Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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Después del primer paso.
Valentina tardó varios segundos en reaccionar después de que Matteo se marchara.
La puerta del apartamento se cerró lentamente detrás de él, pero ella permaneció inmóvil en el mismo lugar.
Como si moverse demasiado rápido pudiera romper algo.
O despertar de un sueño.
Llevó una mano a sus labios.
Y soltó una pequeña risa nerviosa.
Porque aquello había ocurrido de verdad.
No lo había imaginado.
No había sido producto del cansancio.
Ni del estrés.
Ni de las emociones acumuladas por la conversación con Isabel.
Había besado a Matteo De Luca.
Y él la había besado a ella.
La realidad resultaba tan absurda como maravillosa.
Caminó hasta el sofá y se dejó caer sobre él.
Intentó pensar en Gabriel.
Intentó pensar en Lorenzo.
Intentó pensar en cualquier otra cosa.
Pero era inútil.
Cada pensamiento terminaba regresando al mismo lugar.
A los ojos de Matteo.
A la forma en que había tomado su mano.
A aquella sonrisa cuando confesó que llevaba semanas intentando resistirse.
Valentina enterró el rostro en un cojín.
—Esto es ridículo.
Y aun así no pudo dejar de sonreír.
—
Al otro lado de la ciudad, Matteo tampoco estaba teniendo una noche especialmente tranquila.
Marco lo descubrió exactamente treinta segundos después de entrar a su oficina a la mañana siguiente.
—Oh, Dios mío.
Matteo levantó la vista.
—¿Qué?
—Pasó algo.
—Buenos días para ti también.
—Pasó algo.
—Marco.
—No. No intentes distraerme.
Marco tomó asiento frente al escritorio.
—Te conozco.
—Eso parece una amenaza.
—Y hoy tienes cara de hombre feliz.
Matteo volvió a concentrarse en los documentos.
—Vete.
—¡Pasó algo!
—Marco.
—¿La besaste?
El silencio fue inmediato.
Marco abrió los ojos.
—La besaste.
—De verdad deberías buscar trabajo.
—¡La besaste!
Matteo terminó cerrando la carpeta que estaba revisando.
Porque era evidente que ya no iba a poder trabajar.
—Voy a despedirte.
—Eso significa que sí.
La sonrisa triunfal de Marco resultaba insoportable.
—No puedo creerlo.
—Yo tampoco.
Aquella respuesta escapó antes de que pudiera detenerla.
Y eso solo consiguió empeorar la situación.
—Dios mío.
Marco parecía a punto de celebrar una victoria deportiva.
—Voy a grabar este momento.
—Sal de mi oficina.
—Primero dime qué pasó.
—Fuera.
—¿Fue romántico?
—Marco.
—¿Hubo flores?
—Fuera.
—¿Música?
Matteo tomó un bolígrafo.
Marco salió inmediatamente.
—
Por desgracia para Valentina, Sofía resultó tan perceptiva como Marco.
Y mucho más insistente.
Porque apenas cruzó la puerta de la casa familiar aquella tarde, su hermana la observó durante cinco segundos.
Y sonrió.
—No.
Valentina ni siquiera la dejó hablar.
—Ni siquiera he dicho nada.
—No necesitas hacerlo.
—Sofía.
—Pasó algo.
—No.
—Mentirosa.
Valentina siguió caminando hacia la cocina.
Sofía la siguió.
—Pasó algo.
—No.
—Pasó algo.
—No.
—Pasó algo.
—¿Tienes cinco años?
—Responde la pregunta.
Valentina abrió la nevera.
—No hay ninguna pregunta.
—¿Besaste a Matteo?
La puerta de la nevera casi se le cayó encima.
Sofía levantó ambas manos.
—¡Lo sabía!
—¿Cómo demonios lo supiste?
—Porque tienes la misma cara que tenías cuando te gustó ese cantante en la adolescencia.
—Voy a matarte.
—Lo tomaré como un sí.
Valentina cerró los ojos.
Aquello era una pesadilla.
—No puedo creer que lo hayas adivinado.
—Yo sí.
Sofía sonrió con satisfacción.
—Era cuestión de tiempo.
Y, para desgracia de Valentina, tenía razón.
—
Aquella noche recibió un mensaje.
Solo uno.
”¿Cómo sobreviviste al interrogatorio familiar?”
Valentina sonrió inmediatamente.
“Sofía debería trabajar para los servicios de inteligencia.”
La respuesta llegó casi al instante.
“Marco tampoco ayudó.”
Ella soltó una carcajada.
”¿También lo supo?”
“En aproximadamente diez segundos.”
“Qué vergüenza.”
“Un poco.”
Valentina observó la pantalla.
Y sintió una calidez inesperada.
Porque aquella conversación era distinta.
Más ligera.
Más cercana.
Ya no existía la tensión constante de antes.
Ahora ambos sabían exactamente dónde estaban.
Y eso lo cambiaba todo.
“Matteo.”
Pasaron unos segundos.
”¿Sí?”
Valentina mordió ligeramente su labio.
Algo que rara vez hacía cuando estaba nerviosa.
“No me arrepiento.”
La respuesta tardó más de lo habitual.
Y cuando apareció, ella sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
“Yo tampoco.”
Permaneció mirando aquellas palabras durante varios segundos.
Y, por primera vez en mucho tiempo, sintió paz.
—
Los días siguientes fueron extrañamente felices.
No porque los problemas hubieran desaparecido.
Seguían allí.
Gabriel.
Lorenzo.
Los secretos.
Las preguntas.
Todo seguía presente.
Pero ahora había algo más.
Algo bueno.
Algo que lograba abrirse paso entre toda aquella oscuridad.
Matteo.
Comenzaron a verse con más frecuencia.
Algunas veces por trabajo.
Otras simplemente porque sí.
Compartían cafés.
Almuerzos.
Conversaciones que no tenían nada que ver con investigaciones ni peligros.
Y poco a poco empezaron a conocerse de verdad.
Valentina descubrió que Matteo era mucho más divertido de lo que aparentaba.
Matteo descubrió que ella era mucho más vulnerable de lo que permitía ver.
Y ambos comenzaron a confiar el uno en el otro de una manera que nunca habían planeado.
—
Sin embargo, la tranquilidad duró menos de lo esperado.
Una semana después, Matteo recibió una llamada cerca de medianoche.
La expresión de su rostro cambió apenas escuchó las primeras palabras.
Y eso fue suficiente.
—¿Qué pasó?
Marco ya estaba de pie.
—Tenemos un problema.
—¿Qué clase de problema?
Matteo guardó silencio unos segundos.
Después colgó.
—Lorenzo se movió.
La habitación quedó en silencio.
—¿Cómo?
—Intentó acceder a información de Valentina.
Marco maldijo por lo bajo.
—¿Hasta dónde llegó?
—No lo sabemos.
Todavía.
El silencio volvió a instalarse.
Porque ambos entendían perfectamente lo que aquello significaba.
Lorenzo estaba dejando de observar.
Y estaba empezando a actuar.
Muy lejos de allí, completamente ajena a aquella conversación, Valentina dormía profundamente en su apartamento.
Sin saber que alguien la observaba desde el otro lado de la calle.
Un automóvil oscuro permanecía estacionado bajo la lluvia.
Inmóvil.
Silencioso.
Paciente.
Y desde el asiento trasero, una figura observaba las ventanas iluminadas del edificio.
Esperando.
Porque el juego acababa de cambiar.
Y esta vez, Matteo y Valentina estaban en el centro del tablero.
fuegos artificiales!!!!
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