Despertar en época moderna
"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía
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Capítulo 16: La Noche de las Cenizas de Acero
El informe de la criada se sintió como una detonación de vapor en una caldera a punto de estallar. Lorena, sin embargo, no gritó. No se desmayó. El frío que había sentido durante toda la velada se consolidó, transformándose en una armadura de hielo.
—Tea —dijo ella, con una voz tan gélida que la doncella se detuvo en seco—. Cierra las puertas de la Corte Céfiro. Activa el protocolo de sellado manual. Nadie entra, nadie sale.
—Pero señora... ¡La familia Casas! ¡Están acusados de traición! —Tea estaba al borde del colapso, con los ojos anegados en lágrimas.
—Lo sé —respondió Lorena, poniéndose en pie con una agilidad que ninguna mujer recién parida debería poseer—. Marco ha estado sembrando "evidencias" durante meses. Ese cofre con los supuestos sellos sediciosos no llegó allí por casualidad. Él mismo los plantó aprovechando su última visita al territorio de la familia Casas.
Aurora, en su cuna, abrió los ojos. No había rastro de sueño en ellos, solo una observación clínica del caos que se avecinaba.
«Es el momento, madre. Si el Capitán de la Guardia Imperial ha rodeado la mansión de los Casas, es porque Marco ha pagado a alguien dentro del Ministerio de Seguridad para que autorice el registro. Pero ha olvidado un detalle crucial: el Príncipe Heredero».
Lorena se acercó al pañuelo donde reposaba el colgante de jade que Hugo le había regalado a su hija. El objeto emitía un pulso tenue, un parpadeo azulado que indicaba que estaba activo.
—Tea, tráeme el transmisor de señales que confiscamos del abrigo de Marco durante la inspección de la Princesa. Ese aparato no era solo para sabotaje. Era un emisor de frecuencia.
—¿Para qué lo quiere, señora?
—Marco cree que ha incriminado a mi familia. Pero ese emisor está sintonizado con la red privada del Gremio del Acero. Si lo encendemos ahora, en la misma frecuencia que los "objetos sediciosos" que encontraron en casa de mis padres, demostraremos que la firma energética de los objetos de los Casas es idéntica a la que Marco posee en su estudio.
La estrategia de Lorena era suicida, pero brillante. Si lograba conectar la "evidencia" encontrada en la casa de sus padres con la tecnología ilegal en posesión de su marido, Marco no solo sería un adúltero; sería un terrorista estatal.
—Señora, si fallamos, nos ejecutarán junto con ellos —advirtió Tea, aunque sus manos ya se movían con rapidez buscando el dispositivo.
—Si no actuamos, el linaje Casas será borrado del mapa para mañana al amanecer —sentenció Lorena—. Marco no quiere solo el poder. Quiere borrar cualquier conexión que yo tenga con mi pasado para que yo sea una marioneta en su teatro de sombras.
Afuera, la ciudad industrial no dormía. Las sirenas de los destacamentos de la Guardia Imperial aullaban en la distancia, marcando el ritmo de una persecución que Lorena pretendía redirigir.
Lorena se acercó a Aurora y le acarició la frente. La bebé, con esa madurez desconcertante, le devolvió una mirada de complicidad.
«Él está brindando ahora mismo con su amante, celebrando nuestra caída, madre», susurró la voz de Aurora en su mente. «Cree que ha ganado. Pero no sabe que la Princesa Real aún no se ha marchado de la ciudad. Ella está esperando ver qué hace Marco con los activos confiscados de los Casas. Si hacemos que la frecuencia de esos 'objetos sediciosos' resuene con el dispositivo de Marco frente a los guardias de la Princesa, ella misma ordenará su detención».
—Tea, envíame un mensaje al Capitán de la Guardia que patrulla nuestra mansión —ordenó Lorena—. Dile que, debido a los recientes eventos, temo por la seguridad de la heredera y que deseo entregar "pruebas de una conspiración interna" a la Princesa Real.
—¿Señora, está segura?
—Más que nunca. Esta noche, la Mansión de Bronce dejará de ser mi prisión y se convertirá en la tumba de la carrera política del Barón Kaelen.
Cuando la criada salió, Lorena volvió a mirar a la ventana. El cielo nocturno estaba manchado por el humo de las chimeneas, pero entre las nubes, los reflectores de las aeronaves imperiales escaneaban la ciudad. La red estaba tendida, y Marco, en su arrogancia, había caminado directo hacia el centro de la trampa.