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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3 ORGULLO HERIDO

Aelion

El fuego voraz que me había quemado las entrañas durante horas finalmente se redujo a una ceniza tibia, dejando en su lugar un frescor de alivio tan denso y absoluto que sentí cómo cada uno de mis músculos se destensaba contra la tierra.

Jadeaba con pesadez, con la frente apoyada en el hueco de su cuello, respirando el aroma embriagador de su piel blanca mezclado con el perfume dulce de las flores que mi propia magia había hecho brotar para construir nuestro lecho.

El silencio del Coto Real descendió sobre nosotros como un manto sagrado. El murmullo de las hojas y la brisa suave entre los robles milenarios eran lo único que quebraba la calma del claro. La sentí respirar debajo de mí; el galope agitado de su corazón comenzaba a reducir la marcha de forma paulatina contra mi pecho.

Me separé apenas unos centímetros para mirarla.

Yacía con los ojos cerrados, los labios ligeramente entreabiertos y las mejillas encendidas por un rubor hermoso. Su larga cabellera castaña se desparramaba sobre el musgo verde como cascadas de seda oscura. Pero cuando ella hizo un movimiento instintivo para acomodarse, girando el cuerpo hacia un costado, la tela rasgada y la sombra de las ramas dejaron al descubierto su hombro izquierdo.

Se me heló la sangre en las venas. El aire se me congeló en la garganta con la fuerza de un impacto.

Allí, justo sobre la piel suave de su escápula, una figura luminosa comenzó a trazarse desde el interior de su carne, emergiendo de la nada. Era la silueta delicada y perfecta de un lirio plateado, emitiendo un destello, tenue y blanco como el resplandor de la luna llena.

La Marca de la Diosa.

Sintiendo que las manos me temblaban con una fragilidad impropia de un guerrero, estiré los dedos para rozar la luz sin llegar a tocarla. Los elfos podemos vivir más de un milenio, pero son contados los casos en la historia registrada de Valoria en los que un elfo encuentra a su alma gemela.

Es un regalo legendario, una bendición casi extinta que la Diosa Aliane concede únicamente cuando dos espíritus han sido forjados por la misma sustancia divina desde el origen de los tiempos. Y esa marca... esa marca luminosa solo era visible para los ojos de mi estirpe.

—Diosa Aliane... es ella—, pensé, mi mente dando vueltas en una tormenta de asombro, veneración y un sentimiento posesivo que se encendió en lo más profundo de mi ser. Una mestiza. Una joven de ojos ámbar que apareció en mi agonía... es la mujer destinada para mí.

Antes de que pudiera pronunciar una sola palabra o acariciar la figura plateada que brillaba en su piel, la muchacha abrió de golpe sus grandes ojos ámbar.

Al percatarse de la desnudez de ambos, de la intimidad absoluta en la que nos encontrábamos y de mi mirada fija en ella, el pánico más puro cruzó su rostro. Se puso de pie de un salto, torpe y apresurada, ahogando un gemido de dolor mientras buscaba desesperadamente sus prendas entre el musgo y las hojas secas.

—Tengo que irme... debo irme de aquí —balbuceó con la voz quebrada, las manos temblándole sin control mientras intentaba cubrirse con la tela sencilla de su vestido.

La vi vestirse con una prisa desesperada. La tela humilde fue ocultando poco a poco la figura curvilínea que me había vuelto loco minutos atrás, la carne suave que había respondido a mis caricias con una entrega que aún me hacía arder la sangre.

Un instinto de protección y dominación, alimentado por la revelación de la marca, se encendió en mi pecho. Quería detenerla, quería tomarla en mis brazos, llevarla a mi palacio y proclamar ante toda la corte que la búsqueda de doscientos años había terminado.

Pero entonces, una sombra de duda —el maldito orgullo que mi madre tanto me recriminaba— susurró en el fondo de mi conciencia.

¿Quién es ella? ¿Por qué estaba sola en las profundidades del Coto Real justo cuando el afrodisíaco me consumía? ¿Acaso sabía quién era yo?

