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La Chica Del Cabello Infinito

La Chica Del Cabello Infinito

Status: Terminada
Genre:Magia / Familia mágica / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pequeño pueblo de Valleoscuro, donde las montañas se alzaban como gigantes dormidos y la niebla solía quedarse abrazada a los tejados hasta bien entrada la mañana, todos conocían a Mariana. No por su nombre, ni por su familia, ni por nada que hubiera dicho o hecho, sino por una sola cosa: su cabello. Era rojo, del tono intenso de las brasas que arden despacio en la chimenea, rizado como las olas de un mar que nunca se calma, y tan largo, tan increíblemente largo, que nadie había logrado ver dónde terminaba.
Mariana tenía la piel morena, suave y cálida como la tierra fértil de los valles cercanos, y sus ojos eran del color del ámbar, brillantes y profundos, como si guardara en ellos todos los atardeceres que se habían visto caer sobre aquel rincón del mundo. Vivía en una casa pequeña, de paredes de adobe y techo de tejas rojas, situada al final del camino principal

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Capítulo 4: El vínculo que no se rompe

—Me habéis dicho que este cabello es mío, que yo soy su dueña, su guardiana —dijo ella, y su voz resonó por todo el camino, amplificada por el silencio atónito de todos los presentes—. Me habéis dicho que soy la elegida, la heredera del linaje. Entonces, si eso es verdad, recordad esto: yo decido. Yo decido dónde estoy, yo decido qué hago con lo que tengo, yo decido a dónde voy y con quién. No sois mis dueños, ni mis amos. Sois solo las personas que me dieron la vida, nada más. Y ahora, escuchadme bien: no iré con vosotros hoy. Ni mañana, ni pasado mañana. Iré cuando yo quiera, cuando me hayáis dicho toda la verdad, cuando entienda realmente qué es lo que está en juego, cuando sepa por qué de repente os acordasteis de que existía, y qué es lo que queréis hacer con mi poder. Hasta entonces, quedaos fuera de mi vida, y fuera de mi pueblo. Y si intentáis llevarme por la fuerza… —hizo una pausa, y un montón de cabello se enroscó con más fuerza alrededor de las armas de los hombres, haciéndoles soltarlas al suelo sin querer—… os daréis cuenta de que lo que creíais que era vuestro tesoro, puede convertirse en vuestra prisión.

Elías intentó hablar, intentó ordenarle que parara, que obedeciera, pero Mariana levantó una mano, y más cabello se alzó frente a él, como una barrera infranqueable, impidiéndole acercarse un paso más.

—¡Largaos! —gritó ella, y la emoción que había contenido durante años salió toda junta en esa palabra: dolor, rabia, soledad, decepción—. ¡Largaos y no volváis hasta que estéis dispuestos a decirme la verdad completa, sin mentiras, sin medias palabras, sin ocultarme nada!

Beatriz tiró del brazo de Elías, con los ojos muy abiertos por el miedo y la sorpresa.

—Vámonos, Elías —susurró con voz temblorosa—. Aún no está lista, o aún no podemos controlarla. Si nos quedamos aquí, puede que las cosas salgan peor de lo que esperábamos. Ya sabemos dónde está. Ya sabemos lo fuerte que es, más fuerte incluso de lo que nos habían dicho. Tenemos tiempo. Podemos esperar, podemos planear otra forma de traerla. Pero ahora, vámonos.

Elías la miró con rabia, con impotencia, pero al ver la cantidad inmensa de cabello que los rodeaba, al ver que sus hombres estaban desarmados y atrapados, comprendió que no podían hacer nada en ese momento. Asintió a regañadientes, y levantó una mano para indicar a sus hombres que retrocedieran.

—Está bien, Mariana —dijo, con una voz cargada de amenaza contenida—. Nos iremos por ahora. Pero recuerda lo que te he dicho: tu destino no está aquí. No puedes escapar de lo que eres, ni de lo que debes hacer. Volveremos. Y entonces, no habrá más excusas, ni más demoras. Te llevarás con nosotros, te guste o no, porque lo que llevas dentro es demasiado importante para dejarlo aquí, abandonado, sin aprovechar todo su potencial. Y ten cuidado… porque hay otros que también lo saben, otros que no tienen nuestros mismos escrúpulos, que no dudarán en hacerte daño para conseguir lo que tienes. Cuando lleguen, te darás cuenta de que nosotros éramos tu única oportunidad de protección, y de que rechazarnos fue un gran error.

Hizo una señal, y poco a poco, el cabello fue apartándose de las ruedas de los carruajes, de las patas de los caballos y de los hombres, volviendo a caer al suelo, aunque seguía alzado en una barrera impenetrable entre ellos y Mariana. Los carruajes dieron media vuelta, con mucho esfuerzo, y la comitiva se alejó por el camino por donde había venido, levantando polvo, perdiéndose poco a poco entre los árboles

La comitiva se alejó levantando una nube de polvo rojizo que se mezcló con la brisa de la tarde, hasta que los carruajes y los jinetes desaparecieron por el camino que llevaba a las montañas. El silencio volvió a instalarse en Valleoscuro, pero ya no era el mismo silencio tranquilo y conocido de siempre; era un silencio cargado de preguntas, de miedos y de secretos que ahora todos llevaban guardados en el corazón.

