago captó de inmediato el estado del departamento destrozado.

Los cristales rotos, la silla fuera de lugar y el rostro descompuesto de Andrés.

—¿Qué pasó? —preguntó Santiago en voz baja, pero con frialdad.

Andrés se puso nervioso al instante.

—Nada...

Santiago entró sin esperar invitación. Andrés tragó saliva por reflejo. Por alguna razón, su inquietud se disparó de golpe.

Santiago se detuvo en medio de la sala y lentamente giró para mirar a Andrés.

—Vengo del hospital —dijo con voz grave—. Y acabo de hablar con tu papá.

El corazón de Andrés empezó a latir más rápido. La mirada de Santiago se iba tornando cada vez más afilada.

—Andrés... —El ambiente se volvió opresivo de pronto—. ¿Vas a ser honesto por tu cuenta... o voy a tener que obligarte a hablar?

A Andrés se le cortó el aliento.

—Yo... no sé qué decir... —Su voz sonó débil y deshecha.

Agachó la cabeza mientras se agarraba el cabello con frustración.

Por un lado, quería salvarse a sí mismo. Pero por otro, sabía que no podía seguir mintiéndole a Santiago. Porque, tarde o temprano, todo saldría a la luz. Y cuando eso pasara, Santiago probablemente lo odiaría de por vida.

El departamento se sentía sofocante.

Mientras tanto, Santiago permanecía de pie en medio de la sala con una mirada penetrante que Andrés jamás le había visto.

Entonces volvió a hablar.

—¿Por qué insistías tanto en impedirme ir a la costa? —El tono de Santiago comenzó a elevarse—. ¿Cuál fue tu razón para perseguirme hasta el aeropuerto aquella noche?

Andrés se tensó de inmediato. Pero Santiago siguió acercándose.

—¿Quién te mandó?

Sus ojos enrojecidos rebosaban emoción.

—¡Tú sabes que Sara y Sergio son parte de mi vida! —El grito de Santiago retumbó en todo el departamento—. ¡Lo sabes!

Andrés bajó la cabeza aún más. La culpa le golpeaba el pecho cada vez con más fuerza.

—Perdóname... —Su voz comenzó a temblar.

Andrés cayó de rodillas frente a Santiago. Aquello lo tomó ligeramente por sorpresa.

—No fue mi intención hacerte daño... —dijo Andrés en un hilo de voz, lleno de arrepentimiento—. Yo solo...

Cerró los ojos con frustración.

—...creí que era por tu bien.

La mirada de Santiago se tornó gélida.

—¿Por mi bien?

Andrés se apresuró a continuar, atropellando las palabras:

—Solo tenía miedo de que te aferraras demasiado al pasado...

Santiago se quedó en silencio, mirando a su primo. Entonces Andrés dijo en voz baja:

—Cinco años es mucho tiempo, Santiago... —Sus puños se apretaron contra el suelo—. No todo lo que crees que sigue igual... va a seguir igual.

—¿Qué quieres decir? —La voz de Santiago se volvió cortante.

Andrés tragó saliva antes de soltar finalmente, con temeridad:

—Puede que Sara ya no sea la misma mujer que era antes.

Al segundo siguiente, Santiago agarró a Andrés del cuello de la camisa con violencia, casi levantándolo del piso.

—¿Qué estás insinuando? —La mirada de Santiago estaba completamente encendida de furia.

La mandíbula se le tensó con fuerza.

—¿Me estás diciendo que Sara cambió?

Andrés entró en pánico.

—Santiago, yo solo...

—¡No hables a la ligera de ella! —El grito de Santiago resonó con fuerza.

Estaba verdaderamente fuera de sí. Cinco años sin Sara. Cinco años sintiéndose destruido. Y ahora que por fin había encontrado de nuevo a su mujer y a su hijo, la gente seguía intentando hacerlo dudar.

—¡Conozco a Sara mejor que nadie! —La voz de Santiago empezó a temblar de emoción—. ¡Ella nunca me dejó porque hubiera dejado de amarme!

Andrés se quedó paralizado. Los ojos de Santiago estaban enrojecidos, llenos de dolor.

—Y ahora... —su voz se debilitó, pero se volvió mucho más escalofriante— estoy empezando a darme cuenta de quién ha estado destruyendo mi vida desde el principio.

A Andrés se le cortó la respiración.

Mientras tanto, Santiago lo miraba con fijeza, los ojos cargados de sospecha. Andrés le tenía verdadero terror a su propio primo.

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Mirla Loyo
Andrés está vivo 🤔
Mirla Loyo
que patética éstas historias, mucha gente, guardias pa' tirar pal techo y sucede ésto 🤦‍♀️
Mirla Loyo
y cuándo nos enteramos de lo que le dijo el tío en secreto al oído a Santiago?🤷‍♀️
Mirla Loyo
ésta pareja y que se quieren y ni un beso se han dado 🤷‍♀️
Mirla Loyo
éste señor no sabe que secreto en reunión es mala educación?🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
esperemos que éste hombre se de cuenta que ahora es que debe cuidar a su familia 😱
Mirla Loyo
que patético éste Santiago 🤦‍♀️..me callé cuando insultaron a Sara, pero con Diego no!🤦‍♀️🤣🤣
Mirla Loyo
que estupidez tanta plata y pierden el tiempo hablando gafedades y la idiota puro llorar 🤷‍♀️
Mirla Loyo
para mí el está ahí para evitar que la loca atente contra la vida de Sara y el niño?🤔
Mirla Loyo
y los papás que se hicieron?🤔
Mirla Loyo
y la pregunta es... porqué éste mequetrefe es el títere de esta loca?😱🤔
Mirla Loyo
lo drogaron 😡
Mirla Loyo
no estoy entendiendo na' quién es el tío?..hablan como Sergio 🤣🤣en 3era persona 🤔
Mirla Loyo
pero como concibió a Sergio si no atenido relaciones?🤔.. será que Santiago por despecho se emborracho y tuvo relaciones con ella y por eso no se acuerda?🤔
Mirla Loyo
y entonces?🤔 la violó un familiar?🤔
Mirla Loyo
de seguro ésta zorra tiene mucho que ver con la separación 🤔
Mirla Loyo
va pues y ésta mujer porque no llama a la policía?..dejarse jider por alguien que ni familia es 😡
Maritza Pérez
Excelente
Mirna Lobo
muy buena felicidades escritora 😊
Mirna Lobo
que stress 😡 ahora quién desapareció? /Grimace/
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