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“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mitos y leyendas / Mundo de fantasía
Popularitas:310
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4:Espíritus del lago

El sol comenzaba a ocultarse detrás de los árboles gigantes del santuario.

La luz naranja atravesaba lentamente las hojas mientras el lago reflejaba el cielo como un enorme espejo brillante.

Cecilia seguía sentada junto a su madre observando el agua en silencio.

La pequeña tortuga ya había desaparecido bajo la superficie, pero la niña seguía pensando en ella.

—Mamá…

—¿Sí?

—¿Las tortugas mágicas existen?

Su madre soltó una pequeña risa.

—Claro que existen.

Los ojos amatista de Cecilia brillaron inmediatamente.

—¡¿En serio?!

—Aunque no son fáciles de encontrar.

La mujer acomodó lentamente el cabello negro de su hija detrás de sus orejas élficas.

—¿Has escuchado sobre los espíritus tortuga?

Cecilia negó rápidamente con la cabeza.

—Son espíritus muy antiguos y fuertes.

El viento movió suavemente el agua del lago.

—Algunos protegen bosques. Otros acompañan viajeros. Y algunos permanecen junto a una sola persona durante toda su vida.

Cecilia escuchaba completamente fascinada.

—¿Son enormes?

—Algunos sí.

—¿Y aterradores?

—Depende.

La mujer sonrió un poco.

—Los espíritus reflejan mucho de la persona con la que deciden quedarse.

La niña inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Ellos eligen?

—Sí.

Su madre observó nuevamente el lago.

—A veces aparecen como espíritus adultos. Tranquilos. Sabios. Muy poderosos.

La luz del atardecer iluminó suavemente sus ojos amatista.

—Es mucho más común encontrar espíritus adultos que crías.

—¿Y los bebés?

Por un instante…

la expresión de la mujer cambió apenas un poco.

Como si estuviera recordando algo lejano.

—Ver un espíritu tortuga recién nacido es extremadamente raro.

El ambiente alrededor del lago se volvió más silencioso.

—¿Por qué?

—Porque normalmente significa algo importante.

Cecilia abrazó nuevamente su libro contra el pecho.

—¿Qué tipo de importante?

La mujer sonrió suavemente.

—A veces significa que esa persona posee algo muy valioso dentro de sí.

—¿Como magia?

—Más que eso.

Su voz sonaba tranquila.

—Un alma especial. Una gran bondad. O un destino que todavía no comprende.

El viento recorrió lentamente el lago.

—Y otras veces…

La mujer bajó ligeramente la mirada.

—Simplemente significa que el espíritu desea estar con alguien.

Cecilia abrió un poco los ojos.

—¿Aunque no lo conozca?

—Los espíritus sienten cosas que nosotros no podemos entender completamente.

La niña permaneció pensando unos segundos.

Luego habló lentamente.

—Entonces… si una cría aparece frente a alguien…

Sus ojos amatista brillaron con inocencia.

—¿Es porque lo eligió?

Su madre asintió.

—Sí.

El silencio volvió a envolverlas.

Cecilia observó nuevamente el lago.

Imaginando pequeñas tortugas mágicas escondidas bajo el agua.

—Me gustaría conocer una algún día.

La mujer sonrió.

—Quizás ya te están observando.

Cecilia miró rápidamente alrededor.

—¡¿Dónde?!

La madre comenzó a reír suavemente.

—No aparecerán solo porque las busques desesperadamente.

La niña infló las mejillas.

—Eso es injusto…

Entonces…

algo pequeño emergió lentamente cerca de la orilla.

Cecilia quedó inmóvil.

Una pequeña cabeza apareció apenas sobre el agua.

Dos ojos pequeños y curiosos observaban directamente hacia ellas.

La niña abrió enormemente los ojos.

—M-Mamá…

La mujer también se sorprendió un poco.

Porque aquella pequeña tortuga…

estaba cubierta por un brillo mágico extremadamente débil.

Apenas visible.

Pero real.

El pequeño espíritu observó a Cecilia unos segundos.

Completamente inmóvil.

Como si estuviera analizándola.

Y entonces…

desapareció nuevamente bajo el agua.

Cecilia se levantó rápidamente.

—¡¿Viste eso?!

—Sí…

La madre de Cecilia observó el lago en silencio.

Por primera vez desde hacía mucho tiempo…

parecía realmente confundida.

Porque aquel brillo…

sí pertenecía a un espíritu.

Y era demasiado pequeño.

Demasiado joven.