Mariana se quedó de pie en el umbral de su casa, observando cómo se perdían de vista, mientras su cabello, que había actuado como una barrera protectora, volvía a caer suavemente al suelo, cubriendo de nuevo el camino, las piedras y la hierba hasta donde alcanzaba la vista. Se sentía agotada, como si hubiera corrido una carrera muy larga o hubiera cargado con un peso inmenso durante horas. Sus piernas le temblaban un poco, y tuvo que apoyarse en el marco de la puerta para no caer.

La gente del pueblo, que había permanecido a cierta distancia observando todo lo sucedido, empezó a acercarse despacio, con pasos cautelosos, como si temieran que cualquier movimiento fuera a provocar que algo más pasara. Doña Rosa, la panadera, fue la primera en llegar, seguida por otros vecinos que llevaban expresiones de preocupación, ternura y también de asombro. Nadie hablaba al principio; solo se miraban entre sí, buscando palabras que parecían no existir.

—Estás bien, niña —dijo al fin doña Rosa, acercándose con cuidado y extendiendo una mano, pero sin llegar a tocarla, como si respetara el espacio que la rodeaba—. Vimos todo lo que hiciste. Nadie se atrevería a decirte nada, nadie te obligará a hacer nada que no quieras. Aquí tienes un hogar, aquí tienes familia, aunque no sea de sangre.

Mariana asintió, sintiendo cómo las lágrimas se le acumulaban en los ojos, lágrimas que llevaba reteniendo desde hacía años. En ese momento, no se sentía sola, como había estado durante tanto tiempo. Se sentía protegida por la gente que la había visto crecer, que la había querido sin saber por qué, que la había aceptado tal como era.

—Gracias —susurró, y su voz sonó rota por la emoción—. No sé qué habría pasado si no estuvierais aquí.

—Todo esto... todo lo que te han dicho —intervino don Tomás, el viejo maestro del pueblo, que se acercaba con paso lento apoyado en su bastón—. Son cosas que han estado ocultas durante mucho tiempo. Muchos de nosotros hemos escuchado historias antiguas, cuentos que se contaban de generación en generación, pero nunca creímos que fueran reales. Decían que había familias que guardaban un secreto, que tenían una conexión especial con el mundo, que podían unir lugares y tiempos. Pero pensábamos que eran solo leyendas para entretener a los niños. Ahora veo que no es así. Tú eres esa leyenda, Mariana. Eres la prueba de que lo que contaban nuestros antepasados era verdad.

Mariana miró a todos los que la rodeaban, y sus ojos se posaron en cada rostro, guardando cada detalle en su memoria. Sabía que lo que le habían dicho sus padres era cierto en parte, pero también sabía que había mucho más que no le habían contado. Habían hablado de destino, de poder, de deberes, pero no le habían dicho por qué su familia había tenido que esconderse durante tantos años, por qué otros querían hacerles daño, ni cuál era realmente el propósito de su cabello.

Entró en la casa y les invitó a pasar. El interior estaba lleno de su cabello, que cubría el suelo, las sillas, la mesa y hasta parte de las paredes, pero a todos les pareció natural, como si ese fuera el verdadero aspecto de su hogar. Se sentaron alrededor, y Mariana les contó todo lo que había escuchado: lo que le habían dicho sobre el linaje, sobre el hilo que conecta todos los mundos, sobre la Ciudad Alta y sobre el peligro que la acechaba. Todos escucharon en silencio, con los ojos abiertos y la atención al máximo, comprendiendo que su vida ya no sería la misma de ahora en adelante.

—¿Por qué creéis que han vuelto ahora? —preguntó Mariana, mirando a don Tomás—. Han pasado tantos años sin dar señales de vida, y de repente aparecen, con tantos hombres y tantos recursos, exigiendo que vaya con ellos. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué ahora?

El maestro se quedó pensativo unos instantes, pasándose una mano por la barba blanca.

—Las leyendas dicen que cada cierto tiempo, el poder que llevan los de tu familia crece hasta su máximo nivel. Dicen que cuando el cabello alcanza su mayor extensión, cuando llega a todos los rincones que debe llegar, es cuando se produce un cambio. Unos dicen que es para proteger el mundo, otros que es para que el poder se transmita a la siguiente generación. También se cuenta que hay un momento en el que las fuerzas que buscan ese poder se vuelven más fuertes, más audaces, y no se esconden más. Quizás eso es lo que está pasando ahora.

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Fátima Noelia Gauto
acaso sos una retrazada?? no te contaron ya la verdad??
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