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Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Un amor prohibido

Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

### Capítulo 13: Despertar contigo

POV: Joaquín Zapata

Al otro día me desperté con una pereza la berraca. Parce, hacía rato no dormía tan rico, y todo era porque la noche anterior había tenido a mi muñeca conmigo. Gabriela se había quedado dormida sobre mi pecho y yo, aunque estaba acostumbrado a dormir solo en mi apartamento, había sentido una tranquilidad que ni pa' qué.

Estiré el brazo buscando su cintura, pero me encontré con las sábanas vacías.

Abrí los ojos de una.

—¿Muñeca? —murmuré, todavía medio dormido.

Nada.

Me incorporé y miré hacia el otro lado de la cama. Gabriela no estaba. Por un momento pensé que se había ido sin despertarme, pero enseguida sentí un olor delicioso que venía de alguna parte del apartamento.

—¿Y esta mujer dónde se me metió, pues? —dije, rascándome la cabeza.

Me puse un pantalón sin salir de la habitación y caminé hacia la cocina siguiendo aquel olor. Apenas llegué a la puerta, me quedé quieto.

Ahí estaba mi mujer, preparando el desayuno como si estuviera en su propia casa. Tenía todo organizado sobre el mesón y se movía de un lado para otro, concentrada en lo que estaba haciendo.

El olor a huevos revueltos, arepitas calientes y café recién preparado me llegó de una.

—¡Ave María, pues! —solté—. ¿Qué es este espectáculo tan bueno?

Gabriela giró la cabeza y, cuando me vio, sonrió.

—Buenos días, dormilón.

Yo no le contesté de inmediato. Me acerqué por detrás, le rodeé la cintura con los brazos y apoyé la barbilla sobre su hombro.

—Buenos días, mi reina —le susurré.

Ella soltó una risita.

—¡Joaquín! Casi me hace botar el café, ome.

—¿Y quién la manda a ponerse tan bonita mientras prepara el desayuno?

—Ay, deje de hablar bobadas y más bien ayúdeme con esto.

Le di un beso en la mejilla y la abracé un poquito más.

—No, señora. Primero me va a explicar por qué se levantó sin mí.

—Porque usted estaba dormido como una piedra, mi amor. Me dio pesar despertarlo.

—¿Y no se le ocurrió que yo quería despertarme abrazado a usted?

Gabriela se giró un poquito entre mis brazos.

—Ay, tan consentido. ¿Entonces qué? ¿Tenía que quedarme ahí toda la mañana mirándolo dormir?

—Pues tampoco sería mala idea, muñeca. Soy un espectáculo.

Ella soltó una carcajada.

—¡Qué hombre tan creído, Dios mío!

—Pero bien que le gusto.

—Eso sí —respondió, dándome un beso rápido—. Ahora hágase a un lado, que se me van a enfriar las arepas.

Yo fingí una expresión de tristeza.

—¿Me está cambiando por unas arepas?

—Por unas arepitas calienticas, con huevitos y café. ¡Claro que sí!

—¡No, ome! Así no se puede tener una relación seria.

Los dos nos echamos a reír. Me aparté un poquito para dejarla terminar, pero no solté su cintura hasta que ella me dio un suave empujoncito.

—Vaya, lávese la cara y venga a desayunar, mi amor.

—Bueno, pero no se me vaya a escapar.

—¿Y para dónde me voy a ir?

—No sé, muñeca. Ayer me dormí con usted y hoy amanecí solito. Eso es abandono sentimental.

Gabriela negó con la cabeza, riéndose.

—Usted sí es mucho drama, Joaquín Zapata.

Fui al baño, me lavé la cara y regresé a la cocina. Cuando llegué, ella ya había servido el desayuno en la mesa.

Me senté frente a ella y probé un poquito de los huevos.

—¡Uy, no! Esto está demasiado bueno.

—¿Sí le gustó?

—¿Que si me gustó? Muñeca, usted cocina así y yo le hago una estatua en la sala.

—¡Ay, por favor! Coma tranquilo.

La miré con una sonrisa mientras tomaba café.

—Gracias por hacerme el desayuno, mi vida.

Ella dejó su taza sobre la mesa.

—No tiene que agradecerme. Me nació hacerlo. Ayer usted estuvo muy pendiente de mí y hoy quería tener un detalle con usted.

Le tomé la mano por encima de la mesa.

—Es que yo quiero consentirla siempre, Gabriela. Pero también me gusta que usted me consienta a mí.

—Pues nos consentimos los dos, amor. Así debe ser.

Asentí. Me gustaba esa manera que tenía de hablar conmigo, sin hacerme sentir que tenía que demostrar nada ni convertirme en alguien distinto.

Después del desayuno, nos quedamos conversando sobre nuestros planes para el día. Yo tenía que adelantar unos trabajos de la universidad y ella debía revisar unos asuntos de la empresa.

—¿Y hoy sí me va a dejar verla? —le pregunté, haciéndome el sufrido.

—Joaquín, ¡si estoy aquí con usted!

—Me refiero a después, muñeca. Quiero invitarla a almorzar.

—Déjeme revisar mi agenda, señor novio.

—Revísela, pero haga espacio para mí, pues.

Gabriela sonrió y se acercó para darme un beso.

—Voy a hacer lo posible, mi amor.

La abracé otra vez, disfrutando de ese momento tan sencillo.

Quién iba a pensar que una mañana cualquiera, con café, arepitas y mi novia en la cocina, me iba a hacer sentir tan feliz.

Yo siempre había vivido solo y estaba acostumbrado a resolverlo todo por mi cuenta. Pero tener a Gabriela ahí, compartiendo conmigo aquellas pequeñas cosas, me hacía imaginar lo bonito que sería construir una vida en la que ambos pudiéramos acompañarnos sin dejar de ser quienes éramos.

Eso sí, había algo que todavía teníamos pendiente: hablar de nuestra relación con Juan.

Y por más delicioso que estuviera el desayuno, sabía que tarde o temprano nos tocaría enfrentar esa conversación.

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