Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
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Capítulo 4:Convivir No Estaba en el Plan
Si alguien me hubiera dicho que terminaría compartiendo habitación con un aventurero de otro mundo, armado, inexplicablemente atractivo y demasiado atento, me habría reído.
Ahora no me reía.
Estaba sentado en el borde de una cama estrecha, mirando el suelo de madera del templo, mientras Kael cerraba la puerta detrás de nosotros.
Clac.
El sonido fue suave… pero mi corazón reaccionó como si hubiera sido un portazo.
—Aquí te quedarás —dijo con total naturalidad.
Levanté la vista.
La habitación no era grande. Dos camas simples, una mesa de madera gastada por el tiempo y una ventana pequeña por donde entraba la luz anaranjada del atardecer. El aire olía a madera vieja y a incienso suave. Nada lujoso. Nada peligroso.
Excepto por el hecho de que él estaría aquí conmigo.
—¿Aquí…? —repetí, torpemente.
Kael asintió.
—El templo no tiene muchas habitaciones libres. Y no quieren dejarte solo todavía.
Todavía.
Esa palabra me hizo sentir… frágil. Como algo que podía romperse si lo dejaban caer.
—Ah… claro —respondí—. Tiene sentido.
Demasiado sentido.
Bajé la mirada a mis manos, jugueteando con los dedos. Me di cuenta de que temblaban un poco. No era miedo exactamente… era una mezcla extraña de nervios y algo que no quería nombrar.
Kael se quitó la capa y la dejó sobre una silla. Sin ella, parecía aún más grande. Más cercano. Más real.
No mires. No mires.
Miré.
Su camisa estaba ligeramente abierta en el cuello, dejando ver parte de su clavícula. Tenía pequeñas cicatrices en los brazos, marcas finas que hablaban de peleas pasadas, de una vida peligrosa… una vida muy distinta a la mía.
—¿Te incomoda algo? —preguntó de pronto.
Levanté la cabeza tan rápido que casi me mareo.
—¡No! —respondí—. Digo… no, está bien. Todo bien.
Silencio.
Kael me observó unos segundos. No con esa mirada intensa del primer día, sino con algo más tranquilo… curioso. Analítico.
—Mientes mal —comentó.
—¿Eh?
—Cuando estás nervioso hablas más rápido —dijo—. Y tus hombros se tensan.
Me llevé una mano al hombro de inmediato.
—Eso no es cierto.
—Lo es.
—No.
—Sí.
—No—
—Akiro —me interrumpió, con una ligera sonrisa.
Me quedé en silencio.
Esa sonrisa…
Era pequeña, casi invisible, pero me desarmó más que cualquier cosa.
—Perdón —murmuré—. Solo… no estoy acostumbrado a esto.
—¿A compartir habitación? —preguntó.
—A… todo —respondí con honestidad.
Kael asintió lentamente.
—Yo tampoco estaría tranquilo si me arrancaran de mi mundo —dijo—. Y menos si aparezco en uno lleno de magia, dragones y gente que me mira raro.
Solté una risa pequeña, involuntaria.
—Gracias por decirlo así —dije—. Suena menos aterrador.
—De nada.
Se sentó en la cama de enfrente, apoyando los codos sobre las rodillas.
—Mañana te mostraré el templo —añadió—. Y la ciudad, si te sientes con ánimo.
—¿La ciudad? —pregunté, sorprendido.
—Sí. No puedes quedarte encerrado aquí.
—¿Y si… no encajo? —pregunté sin pensar.
Kael me miró fijamente.
—Encajar no es obligatorio —respondió—. Sobrevivir sí.
La respuesta fue tan directa que no supe qué decir.
Me recosté lentamente en la cama, mirando el techo. Las vigas de madera formaban figuras extrañas con la luz del atardecer, como si el lugar respirara conmigo.
—Kael… —dije tras unos segundos.
—¿Sí?
—¿Por qué me ayudas tanto?
Hubo una pausa.
Una larga pausa.
—No lo sé —admitió finalmente—. Supongo que… no me gustan los errores sin corregir.
Giré el rostro para mirarlo.
—¿Soy un error?
Nuestros ojos se encontraron.
—No —dijo con firmeza—. El error fue el ritual. Tú solo… estabas en el lugar equivocado.
Mi pecho se apretó.
—Eso no me tranquiliza tanto como crees.
Kael soltó una risa suave.
—Lo sé.
Se levantó y abrió un poco la ventana. El aire fresco de la noche entró, moviendo levemente las cortinas.
—Dormiremos temprano —dijo—. Mañana será largo.
—Claro.
Apagó una de las lámparas mágicas. La habitación quedó en penumbra.
Me giré de lado, dándole la espalda… pero no pude dormir.
Podía sentirlo.
Su presencia al otro lado de la habitación.
Su respiración tranquila.
—Kael —susurré.
—¿Hm?
—Gracias… por quedarte.
No respondió de inmediato.
Pensé que tal vez se había dormido.
—Akiro —dijo entonces, con voz baja—. No tienes que agradecérmelo cada vez.
—Lo sé.
—Pero puedes hacerlo igual —añadió—. No me molesta.
Sentí calor en el pecho.
Cerré los ojos.
Y por primera vez desde que fui invocado por error…
Dormí sin miedo.