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Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Mi Alma Le Pertenece A La Oscuridad.

Status: Terminada
Genre:Época / Familia mágica / Aventura / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Alina, una joven de diecinueve años que vive en Valdemorral, un pueblo ancestral envuelto en niebla perpetua y olvidado por el mundo. Criada por su abuela Elvira tras la misteriosa desaparición de sus padres, Alina pertenece a una familia marcada por un secreto ancestral: son las guardianas del equilibrio entre el mundo de los vivos y lo que habita en la oscuridad. Desde pequeña, Alina ha sentido que es diferente, y una noche ve desde su ventana una figura oscura que la observa. En lugar de miedo, siente una llamada profunda y un extraño reconocimiento.

Entonces, Elvira le revela la verdad que durante años le fue oculta: su linaje desciende de quienes sellaron un pacto ancestral para proteger al pueblo, un vínculo que une su sangre eternamente con las sombras. La madre de Alina también sintió esa misma llamada y eligió cruzar al otro lado, abandonando el mundo de los vivos. Ahora Alina debe enfrentar su propio destino: decidir si se queda como guardiana cumpliendo su deber.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4: Ecos en la penumbra

El aire dentro de la vieja mansión pesaba como una losa fría, cargado de olores a madera antigua, polvo y algo más: una esencia profunda, antigua, que se aferraba a las paredes como si fuera parte de su propia estructura. Yo caminaba despacio por el pasillo del segundo piso, mis pasos apenas hacían ruido sobre las alfombras desgastadas que cubrían el suelo, como si la casa misma quisiera ocultar mi presencia. Habían pasado tres días desde aquella noche en que todo cambió, desde que esa voz profunda y seductora había penetrado en mi mente y me había dicho, con una certeza absoluta: “Tu alma ya no es tuya. Le pertenece a la oscuridad, como la mía”.

Aún podía sentir el eco de esas palabras vibrando en mis huesos, un recuerdo que no se iba, que no se desvanecía ni siquiera cuando cerraba los ojos o intentaba pensar en cualquier otra cosa. Todo lo que antes conocía parecía haberse vuelto extraño, lejano, como si yo hubiera cruzado una puerta invisible y ya no pudiera volver atrás. Mis días se habían convertido en una mezcla de vigilia y sueño, donde las líneas entre lo real y lo imaginario se desdibujaban cada vez más. La luz del sol, que antes me parecía cálida y acogedora, ahora me resultaba molesta, casi dolorosa; me sentía más cómodo en las sombras, en los rincones donde la luz no llegaba, como si mi propio ser hubiera empezado a adaptarse a lo que ahora me pertenecía.

Esa mañana, me había despertado con una sensación inquietante. Había soñado nuevamente con él: con su figura alta y esbelta, vestida siempre con ropas oscuras que parecían absorber la luz, con esos ojos negros y profundos que parecían ver más allá de mi piel, de mis pensamientos, de todo lo que yo creía ser. En el sueño, él estaba de pie frente a mí, en un lugar que no reconocía, un espacio infinito lleno de niebla gris y silencio absoluto. No habló, solo me miró, y en su mirada había una mezcla de tristeza y triunfo, como si yo fuera algo que había esperado durante siglos y que finalmente había llegado a su destino. Cuando desperté, mi corazón latía con fuerza, y mi piel estaba fría y húmeda por el sudor. Y lo más extraño: no sentía miedo. Había una parte de mí, una parte que crecía cada día más fuerte, que se sentía atraída hacia él, hacia todo lo que representaba, como si fuera una llamada de algo que siempre había estado ahí, oculto, esperando solo el momento adecuado para salir.

Llegué al final del pasillo, donde estaba la puerta de la antigua biblioteca de la mansión. Era una habitación que apenas se usaba, llena de estanterías altas que llegaban hasta el techo, repletas de libros viejos, encuadernados en cuero, con páginas amarillentas por el paso del tiempo. Mi abuelo solía pasar horas ahí, cuando era vivo; decía que esos libros guardaban secretos que el mundo moderno había olvidado. Yo nunca le había prestado mucha atención, pero ahora… ahora todo parecía tener sentido. Todo lo que él me había contado, las historias que parecían leyendas, las advertencias sobre fuerzas antiguas que habitaban entre nosotros… todo empezaba a encajar, como piezas de un rompecabezas que yo no sabía que estaba armando.

Empujé la puerta, que se abrió con un crujido largo y suave, como si me diera la bienvenida. El aire aquí era aún más pesado, y el olor a papel viejo y tinta se mezclaba con ese otro aroma, el mismo que yo había percibido en la noche de mi encuentro: lirios marchitos y vino oscuro. Mi corazón dio un vuelco. Él había estado aquí. Podía sentirlo, podía percibir su huella en cada rincón, como si su esencia hubiera quedado impregnada en las paredes, en los libros, en el mismo aire que respiraba.

