*Cuando el pasado vuelve con tu mismo color de ojos.*
*Él:* Santiago Astori, 35.
CEO de Astori Group. El hombre más temido y deseado de Buenos Aires.
Traje negro. Tatuaje de rosas negras en el pecho. Regla: una noche, nada más.
Hace 5 años una traición lo rompió. Desde entonces no toca. No confía. No se queda.
Soltero. Muy soltero. Y solo.
*Ella:* Luz Volkov, 26.
CEO de Volkov Industries. Inteligente, fría, impenetrable.
Casada con Mateo Ruiz hace 3 años. Madre de una nena de 2 años.
Hace 4 años estaba rota. Un ex la traicionó 3 semanas antes de la boda.
Una noche en Mar del Plata la salvó. Una noche sin nombres. Sin mañana.
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EL DEPARTAMENTO
*Viernes. 7:45 PM. Edificio Astori. Recoleta.*
Luz se bajó del taxi 3 cuadras antes.
Caminó. Respirando.
Si no iba, Santiago iba a su oficina el lunes. Y preguntaba delante de Irina. De Katya. De todo Volkov.
No podía.
Tocó el portero.
—Piso 50 —dijo la voz de él. Sin “quién es”. Ya sabía.
El ascensor era de vidrio. Subió 50 pisos viendo toda la ciudad. Y sintió que se caía ella también.
*Puerta 50A. Abierta.*
Santiago estaba ahí. Sin traje. Camisa negra remangada hasta el codo. Pantalón de vestir. Pies descalzos.
Armado de otra forma. Más peligroso.
—No pases si vas a mentir —dijo él. Antes del “hola”.
Luz se quedó en el marco.
—Entonces no me hagas preguntas —dijo ella.
Santiago la miró de arriba a abajo. Lento.
—Pasa, Luz.
Ella pasó.
*Departamento. Minimalista. Negro. Gris. Vista 360°.*
Cero fotos. Cero cuadros. Cero vida. Solo libros. Y un bar.
—Whisky —dijo él. Y sirvió dos vasos.
—No tomo —dijo Luz.
—Hoy sí —dijo él. Y le puso uno en la mano.
Ella no lo tomó.
Santiago fue a la ventana. De espaldas.
—Hace 4 años —dijo—. Mar del Plata. Bar Puerto 17.
Luz no respiró.
—Había una mujer —siguió él—. Vestido negro. Ojos grises. Rota. Igual que yo esa noche.
Luz cerró los ojos.
—Bailamos —dijo él—. No hablamos de nombres. No hablamos de mañana. Solo de hoy.
Se giró.
—Eras vos.
No era pregunta.
Luz lo miró.
—Y si lo fuera —dijo. Voz baja—. ¿Qué cambia?
—Todo —dijo Santiago.
Dio un paso.
—Porque esa noche no fue un error para mí, Luz. Fue la única noche en 5 años donde no sentí que me estaban usando.
Luz apretó el vaso.
—No me uses ahora —dijo.
—Te estoy preguntando —dijo él—. ¿Fuiste vos?
Silencio.
Luz no podía mentirle a la cara. No otra vez.
—Sí —dijo.
Una palabra. Y el mundo se cayó.
Santiago cerró los ojos un segundo. Como si le doliera confirmar.
—Gracias —dijo. Por la verdad.
—Ahora tu turno —dijo Luz—. ¿Por qué no me buscaste?
Santiago se rió. Sin humor.
—Porque pusiste dinero en la mesa y te fuiste antes de que abriera los ojos —dijo—. Pensé que era eso lo que querías. Una noche. Nada más.
Luz bajó la vista.
—Lo era —mintió.
—Mentira —dijo él. Y le quitó el vaso de la mano. Lo dejó en la mesa.
Se acercó. Muy cerca.
Olía igual. Lluvia. Madera. Él.
—Tus ojos esa noche —dijo él—. Eran iguales a los de hoy. Asustados. Heridos. Pero con fuego. Yo no olvido eso.
Luz retrocedió hasta la pared.
—No me toques —dijo.
—Te toqué hace 4 años —dijo Santiago—. Y no se me fue de la piel.
Levantó la mano. Lento. Para que ella la viera venir.
Le tocó la mejilla. Con los nudillos. Apenas.
Luz tembló.
—Fuiste vos —susurró él otra vez—. Todo este tiempo. La CEO con la que no puedo negociar. La mujer que no me mira a los ojos. Eras vos.
Luz cerró los ojos.
—Y ahora qué —dijo.
—Ahora —dijo él—. Me decís por qué. Por qué no dijiste nada cuando firmamos. Por qué me dejaste pensar que eras una desconocida.
Luz abrió los ojos.
—Porque tengo miedo —dijo. Honesta. Por primera vez—. Miedo de vos. Miedo de lo que eras esa noche. Miedo de lo que sos ahora.
—Y qué soy ahora —dijo él.
—Un hombre poderoso —dijo Luz—. Con enemigos. Y yo... yo no juego con eso.