Recordé la promesa que le había hecho presa de la fiebre y la desesperación de la poción afrodisíaca: "Te recompensaré con lo que pidas". Decidido a poner a prueba la pureza del corazón de mi alma gemela, a confirmar si se había entregado a mí por compasión o por ambición, llevé la mano a mi cinturón de caza que yacía tirado en la hierba.

Desenganché una pequeña bolsa de cuero tachonada en oro. Sonó con un chasquido denso y pesado, delatando el valor incalculable de las gemas preciosas que albergaba en su interior, suficientes para comprar una villa entera en las Comarcas del Valle o vivir sin trabajar por el resto de una vida humana.

Me puse de pie, imponiendo mi estatura mientras la miraba fijamente desde mi desnudez, manteniendo una postura distante y calculadora.

—Toma —dije con voz grave, arrojándole la bolsa a sus pies sobre el musgo—. Una promesa es una promesa. Dijiste que me ayudarías y yo prometí pagarte.

La muchacha se congeló en el sitio. Miró la bolsa de cuero pesado en el suelo y luego levantó la vista hacia mí. Vi un conflicto desgarrador cruzando sus ojos ámbar, una humillación y una desesperación amarga que en ese instante mi orgullo ciego no logró comprender. Se inclinó despacio, recogió la bolsa con dedos temblorosos y la apretó contra su pecho con los nudillos completamente blancos.

Un amargor helado me envenenó el alma de golpe.

El dolor del desengaño me atravesó el pecho con la fuerza de una flecha de acero. Mi alma gemela... ¿había aceptado el dinero? ¿Se había entregado a un desconocido en mitad del bosque, vendiendo la flor de su juventud por un puñado de piedras brillantes? La decepción aplastó por completo la revelación sagrada de la Diosa Aliane, transformando mi reverencia en una rabia ciega, celosa y despreciativa.

—Por supuesto... —solté con una risa amarga y helada, avanzando un paso lento hacia ella mientras la miraba con absoluto desdén—. Debería haberlo sabido. Al final, no eres más que otra humana. Todas ustedes son exactamente iguales: corruptas, ambiciosas, dispuestas a vender su honor y su cuerpo por un poco de oro élfico.

La muchacha se tensó como una cuerda a punto de romperse. El poco color que le quedaba en las mejillas desapareció por completo, dejando paso a una dignidad feroz e inesperada que me descolocó.

¡ZAS!

El chasquido del impacto resonó en todo el claro del bosque, acallando el murmullo de los árboles.

Mi rostro se giró a la derecha por la violencia del golpe. Me quedé inmóvil, congelado por la sorpresa, sintiendo el ardor punzante de su mano pequeña quemándome la piel de la mejilla. Jamás en doscientos años de vida nadie, ni el más noble de los señores de Aethelgard, me había puesto una mano encima.

—¡Eres un miserable! —gritó ella, las lágrimas brotando de sus ojos ámbar pero con una voz firme que retumbó en el aire, temblando de rabia pura—. ¡Yo jamás he hecho esto en mi vida! ¡Te entregué mi virginidad porque me lo suplicaste, porque te estabas muriendo en el suelo y me diste lástima! ¡No sabes nada de mí, maldito elfo arrogante!

Su acusación me golpeó el pecho con la fuerza de un mazo, pero mi orgullo herido y los celos abrasadores de saber que había tomado su virginidad no me dejaron razonar. Sin pensarlo, di un paso al frente con la rapidez de un depredador, la tomé de la cintura con una fuerza aplastante y la pegué a mi cuerpo desnudo, sintiendo su calor atravesar la tela sencilla de su vestido.

—¿Ah, sí? —murmuré contra sus labios temblorosos, sintiendo cómo se ponía rígida entre mis brazos—. Si no es por dinero... ¿qué pasa si te ofrezco otra bolsa igual?

