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Entre Cenizas Y Diamantes

Entre Cenizas Y Diamantes

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Kaelen llega a la mansión más poderosa de la ciudad con un solo propósito: venganza. Su hermana murió a manos de la hija favorita del dueño, y él está dispuesto a destruirlo todo desde adentro. Pero entre lujos, secretos y noches prohibidas, lo que comenzó como odio se transforma en un amor imposible ..
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Adiós, mi amor, mi venganza

Kaelen empacó sus pocas cosas esa misma noche. No había maletas lujosas, solo una mochila gastada que llevaba consigo desde el reformatorio. Liora lo esperaba en la puerta trasera, llorando sin hacer ruido. Se lanzó a sus brazos y lo abrazó con tanta fuerza que dolía.

—No te vayas —suplicó—. Por favor, no me dejes sola con ellos.

—Tú ya no estás sola, pequeña —le dijo Kaelen, apartándole el cabello del rostro—. Tienes a Dante. Tienes tu luz. Y brillas más que nunca.

—¿Y tú? —lo miró con ojos llenos de lágrimas—. ¿Quién te cuida a ti?

Kaelen sonrió con tristeza.

—Yo siempre me cuidé solo. Ya sabes eso.

Dante se acercó, le puso una mano en el hombro.

—La cuidaré como a la reina que es —prometió—. Y si alguna vez necesitas algo… cualquier cosa… estamos aquí.

—Cuídala —le dijo Kaelen, mirándolo a los ojos—. Es lo único bueno que queda en este lugar.

Caminó hacia la puerta principal. Se detuvo un instante, esperando. Esperando que él saliera corriendo, que lo abrazara, que le dijera que se lo llevaba con él. Pero la puerta no se abrió. No hubo pasos. No hubo voz. Kaelen salió al frío de la noche y cerró la puerta tras de sí.

«Adiós, Draven. Adiós, mis ojos verdes. Adiós, el único hombre que jamás amé.»

Draven estaba de pie al otro lado de la puerta, con la mano apoyada en la madera, temblando de pies a cabeza. Lo escuchó marcharse. Escuchó el motor de su moto arrancar y alejarse hasta desaparecer en la noche. Y no lo siguió. Porque no podía. Porque su hija, su sangre, necesitaba que él se quedara. Pero en ese momento, una parte de él murió para siempre. La parte que creía en la luz, en la redención, en el amor que lo rompe todo.

Meses después, Kaelen vivía en una ciudad pequeña junto al mar. Trabajaba en un taller mecánico, vivía en un apartamento pequeño con vista al agua. Cada noche miraba las olas y pensaba en unos ojos verdes. Y en una mansión en la cima de la colina, un hombre se sentaba solo en su estudio, con una foto de un chico de ojos azules en la mano, mirando hacia la oscuridad, preguntándose si alguna vez tendría el valor de buscarlo.

«La venganza tiene un precio», pensaba Kaelen mirando el mar. «Y el mío fue él.»

Trabajaba en el taller mecánico desde el amanecer hasta el atardecer, con las manos manchadas de grasa y la mente siempre en la misma mansión de piedra gris que se alzaba en lo alto de una colina a cientos de kilómetros.

No hablaba de su pasado. No mencionaba nombres. Pero cada noche, cuando el mundo se callaba, sacaba una caja de madera debajo de su cama y leía las cartas que Liora le enviaba cada semana.

«Kaelen, papá se ha vuelto silencioso. Pasa horas mirando por la ventana, como si esperara ver tu moto aparecer por el camino. Seraphina… ya no es la misma. No sale de su habitación. No come bien. Llora en voz baja. Elara la consuela, pero hay un abismo entre ellas y papá que nada puede cruzar. Dante me pidió que fuera su novia. Le dije que sí. Te extraño. Más de lo que las palabras pueden decir.»

Kaelen acariciaba la tinta con el dedo, como si pudiera tocar las manos de la niña que se había convertido en su hermana del alma.

—Yo también te extraño —susurraba al vacío—. Y lo extraño a él. Y eso es lo que más me duele.

En la ciudad, Draven Valerius se había convertido en una sombra de sí mismo. Seguía dirigiendo su empresa con puño de hierro, pero ya no había brillo en sus ojos verdes. Su esposa lo miraba con resignación, sabiendo que su corazón latía en otro pecho, en otro lugar, lejos de ella.

—¿Alguna vez me perdonaras de verdad? —le preguntó una noche, con la voz quebrada, mientras ambos permanecían despiertos en habitación.

—Si—Respondio;

—¿Sigues amandome?, susurró Elara.

Draven la miró, y por primera vez fue completamente honesto.

—Te amé cuando éramos adolescentes, Te amé porque fuiste mi refugio. Pero entonces llegó él… y me enseñó lo que es amar hasta doler. Y no puedo desaprenderlo, Elara. Lo intenté. Lo intenté con todas mis fuerzas. Y fallé.

Ella asintió, con lágrimas que no caían.

—Entonces ve a buscarlo. O déjalo ir. Pero deja de torturarnos a los dos.

Draven no fue. Porque creía que no merecía ser perdonado. Que había elegido mal tantas veces que ya no tenía derecho a pedir una segunda oportunidad.

Aparte no destruiría todo la vida que construyó hasta ahora.

1
Najwa Correa
Es un maldito le valió madre su mejor amigó
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