Santiago bajó la mano.
—Te estoy creyendo —dijo—. No sé por qué. Pero te creo.
Se alejó. Sirvió más whisky. Para él.
—Vete —dijo. De espaldas.
Luz parpadeó.
—¿Qué?
—Vete —repitió él—. Antes de que haga algo de lo que me arrepienta.
Luz no se movió.
—Como irte hace 4 años —dijo él. Sin girarse.
Eso la golpeó.
—Me fui porque tenía vergüenza —dijo Luz. Explotó—. Porque me usaron. Porque estaba rota. Porque no quería que me vieras a la mañana siguiente.
Santiago se giró. Lento.
—Y yo no quería que te fueras —dijo.
Se quedaron mirando.
10 segundos. Eternos.
—Vete, Luz —dijo él. Voz rota.
Luz asintió. Una vez.
Fue a la puerta.
*Antes de abrir:*
—Santiago —dijo. Sin girarse.
—Sí.
—Esa noche... gracias. Por no preguntar. Por no juzgar.
Abrió la puerta.
—Luz —dijo él.
Ella se frenó.
—Si alguna vez querés hablar de verdad —dijo él—. Acá estoy. Sin contratos. Sin abogados.
Luz no respondió. Salió.
*8:30 PM. Taxi de vuelta.*
Luz temblaba.
Le escribió a Ana: `Dijo que sí. Le dije que sí. Sabe que fui yo.`
Ana: `¿Y la hija?`
Luz: `No. No pude. No todavía.`
Ana: `Bien. Un paso a la vez.`
Luz guardó el teléfono.
Miró por la ventana.
Santiago sabe que fue ella. No sabe por qué. No sabe las consecuencias.
*11:00 PM. Departamento de Santiago.*
Solo. Whisky vacío.
Agarró la foto rota del bar. La que rompió.
La unió en la mesa. Con cinta.
Luz. De espaldas. Vestido negro.
—Maldita —susurró—. ¿Por qué volviste como mi socia?
Agarró el teléfono.
Buscó: `Luz Volkov Mateo Ruiz casada`.
Apareció la foto de la boda. Hace 3 años. Ella. Vestido blanco. Él. Sonriendo.
Santiago cerró el teléfono. Fuerte.
—Casada —dijo al techo.
Se paró. Fue al baño. Se sacó la camisa.
Se miró el tatuaje al espejo.
—Rosas negras —dijo—. Por la mujer que me dejó. Y ahora volvió. Casada.
Golpeó el espejo con la palma. No se rompió.
—Juego sucio, Luz —dijo—. Muy sucio.
*Sábado. 9:00 AM. Oficina de Luz.*
Toc. Toc.
Irina. Pálida.
—Señora CEO... Astori Group mandó esto.
Un sobre. Negro. Sin remitente.
Luz lo abrió.
Dentro: Una copia de la foto del bar. La misma que tenía Santiago.
Y una nota escrita a mano:
`Lo sé. -S`
Luz se quedó helada.
No era amenaza. Era... algo peor.
Era que él sabía. Y quería que ella supiera que él sabía.
—Quémalo —dijo Luz.
Irina lo hizo. Ahí mismo. En el tacho.
*12:00 PM. Mensaje de Santiago.*
`Hoy. 8 PM. Mismo lugar. No huyas.`
Luz no respondió.
*8:00 PM. Departamento de Santiago. Otra vez.*
Tocó.
Él abrió. Misma ropa de ayer. Ojos rojos. No durmió.
—Entrás o no —dijo él.
Luz entró.
—¿Qué querés? —dijo ella.
—Que dejes de mentirme —dijo él—. Que me mires a los ojos y me digas por qué. Por qué yo. Por qué esa noche. Por qué desapareciste.
Luz caminó al medio del living.
—Porque mi novio me traicionó con mi mejor amiga 3 semanas antes de la boda —dijo. Todo salió de golpe—. Porque me sentí usada. Porque te vi a vos y no me preguntaste nada. Y necesitaba eso. No ser Luz Volkov. Solo ser... una mujer rota por una noche.
Santiago se quedó quieto.
—Federico —dijo él.
Luz levantó la vista.
—¿Cómo...?
—Lo investigué —dijo él—. Es mi primo. Lejano. Un basura.
Luz se tapó la cara con las manos.
—Dios.
Santiago se acercó. No la tocó.
—Luz —dijo—. Mírame.
Ella lo hizo. Con los ojos llenos.
—No fue un error para mí —dijo él—. Fue lo único real en años.
Luz negó con la cabeza.
—No podés decir eso. Estoy casada.
—Lo sé —dijo él. Y por primera vez, sonó dolido—. Y yo no soy un hombre que rompe matrimonios.
Se alejó.
—Entonces ¿para qué me hiciste venir? —dijo Luz.
Santiago se giró.
—Para que no huyas más de mí —dijo—. Porque huyas o no... yo ya te encontré.