La alcancé en vilo y la senté bruscamente sobre una de mis piernas flexionadas. Ella soltó un ahogo de sorpresa y pánico al sentir la dureza reactiva de mi miembro, que volvía a despertar cobrando vida propia al contacto con la tibieza de sus muslos. Se puso completamente nerviosa, el rostro encendido de vergüenza mientras su respiración se volvía agitada contra mi cuello.

—¿Quieres volver a ser mía por otra bolsa de gemas, pequeña? —provocó mi voz rasposa, apretando mi agarre en su cadera.

La muchacha no respondió con palabras. Aprovechó un milisegundo de mi arrogante exceso de confianza para clavar sus uñas en el músculo de mi brazo, zafarse de mi agarre con un impulso desesperado y salir despedida hacia atrás. Dio media vuelta y echó a correr, internándose entre la vegetación del Coto Real a una velocidad asombrosa.

—¡Espera! —rugí, dando un paso impulsivo hacia adelante para perseguirla.

Pero el roce de la brisa fría contra mi piel desnuda me obligó a frenarme en seco al borde del claro. Las ramas tupidas y los follajes densos la devoraron en cuestión de segundos. Escuché el crujido distante de las hojas bajo sus pies apresurados hasta que el silencio del bosque volvió a tragarlo todo.

Me quedé de pie en medio del claro, desnudo, respirando con dificultad y con el pecho agitándose a un ritmo enloquecido. La quemadura de su cachetada todavía me escocía en la cara, pero el vacío que dejó su ausencia se sintió como una herida abierta. Miré hacia el suelo: el lecho de flores mágicas que había brotado durante nuestro encuentro comenzaba a marchitarse lentamente, perdiendo sus colores vivos.

—Maldita sea... —gruñí entre dientes, pasándome una mano por el rostro y revolviéndome la larga cabellera negra con rabia contenida.

Ni siquiera le había preguntado su nombre. Se había ido con mi marca en su hombro, con mi oro en sus manos y con la huella de mi cuerpo grabada en su piel, sin que yo supiera quién era o a dónde se dirigía.

Apreté los puños, obligándome a recuperar la cordura. No podía salir corriendo detrás de ella por los dominios del Coto Real sin ropa, exponiendo la dignidad de la corona élfica ante cualquier patrulla de guardia.

Con movimientos bruscos y llenos de frustración, me agaché a recoger mis prendas desperdigadas por el musgo. Me puse los pantalones de cuero de caza, ajustando las hebillas con violencia, y me calcé las botas altas. Luego pasé la camisa por mi cabeza y vestí la túnica de viaje, abotonándola hasta el cuello. Recogí mi espada de acero estelar, encajando la vaina en mi cinturón con un chasquido metálico seco.

No podía volver al palacio con las manos vacías ni dejar inconclusa la cacería sin levantar sospechas. Tenía que terminar de supervisar el perímetro del Coto Real y regresar a la capital para entregar la donación de recursos que le había prometido a mi madre en el Centro Sanador Real.

Avancé entre los senderos de los árboles ancestrales, pero la cacería ya no me importaba en absoluto. El rastro de las bestias, el arco sobre mi espalda y la majestuosidad de la naturaleza pasaron a ser simples sombras borrosas a mi alrededor.

Cada latido de mi corazón, marcaban el mismo pensamiento obsesivo: La mestiza.

Visualizaba una y otra vez sus ojos ámbar encendidos por la ira, la firmeza con la que me había dejado la marca de su mano en el rostro y, sobre todo, la luz brillante del lirio plateado de su espalda.

La Diosa la puso en mi camino, me repetía en la mente, sintiendo que el deseo y la amargura se mezclaban en un cóctel peligroso dentro de mis venas. Es mi alma gemela. Aunque haya aceptado el oro, aunque crea que puede escapar de mí o borrar lo que pasó en esta tierra... voy a encontrarla. Moveré cada piedra de Aethelgard y de las Comarcas si es necesario, pero volverá a ser mía.

Con la mirada fija en el horizonte donde se alzaban las agujas de piedra marfil de la gran ciudad, camine, alejándome del claro pero llevando conmigo la huella imborrable de la única mujer que había logrado desarmar al Príncipe Heredero.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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