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Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Status: Terminada
Genre:CEO / Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En la vibrante metrópolis de Shanghái, la sangre no solo corre por las venas; es la moneda de cambio de un imperio que ha gobernado desde las sombras durante milenios.

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Capítulo 09

La mañana siguiente amaneció con un aire distinto en el ático del piso 99. La estación de Yan estaba impregnada por una mezcla de ansiedad y curiosidad, como si un medicamento nuevo hubiera sido añadido a su rutina: una mezcla de adrenalina, conocimiento y el inconfundible olor a madera mojada y sándalo que parecía seguirla como un perfume de guerra. No había corrientes de aire fresco en esa habitación, solo un silencio que parecía medir el tiempo con un compás propio.

Yan revisaba correos, registros y archivos que había conseguido sembrar entre la multitud de la intrincada red de la compañía Li. Había pasado la noche hojando carpetas, comparando firmas, rastreando operaciones donde la contabilidad parecía moverse con la suavidad de la seda. Pero lo más importante no era el dinero. Era la historia que se escondía detrás de cada operación y la posibilidad de que aquello que parecía ser una simple empresa de inversiones fuera, en realidad, una red de secretos que podían desenterrar una verdad que cambiaría todo lo que él sabía.

Zixuan apareció en la puerta sin hacer ruido. Su presencia, que normalmente imponía una especie de ritual de distancia, ahora tenía un aire más mundano, más humano, como si al menos por esa mañana quisiera parecer menos amenazante. Sus ojos, sin embargo, seguían siendo una lente que podía atravesar cualquier fachada.

—Ya has visto suficiente para empezar a entender —dijo él, acercándose con cuidado—. Pero hay cosas que la superficie no revela. Para eso, necesitas mirar más allá.

Yan alzó la vista sin mostrar sorpresa. Había aprendido a esperar lo inesperado con él.

—¿Qué es lo que no ves, Zixuan? —preguntó—. ¿Qué es lo que están haciendo, qué están planeando?

—Más allá de las inversiones están los hilos que sostienen la propia existencia de la dinastía Li —respondió él, con una voz más suave de lo habitual—. Li Zhou tiene la paciencia de un marino antiguo y la mente de un estratega que no teme a tomar riesgos. El Anciano dirige una red que llega a cada puerto, cada hospital, cada banco de sangre. No todo es legal, no todo se paga con yuanes.

Yan tragó saliva, consciente de que cada palabra que decía la acercaba a la verdad que temía enfrentar. Tenía que ser cuidadosa; la verdad podía costarle la vida si caía en las manos equivocadas.

—¿Qué tipo de red es esta? —preguntó—. ¿Qué permiten? ¿Qué ocultan?

—Ocultan el origen de sus “donantes” —explicó Zixuan, pero ahora con una frialdad que no era la fría máscara de un CEO, sino la frialdad de alguien que ha sido testigo de horrores y ha sobrevivido para contarlos—. No es solo una cuestión de dinero. Es un mecanismo para sostener un poder que no se sostiene con la moralidad de la ley ni con la ética de la sociedad. Es un comercio de vidas, Yan. Y no es un negocio que puedas abandonar sin enfrentar las consecuencias.

Yan fijó la vista en la pantalla. Sus dedos la golpearon con una precisión que escondía la furia que llevaba dentro. Había descubierto que el Sindicato Li no sólo comerciaba con productos; comerciaba con la sangre humana como si fuera una materia prima, una fuente que alimentaba su paraíso de sombras clandestinas.

—Y ahora que lo sabes —dijo Yan, con un tono que era a la vez desafiante y cansado—, ¿qué harás? ¿Dejarás que siga funcionando, o intentarás detenerlo desde dentro, aunque eso signifique exponerte a una cosa que podría destruir todo?

Zixuan cruzó los brazos y se apoyó en la pared, observándola con una mezcla de admiración y preocupación. Su piel, pálida y casi translúcida, parecía brillar con la luz azul de la pantalla, y en su mirada había un destello de algo casi humano, una clase de vulnerabilidad que él rara vez permitía.

—Yo ya he mostrado lo que soy capaz de hacer cuando alguien cruza una línea. Pero si pretendemos hacer algo grande, tenemos que hacerlo con precisión y paciencia. No podemos permitir que Li Zhou adivine nuestras intenciones antes de que estemos listos. A ti te conviene entender que cada decisión que tomes a partir de ahora tendrá consecuencias que no podrás desechar.

Yan dio un paso atrás y se dejó caer en la silla frente al escritorio. Sus pensamientos trabajaban a velocidad doble: sabía que Li Zhou era peligroso, sabía que la historia de su padre estaba tan entrelazada con el Clan Li que no podría separarla sin duelo, y sabía que Zahira, la mujer que había sido su madre adoptiva en su juventud, le había dicho un día que el amor y la venganza podían coexistir, pero solo si uno de los dos something. No era una banalidad; era la promesa de un destino que podría convertirla en algo que no se atrevía a imaginar.

—¿Y si la clave está en mi sangre? —preguntó, sin apartar los ojos de la pantalla y del archivo oculto que había encontrado—. Si mis genes siempre estuvieron ligados a una maldición que podría destruirlos a todos, ¿qué pasa si esa maldición es la que nos da la llave para derrotarlos?

Zixuan no respondió de inmediato. Él respiró hondo, como si la idea fuera una nota demasiado pesada para ser aceptada sin más. Luego, con un giro casi torpe para una criatura que había aprendido a moverse con la precisión de una máquina, cruzó la habitación y se situó detrás de ella, mirándole la pantalla sobre su hombro.

—En esta ciudad, las maldiciones no vienen en forma de hechizos oscuros; vienen como secretos que se esconden en las capas de sangre que fluyen en nuestras venas. Si tu sangre puede darnos una victoria, entonces debemos entender su alcance sin perdernos en la euforia de la victoria. Pero no te engañes: no quiero que te conviertas en un arma para alguien más. Quiero que sea tu decisión, arrogancia o valentía, la que marque el rumbo.

Yan, que había estado analizando y reescribiendo hipótesis en su mente, se volvió para enfrentarlo. Sus ojos, cansados de tantas sombras, se encontraron con los suyos. En ese instante, la cercanía de sus cuerpos parecía un campo de batalla sutil, con la tensión de una alianza que podría convertirse en la única forma de sobrevivir.

—Si lo hay —dijo ella—, lo enfrentaremos juntos. