Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.
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Capítulo 4 Donde el aire no llega
El silencio siempre fue su peor enemigo.
Lo dejé ahí.
Encerrado.
Escuché cómo sus manos golpeaban la madera desesperado, una y otra vez, cada vez más débil, cada vez más lento.
- Sáquenme, por favor.
Su voz se rompía.
Yo me quedé del otro lado, en el pasillo, quieto, escuchando.
- No puedo respirar…
Cerré los ojos.
Y por un momento, volví a caer.
El vacío.
El golpe.
Las burlas.
Abrí los ojos.
- Nadie vino por mí.
Me acerqué ala puerta lo miré a los ojos me miro, con una sonrisa le dije
- Hola! Ricador ¿me recuerdas ?, soy Daniela.
Sus ojos se querían salir del miedo.
Sabía perfectamente quien era daniela.
Su voz empezó a desaparecer.
- Perdón.
Sus últimos golpes fueron suaves.
Luego.
Nada.
Silencio.
Un silencio pesado.
Final.
Respiré profundo.
- Tres.
Me alejé despacio, arrastrando el trapeador como si nada hubiera pasado.
Como siempre.
Como el viejo invisible.
Pasaron horas.
Las clases terminaron.
El sol empezó a bajar.
Y fue entonces…
Que alguien abrió esa puerta.
Un grito rompió toda la escuela.
- ¡Dios mío!
Era una de las profesoras.
La escuché desde el pasillo.
Corrí despacio, como los demás, fingiendo sorpresa.
Ricardo estaba en el suelo.
Pálido.
Rígido.
Sus ojos abiertos.
Llenos de miedo.
Como si hubiera visto algo antes de morir.
Los estudiantes comenzaron a acercarse.
- ¿Qué pasó?
- ¿Está muerto?
- ¡Llamen a alguien!
El caos empezó.
Gritos.
Llanto.
Confusión.
Yo me quedé atrás, observando.
Como siempre.
Llegó la dirección.
Luego la policía.
Las cintas.
Las preguntas.
Todo pasó rápido, pero no lo suficiente.
Escuché a un oficial decir.
- Otro más del mismo grupo.
Otro respondió.
- Esto ya no es coincidencia.
Bajé la mirada para esconder mi sonrisa.
-¡Claro que no lo es!.
Al día siguiente, la escuela no era la misma.
El miedo ya no era un susurro.
Era evidente.
Visible.
Real.
Los estudiantes hablaban bajo.
Los profesores evitaban el tema.
Pero no todos.
Ese día la vi por primera vez.
La psicóloga.
Una mujer seria, mirada fija, pasos firmes.
Entró como si ya supiera que algo no estaba bien.
- Buenos días, soy la licenciada Herrera.
Su voz era tranquila, pero fuerte.
- Estoy aquí para evaluar la situación.
Observó a todos.
Pero cuando sus ojos pasaron por mí…
Se detuvo un segundo.
Solo un segundo.
Frunció el ceño levemente.
Sentí algo extraño.
Como si pudiera ver más allá.
Aparté la mirada.
Seguí limpiando.
Pero algo dentro de mí se tensó.
Más tarde la escuché hablar con la directora.
- Tres estudiantes del mismo grupo, en circunstancias extrañas.
- Esto necesita investigarse a fondo.
La directora suspiró.
- La escuela está entrando en pánico.
- Y con razón - respondió ella.
Me quedé quieto, escuchando desde la puerta.
- Quiero hablar con todos los que estuvieron cerca de ellos.
- Incluyendo al personal.
Apreté el palo del trapeador.
- Interesante…
Esa noche, en mi casa, no pude dormir.
No por miedo.
Sino por algo diferente.
Algo nuevo.
Alguien me estaba mirando de vuelta.
Cerré los ojos.
Y vi su rostro.
La psicóloga.
Abrí los ojos lentamente.
- Esto, se está poniendo más interesante.
Sonreí en la oscuridad.
Pero esta vez.
No era la misma sonrisa.
Porque por primera vez.
Alguien podría acercarse demasiado.
Y eso,
Eso podría cambiarlo todo.
Asi que debía encargar me de ella también.