Caminé entre las estanterías, mis dedos rozando los lomos de los libros. Muchos tenían títulos que no entendía, escritos en idiomas antiguos, desconocidos para mí. Otros hablaban de magia, de sombras, de pactos, de almas que cambiaban de dueño. Cuanto más leía, más comprendía: lo que me estaba pasando no era algo nuevo, no era algo que solo me sucedía a mí. Era parte de algo mucho más grande, de un orden antiguo que existía desde el principio de los tiempos. La oscuridad no era solo la ausencia de luz; era algo vivo, algo consciente, algo que tenía su propia voluntad, sus propias leyes. Y esas leyes decían que algunas almas estaban destinadas a ser suyas. Y yo, al parecer, era una de ellas.

Llegué a una mesa situada en el centro de la habitación, cubierta por una capa de polvo que se había acumulado durante años. Encima había un libro distinto a los demás: más pequeño, encuadernado en un material oscuro que no parecía cuero, ni madera, ni nada que yo hubiera visto antes. Su superficie era suave, casi sedosa, y tenía grabado en la portada un símbolo extraño: una luna rodeada de sombras, con una estrella en el centro. Al verlo, sentí una punzada en el pecho, como si ese símbolo fuera algo que yo conocía, algo que formaba parte de mí.

Lo tomé con cuidado; estaba frío al tacto, como si hubiera estado guardado en un lugar helado durante mucho tiempo. Al abrirlo, las páginas crujieron suavemente. No había letras, al principio, solo dibujos: escenas de batallas entre seres de luz y seres de sombra, ciudades que se alzaban y caían, personas que parecían entregarse voluntariamente a la oscuridad, con expresiones que no eran de miedo, sino de paz, de plenitud. Pero a medida que pasaba las páginas, aparecieron escritos: frases cortas, a veces incompletas, a veces escritas con una letra que parecía haberse escrito con sangre o tinta negra muy oscura.

“La luz es prestada; la oscuridad es lo que somos en esencia”, leí en voz alta, y mi propia voz sonó extraña, más profunda, más segura de lo habitual. “Las almas que le pertenecen a ella no están condenadas; están liberadas. Liberadas de las mentiras, de las reglas, de todo lo que el mundo les ha hecho creer que es verdadero”.

Pasé otra página, y ahí estaba, escrito claramente: “Cuando la llamada se escucha, no hay vuelta atrás. El alma reconoce a su dueño, y el dueño reclama lo que es suyo. El vínculo se hace fuerte, indisoluble, y cuanto más se resiste uno, más rápido se apodera de todo su ser. Pero quien acepta… quien abre su corazón y su mente… encuentra lo que siempre buscó, aunque no lo supiera: pertenencia, propósito, eternidad”.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Era exactamente lo que yo estaba viviendo. La resistencia que había sentido al principio, la confusión, el miedo… todo eso había desaparecido poco a poco, reemplazado por esa sensación extraña de que todo estaba bien, de que todo estaba yendo como debía ser. Y ahora, al leer esas palabras, comprendí que mi aceptación no era una derrota, sino un reconocimiento de algo que siempre había sido cierto.

De repente, una voz resonó detrás de mí, suave, profunda, inconfundible:

—Has empezado a entenderlo. Me alegra. No quería que sufrieras más de lo necesario.

Me giré bruscamente. Él estaba ahí, de pie en el umbral de la puerta, tal como lo recordaba. Su figura recortada contra la penumbra, sus ojos brillando con esa luz oscura que parecía tener vida propia. No lo había escuchado entrar, no había oído sus pasos, ni el sonido de la puerta al moverse. Simplemente estaba ahí, como si hubiera aparecido de la nada, o como si siempre hubiera estado ahí, esperando a que yo lo notara.

—¿Cómo entraste? —pregunté, aunque en el fondo sabía que la respuesta no importaba. Nada de lo que él hacía seguía las reglas que yo conocía.

Él sonrió apenas, esa sonrisa que era a la vez amable y peligrosa, llena de secretos y de siglos de historia.

—Entro donde me permiten entrar —dijo, y dio un paso hacia adentro. La luz de la única ventana de la habitación, cubierta por cortinas gruesas, le iluminó parcialmente el rostro. Era hermoso, de una belleza extraña, casi sobrenatural: rasgos perfectos, piel pálida, cabello oscuro que le caía sobre los hombros. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos: profundos, infinitos, como si en ellos hubiera todo el universo oscuro, todas las sombras que existen y que existirán—. Y tú… tú me has abierto la puerta mucho antes de que yo viniera por primera vez. Solo no lo sabías.

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Carmen Cecilia Ledezma Chaverra
Estuvo buena aunque le faltó chispa a la trama
Penelope
Simplemente hermoso, encontrar su complemento. 👏👏
Penelope
Que viva el amor...
Penelope
jojojo
Penelope
Que comience el amor
Penelope
Uhh, encontró su media naranja/NosePick//NosePick//NosePick/
Penelope
Que lindo, tener alguien que te cuide desde antes de nacer y que no haga parte de tu familia.👏
Penelope
Me ha parecido interesante el tema.
Siempre vemos la oscuridad como algo malo, pero realmente es como ver la vida de otra manera
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