Casi…

como una cría recién nacida.

Capítulo 4

Espíritus del lago — Parte 2

El lago volvió a quedar en silencio.

Las pequeñas ondas en el agua desaparecieron lentamente mientras el cielo comenzaba a oscurecerse sobre el santuario.

Cecilia seguía mirando el lugar donde aquella pequeña tortuga había desaparecido.

—Era un espíritu… ¿verdad?

Su madre permaneció observando el agua unos segundos antes de responder.

—Sí.

La niña sonrió inmediatamente.

—¡Entonces me eligió!

La mujer intentó sonreír también.

Pero algo en su mirada había cambiado.

Preocupación.

Una preocupación profunda.

Porque ella conocía las antiguas historias mejor que nadie.

Y ver una cría espiritual aparecer frente a Cecilia…

no era normal.

El viento nocturno comenzó a recorrer lentamente el lago.

Entonces la madre de Cecilia habló otra vez.

Pero esta vez…

su voz sonaba diferente.

Más seria.

—Cecilia…

La niña volteó inmediatamente.

—¿Sí?

La mujer dudó unos segundos.

Como si estuviera intentando encontrar las palabras correctas.

—Hay algo importante que debo decirte.

Cecilia inclinó ligeramente la cabeza confundida.

Su madre sonrió suavemente…

aunque sus ojos amatista reflejaban tristeza.

—Tu papá me hizo una promesa hace tiempo.

El ambiente se volvió silencioso.

—Si algún día llego a fallecer… o me sucede algo…

Los ojos de Cecilia se abrieron lentamente.

—Él se hará cargo de ti.

El viento movió las flores alrededor del lago.

—Te llevará al Reino de Lytharia. Y vivirás allí como una princesa.

La niña quedó inmóvil.

—¿F-fallecer…?

Su pequeña voz tembló.

La mujer inmediatamente la abrazó suavemente.

—Escúchame. No estoy diciendo que vaya a pasar pronto.

Pero incluso así…

su abrazo era demasiado fuerte.

Como si intentara memorizar aquel momento.

—Entonces no digas cosas así…

Cecilia bajó la mirada.

—No me gusta…

La madre cerró lentamente los ojos.

Porque sabía algo.

El santuario ya no era completamente seguro.

Las tensiones crecían. Los rumores crecían. Y la existencia de Cecilia comenzaba a llamar demasiado la atención.

Además…

Liz había regresado.

Y eso jamás ocurría sin motivo.

La mujer acarició lentamente el cabello negro de su hija.

—No quiero que vivas con resentimiento.

Cecilia levantó lentamente la mirada llena de confusión.

—¿Resentimiento…?

—No quiero que pienses que no hice nada por ti. O que te abandoné.

Sus ojos amatista temblaron ligeramente.

—Todo lo que hago… es por tu seguridad.

La niña apretó lentamente la ropa de su madre.

—No quiero irme del santuario…

—Lo sé.

—No quiero dejarte…

Aquellas palabras rompieron algo dentro de ella.

Pero aun así sonrió.

Porque era madre antes que cualquier otra cosa.

—Cecilia…

Su voz era increíblemente cálida.

—Hay momentos donde amar a alguien significa dejarlo vivir… aunque eso nos haga sufrir.

La niña no entendía completamente esas palabras.

Era demasiado pequeña.

Solo sabía que el pecho le dolía.

Y que escuchar a su madre hablar así le daba miedo.

Mucho miedo.

Entonces…

la mujer apoyó suavemente su frente contra la de Cecilia.

—Prométeme algo.

—¿Qué cosa…?

—Si algún día debes irte… vive.

El viento sopló lentamente alrededor del lago.

—Haz amigos. Sonríe. Enamórate. Llora si es necesario.

Una pequeña lágrima cayó por la mejilla de la mujer.

—Pero sigue viviendo.

Cecilia observó aquella lágrima completamente confundida.

Porque era la primera vez…

que veía llorar a su madre.

—Mamá…

La mujer rápidamente limpió sus ojos y volvió a sonreír.

—Lo siento. No quería preocuparte.

Pero Cecilia la abrazó con fuerza.

Pequeña. Temblando.

—No quiero que desaparezcas…

La madre cerró lentamente los ojos mientras abrazaba a su hija.

Y por un instante…

solo por un instante…

el miedo dentro de su corazón se volvió insoportablemente real.

Porque sentía algo acercándose.

Algo inevitable.

Algo que lentamente comenzaba a destruir la tranquilidad de aquella pequeña vida feliz.

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