se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia
NovelToon tiene autorización de Hikari Hifumi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 4 la confesión
El bosque pareció volverse aún más frío tras la declaración del chico de cabello azul. Beatrix sentía que el mundo que conocía se desmoronaba con cada palabra que pronunciaban estos desconocidos.
Elias, que hasta ahora había mantenido una actitud servicial y tranquila, dio un paso al frente. Su expresión amable se había tornado en una de profunda seriedad, y por primera vez, sus ojos verdes brillaron con una autoridad que no había mostrado antes. Se giró hacia Beatrix, ignorando por un momento la tensión eléctrica que emanaba de los otros tres.
—En verdad lo lamento, princesa —dijo Elias con un tono cargado de sinceridad y pesadumbre—. Debió habérselo dicho antes de que llegaran ellos. No quería abrumarla nada más cruzar el umbral, pero el destino tiene poca paciencia.
Luego, Elias se enderezó y clavó su mirada en el chico de cabello azul y ojos grises, manteniendo una calma que desafiaba la frialdad del otro.
—Eso todavía no lo ha decidido la princesa —sentenció Elias con firmeza, corrigiéndolo frente a todos—. Tu reclamo es prematuro y falto de gracia.
Beatrix pasó la mirada de uno a otro, con la confusión grabada en su rostro pálido.
—¿Decidido qué? ¿De qué están hablando? —logró preguntar, con su voz recuperando esa neutralidad gélida que usaba como escudo.
Elias suspiró y extendió una mano hacia el grupo de jóvenes, incluyéndose a sí mismo en el gesto.
—Beatrix, esta academia no es solo una escuela. Es el campo de pruebas para el futuro del trono —explicó Elias con suavidad—. Ellos tres, incluyéndome a mí, somos sus candidatos a futuros esposos, elegidos por el mismísimo Rey del Inframundo... su padre.
Jax soltó una risa ronca, el chico de cabello anaranjado lamió sus labios con una chispa de malicia en sus ojos negros, y el de cabello azul mantuvo su mirada fija en ella, como si ya le perteneciera.
—Su padre ha dispuesto que usted elija al más apto para gobernar a su lado —continuó Elias—. Su llegada marca el inicio de una competencia que ninguno de nosotros piensa perder.
Beatrix sintió que el suelo de hojas muertas se movía bajo sus pies. No solo estaba en un reino de demonios, sino que era el premio de un juego real organizado por un padre que nunca había conocido.
La máscara de frialdad de Beatrix finalmente se agrietó. El asombro y el horror dieron paso a una indignación que le quemaba en el pecho. Dio un paso atrás, alejándose de los cuatro jóvenes que la rodeaban como depredadores o guardianes, y su voz, antes plana, salió cargada de una determinación desesperada.
—¿El Rey del Inframundo? ¿Candidatos? —soltó una risa amarga que resonó en el silencio sepulcral del bosque—. No me importa quién sea mi padre ni qué títulos me hayan colgado. Yo tengo una vida, una casa y una madre que me espera.
Se giró hacia Elias, quien parecía ser el único capaz de escucharla sin verla como un trofeo.
—¡Quiero volver con mi madre! Ya no quiero estar aquí —sentenció con los ojos encendidos—. Si no soy completamente humana, eso es algo que tendré que resolver después, pero mi hogar está allá arriba, no en este agujero lleno de cuernos y arrogancia.
El chico de cabello azul dio un paso hacia ella, sus ojos grises brillando con una mezcla de fascinación y frialdad.
—El portal se cerró en cuanto el taxi cruzó el umbral, Beatrix —dijo él, ignorando su arrebato—. Nadie sale del Inframundo sin el permiso del Rey. Y él no te trajo aquí para que regresaras a jugar a las casitas con una mortal.
El joven de cabello anaranjado soltó una carcajada, jugando con una pequeña llama que bailaba entre sus dedos.
—Además, cariño, ahora que has despertado en este aire, tu parte humana se está marchitando. Si vuelves ahora, el mundo de los vivos te rechazaría como a un órgano trasplantado. Tu sangre está reclamando su lugar.
Elias, viendo el pánico crecer de nuevo en el rostro de Beatrix, se interpuso entre ella y los demás.
—Princesa, escúcheme —dijo con voz suave—. Entiendo su miedo, pero por ahora, la Academia es el único lugar seguro. Su padre no la dejará ir hasta que haya cumplido su propósito. Pero le prometo algo... —Elias bajó la voz para que solo ella lo escuchara—: yo la ayudaré a entender quién es realmente, y si después de eso sigue queriendo volver, buscaré la forma. Pero ahora, por favor, tiene que entrar al castillo. Los peligros del bosque son peores que los modales de estos dos.
Beatrix miró hacia la oscuridad del bosque y luego hacia la imponente mole de obsidiana de la Academia. Se sentía atrapada, una pieza de ajedrez en un tablero que ni siquiera comprendía.