Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Una noche extraña
Salí de la habitación. Me sentía tan triste, pero no podía preguntarle nada. No podía hacerlo. Aun así, no dejaba de sentir tanto enojo por Harry.
Pero cuando vi a Emily, algo dentro de mí cambió. Mi corazón dolió al verla. Intentaba imaginar cómo se sentía ella, qué debía sentirse al descubrir que la persona que más amas te ha engañado. Cómo debía ser aquel dolor de saber que alguien en quien confiabas te había traicionado.
No podía dejar de pensar en ello. Le pedía al cielo que nunca tuviera que sentir algo así. Porque, si algún día me sucediera, estaba segura de que enloquecería. No podría soportarlo. No sería capaz de enfrentar un dolor así.
No sé por qué estaba pensando en aquello. Era absurdo.
Eso nunca me pasaría a mí.
Estaba recostada en mi cama. Ya era muy tarde, pero no podía dormir. Me sentía tan inquieta. No quería pensar en nada; mi mente estaba en blanco y, aun así, no podía conciliar el sueño.
—¿Qué carajo me pasa? —murmuré para mí misma.
Me giré y me percaté de que Ethan estaba profundamente dormido. Se veía tan tranquilo. Sentí un poco de envidia; él podía dormir plácidamente mientras yo ni siquiera lograba conciliar el sueño. Era molesto.
Me levanté con cuidado. En realidad, no quería despertarlo. Me dirigí a la sala, me recosté en el mueble y me quedé observando la ciudad a través de la ventana. Había tanto silencio que resultaba extraño.
Estuve allí un rato, pero finalmente me levanté. Por suerte, empezaba a sentirme somnolienta. Me dirigía a mi habitación cuando escuché un ruido.
Fui hacia donde provenía. El sonido venía de la cocina.
Entré y me di cuenta de que Mateo estaba allí.
—Lo siento, no quería despertarte. Solo vine por un vaso con agua. Mamá, ¿a qué hora regresaron?
—Hola, cielo. Hace unas cuantas horas. Te iba a llamar, pero estabas tan dormido... —sonreí—. Te veías tan tierno, como cuando eras niño. La verdad, no quise despertarte.
—Mamá, me hubieras despertado. Yo estaba preocupado. Emma estuvo preguntando por ti desde que llegó de la escuela. Le dije que podía ver películas, pero estuvo allí toda la tarde.
Lo miré y sentí un poco de culpa.
—¿Pero por qué la dejaste tanto tiempo además sola? Sabes que eso le hace mal.
—Estaba ocupado y angustiado. Además, después de que papá se fue, estuve esperando durante más de tres horas a que me llamaran y no lo hicieron.
Bajé la mirada por un instante. Sabía que tenía razón.
—Lo siento —dije suavemente—, pero ya puedes estar tranquilo. Todo salió bien. Emily ya se encuentra mucho mejor.
—Menos mal.
Noté cómo su expresión se relajaba un poco y sentí alivio al verlo más tranquilo.
—Por cierto, el tío Harry vino en la tarde —dijo.
Mi corazón dio un pequeño vuelco.
—¿Harry?
—Sí. Dijo que necesitaba hablar contigo. Le conté lo de Emily y salió corriendo al hospital. Dijo que vendría mañana por la tarde.
No supe qué responder. Después de todo lo que había ocurrido, no estaba segura de querer enfrentarme a Harry todavía.
—Ah, y hay otra cosa —continuó—. Dice que no le respondes sus llamadas.
Aparté la mirada.
—me teléfono no tenia batería intente hablar con el desde la mañana pero no respondió yo hablaré con él mañana.
Intenté que mi voz sonara tranquila, pero sabía que no lo estaba.
Harry había intentado comunicarme con el durante horas pero el no había respondido a mis llamadas. No sabía qué iba a decirme cuando apareciera mañana, pero, sinceramente, no estaba preparada para verlo.
—Así que tú le dijiste... Pensé que mi madre le avisaría.
—Si.
Miré a Mateo. Ya era bastante tarde y sabía que al día siguiente tendría una jornada agotadora.
—Mateo, ya es hora de que te duermas. Mañana tienes un día agotador. Tienes que estudiar durante toda la jornada, así que ve y descansa. gracias por cuidar a tu hermana cariño.
—Está bien, mamá. Por suerte, Emma es un poco tranquila.
—Sí, tienes razón. Aunque no me gustó que la dejaras ver televisión durante tanto tiempo.
Él sonrió.
—Buenas noches, mamá.
—Buenas noches, hijo.
Lo vi subir a su habitación y me quedé allí, reflexionando por un momento.
Yo le hubiera dicho a Ethan que se quedara con ellos, pero no quería estar sola. Había sido egoísta.
Pero ¿Qué me estaba pasando?
Tenía que aprender a controlarme en situaciones como aquella. No podía dejar que mis emociones me hicieran actuar de esa manera.
Tomé mi teléfono y, al encenderlo, vi las cientos de llamadas que Harry me había hecho. Me quedé mirando la pantalla durante unos segundos. No tenía fuerzas para llamarlo, así que solo pude escribirle un mensaje:
Lo siento, estaba sin batería. Te esperaré mañana. Por favor, no tardes. Necesitamos hablar.
Valeria
—Buenos días, cariño.
Podía escuchar la voz de Ethan, pero todavía tenía tanto sueño que apenas podía reaccionar. Me esforcé por abrir los ojos.
—Buenos días, cariño.
—¿No dormiste bien?
—No, en absoluto. Tus ronquidos eran demasiado fuertes.
—¿Pero qué dices?
Reí.
—¿Por qué te levantaste tan temprano?
Lo observé y me di cuenta de que ya estaba completamente vestido y listo para salir.
—¿Pero qué...?
Tomé mi reloj y, al mirar la hora, me di cuenta de que eran las siete.
—¡Carajo! ¿Por qué no me despertaste antes? Debía haberme levantado temprano para preparar el desayuno. También debía haber empacado el refrigerio para Emma y para ti. ¡Y tenemos que llevar a los chicos al instituto! Van a llegar tarde.
—Cariño, cálmate. Yo me encargué de todo. No te preocupes, ellos ya deben estar en el instituto.
—¿Madrugaste?
—Solo un poco.
—¿Por qué?
—Ayer tuviste un día pesado y me di cuenta de que no dormiste muy tranquila. Descansa hoy.
Lo miré y sentí un poco de culpa.
—Perdóname.
—No pasa nada. Por cierto, Harry llegó hace poco. Está en la sala esperándote.
Mi corazón se aceleró un poco.
—¿Pero aún es temprano?
—Me dijo que necesitaba hablar contigo. Hoy tengo una reunión, así que no me esperes. Llegaré tarde. Los chicos salen a las tres del instituto; ve a recogerlos, por favor.
—Sí, claro.
—Bueno, tengo que irme. Adiós. Nos vemos en la noche.
—Adiós.