Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Investigación
— Señor pégueme a mí. - imploró Marina al observar como llevaba a Kayla.
— Maldita criada, ¿como te atreves a tomar decisiones que no te corresponden? - inquirió con furia el hombre.
— Y claro que también te cobraré maldita malagradecida. Le dio un fuerte golpe, rompiéndole el labio, pero era lo de menos para la mujer, lo que realmente le preocupaba era saber que le harían a la pequeña Kayla.
Otro día, la casa estaba en total silencio, Marina la habían amarrado en las caballerizas, se había desmayado después del golpe que le había dado uno de los hombres del varón.
De pronto recordó a la niña, se preocupó qué le hicieran más daño del que ya le habían hecho.
No volvió a verla por mucho tiempo, ella fue llevada lejos de la casona. Donde identificó que era un casino, limpiando los pisos, baños y demás suciedad que los clientes hacían. No podía huir y pedir ayuda, el varón le había puesto en el cuello un collar que si se alejaba más de 💯 metros fuera del casino su cabeza volaría en pedazos.
CINCO AÑOS DESPUÉS.
Estoy seguro que el dueño de ese casino tiene negocios ilícitos. - aseguró Sean Walker un mayor de alto rango, que recién había sido trasladado por la agencia estatal, además su hermano mayor Corbin, no tenía lejos su mansión de la ciudad.
No tardaremos en identificar sus andanzas, - respondió Nico otro compañero que siempre habían estado juntos cada misión.
Alguien les había informado de los negocios que se manejaban en los casinos del llamado varón, Theodore Jones.
— Antes de aceptar el caso voy a ver a mi hermano. - manifestó Sean, mirando su reloj.
—No me haz invitado pero tengo que conocer a tú hermano que tanto mencionas.
Sean sonrió recordando, los dos hermanos se habían separado cuando sus padres tuvieron aquel accidente. Tomando destinos diferentes, aunque habían jurado ninguno intervenir en su vida del otro. No estaba de acuerdo con lo peligroso que era ser un hombre de la mafia.
Pero su hermano le recordó su juramento.
— Tengo que hablar con él primero y decirle que irás de huele pedo conmigo.
— ¿Qué tiene que ocultar tu grandioso hermano?
— Ya te lo dije, antes de abrir mi bocacota primero necesito su autorización.
— Cuanto misterio. - movió la cabeza negando.
Una semana después Corbin había aceptado. Pero le advirtió igualmente que a él que ninguno por más ley que fueran metieran sus narices en lo que él manejaba.
— Entonces tú hermano es el famoso mafioso que trae en jaque al narcotráfico - preguntó Nico emocionado tanto le habían hablado del tema que desde hacía tiempo quería conocerlo, aunque era encontra de los principios de la ley Corbin era respetado.
MANSIÓN JONES
— Ya te dije mujer, los casinos van viento en popa. - reiteró el varón con un puro humeante. Pero ese policía de cuarta se está metiendo demasiado a fondo.
— ¿No dijiste que era un mayor investigador de alto rango?
— Fue literal lo que dije. - aclaró rodando los ojos.
— Tengo una nueva inversión en puerta. - espectó gloriandose, y no quiero que ese maldito mocoso me lo eche a perder.
— Tienes tus métodos. - lo apoyó Charlotte. A todo esto anoche se te pasó la mano con la huérfana, tiene un brazo dislocado, y tuvo fiebre no nos conviene que se muera, - espectó aunque no le importaba. Tuve que salir por el viejo doctor. - espectó sin inmutarse, no debe morirse aquí.
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Habían logrado quebrantarla, la chica caminaba como un fantasma, sus arapos descoloridos cubrían su delgada figura, ya no gritaba por los golpes, sus lágrimas se deslizaban diciendo su agonía, la habían reducido a nada, no conocía a nadie no la dejaban salir, cuando tenían invitados y si lograba alguien verla era la sirvienta.
Era el saco de boxeo de Theodore.
Era la masajista de Charlotte.
Serena le había perdido el interés en seguirla molestando, solo la veía como un objeto de trabajo, traime esto, aquello, dame esto aunque estuviera cerca de estirar la mano.
La habían reducido a sirvienta.
Preferiría serlo y guardar silencio que recibir los golpes que dolían tanto.
Desde aquel día que quiso irse, no volvió a intentar huir, nunca más lo volvió ni siquiera a pensar, No sabía que había pasado con la señora Marina, pero hubo alguien que le aseguró que la había matado el varón. Le dolió mucho y se culpó por haberla influenciado.
MANSIÓN WALKER.
Para Corbin su hermano menor era su principal orgullo. Siempre estaría para él cuando lo necesitara, aunque su hermano era audaz y siempre hacía sus propios méritos, Corbin siempre lo vigilaba, obvio sin que él se enterara, en cada misión Corbin estaba presente anónimamente, pero no intervenía, solo quería saber que estaba a salvo.
Y ahora estaría en la ciudad lo recibió como gran alegría.
Sean le contaba, porque los trasladaron, Corbin ya lo había investigado.
— He oído hablar de ese hombre, no le he tomado interés. - espectó Corbin sin importancia.
— Hay mucho que investigar ahí. - contestó Sean, sonriendo por lo que recordó.
— ¿Que te causa gracia? - preguntó su amigo.
— Dicen que tiene una hija, toda una fichita, apenas tiene quince y escuché terribles palabras no aptas.
A Corbin no le importaba nada que no fuera meterse con su hermano. Todo lo demás era superficial.
— Ten cuidado con ese tipo. - le advirtió pues había escuchado que se brincaba las leyes y tenía algunos policías comprados para sus sucios negocios.
Y no le habían dicho nada falso.
OFICINA DEL CASINO ESTRELLA
— ¿Quien es ese hdp, que está metiendo las narices en donde no debería? - exclamó Theodore fuera de sí. Había recibido una orden de cateo.
— Dicen que acababa de llegar. - comentó su hombre de confianza. Y que es uno de los mejores.
— Entonces ya sabes lo que aremos. - sonrió, no nací para complacer a nadie.
MIENTRAS TANTO
— Sean, esto es muy raro, - confesó sospechando que algo no concordaba, ¿porque me llaman hasta ahora?
— Debe ser algún error. - consideró Sean.
— Tiene un sello oficial, viene de la agencia.
— Tengo que ir solo no te preocupes. - le dijo sin problema, ve y resuelve eso todo saldrá como lo planeamos.
Pero Nico aún no se convencía.
— Entonces espera no vayas hasta que llegue yo y así entramos juntos al caso.
Algo andaba mal, tenía un presentimiento.
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