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Pasión Y Obsesión Del Millonario

Pasión Y Obsesión Del Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / CEO
Popularitas:904
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Alexander Vance lo tiene todo: poder, millones y el control absoluto de su imperio. Pero cuando acepta suplir a un amigo en la universidad, su mirada se cruza con Elena Marín, una estudiante rota, exhausta y atrapada en una vida de secretos nocturnos.

Ella no busca salvación; él no sabe lo que es la piedad. Lo que comienza como una tutoría privada bajo chantaje se transforma en una espiral de pasión prohibida, erotismo salvaje y mentiras peligrosas. Cuando los secretos del pasado salgan a la luz, desatarán una tragedia de la que no podrán escapar. Porque hay amores que no construyen... destruyen.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4: Cátedra a medianoche.

El reloj de pared, una pieza de diseño minimalista y vanguardista, marcaba exactamente las doce y cinco de la noche cuando las puertas cromadas del ascensor privado del penthouse se abrieron sin emitir un solo sonido. Elena entró al vestíbulo con los hombros rígidos y la mandíbula apretada, sintiendo el lujo obsceno de aquel lugar como una bofetada directa a su cruda realidad de privaciones, hostilidad y turnos dobles. El suelo de mármol negro pulido reflejaba la iluminación artística del techo, mientras que los inmensos ventanales de piso a techo mostraban la vasta ciudad convertida en un océano de luces parpadeantes; un abismo de concreto, poder y ambición desmedida donde ella, en ese preciso instante, se sabía una simple pieza de caza atrapada en la red del cazador.

—Deje el abrigo en el perchero de la entrada y siéntese frente al escritorio —ordenó Alexander Vance. Su voz llegó desde la barra de la cocina de concepto abierto, donde se servía un vaso de whisky de un tono ámbar intenso. No había apartado los ojos de ella ni un solo segundo, estudiando cada uno de sus movimientos defensivos con la fría paciencia de un estratega.

Elena obedeció con pasos mecanizados, arrastrando una dignidad que sentía desmoronarse a cada segundo. Al aproximarse al imponente escritorio de caoba, notó de inmediato que algo andaba mal: sobre la madera pulida no descansaban los pesados libros de texto universitarios ni los programas académicos de la cátedra de Kensington. En su lugar, reposaban tres expedientes encuadernados en un riguroso cuero negro y un bloc de notas completamente en blanco, cuya pulcritud resultaba intimidante y vacía.

Alexander se acercó despacio, quebrando el silencio del penthouse con pasos de una elegancia felina y letal. Apoyó el vaso de cristal grueso sobre la esquina de la mesa y se colocó justo detrás de la silla donde ella permanecía sentada, rígida como una estatua de sal. El calor de su pecho comenzó a irradiar a través del alto respaldo, envolviéndola en una jaula invisible. Elena sintió el roce sutil, casi imperceptible, de su respiración caliente en la nuca cuando él se inclinó hacia delante. Sin pedir permiso, Alexander extendió sus brazos a ambos lados del cuerpo de ella, atrapándola por completo entre su pecho y el escritorio, para luego tomar el bolígrafo plateado guiando los dedos de la joven por encima de la empuñadura.

—La literatura criminal no se estudia leyendo pasivamente en una silla, Elena —murmuró él. Su tono de voz era un susurro grave que vibró directamente en los receptores nerviosos de ella.

Con una presión firme, deliberada y posesiva, comenzó a mover la mano de la joven sobre el papel—. Se experimenta desde el interior de la mente que comete el error. Desde la psicología profunda del transgresor. Escriba lo que siente el culpable cuando sabe que ya no hay retorno.

El cuerpo de Elena se estremeció violentamente al percibir la intensa fricción de la fina tela de la camisa de Alexander contra la piel descubierta de su brazo. Su pulso martillaba con fuerza destructiva en las sienes, provocándole un zumbido en los oídos que competía con los latidos de su propio corazón. Intentó concentrarse en trazar las palabras, en enfocar la brillante mente que Alexander tanto elogiaba, pero la cercanía física de su profesor operaba como un campo magnético devastador que nublaba cualquier vestigio de razonamiento lógico.

—No puedo... no puedo pensar con claridad cuando está tan cerca —confesó ella en un hilo de voz.

La vulnerabilidad, oculta durante meses tras una coraza de apatía y respuestas mordaces, se filtró por primera vez a través de su armadura.

Alexander detuvo el movimiento de la mano de ella al unísono. Inclinó el rostro un poco más, hasta que sus labios rozaron con una lentitud tortuosa la suave curva de su oreja, aspirando el aroma a piel limpia y miedo que desprendía, con una desesperación contenida que amenazaba con romper su propio velo de autocontrol.

—Ese es exactamente el objetivo de la lección, Elena —susurró él con una voz ronca que la hizo temblar—. Que sus defensas se desmoronen una a una, que su mente racional se disuelva hasta que en su universo solo quede yo.

Mientras la mano de Alexander descendía de forma lenta y deliberada por el antebrazo de ella, acariciando la piel hasta entrelazar sus dedos con una fuerza que sellaba el pacto implícito de sumisión, un destello azulino cortó la penumbra del despacho. La pantalla del teléfono personal de Alexander, ubicado a un costado del bloc de notas, parpadeó con insistencia. Había entrado un mensaje de un número completamente desconocido y oculto.

Llevaba una fotografía adjunta. Al enfocar la vista, el aire se congeló en la habitación: era una imagen nítida de ambos, tomada esa misma tarde dentro del despacho universitario a través de una de las persianas semiabiertas. En ella se apreciaba el momento exacto en que él la acorralaba contra la puerta. Debajo de la captura, el remitente había escrito tres palabras lapidarias: "Sé lo que ocultan".

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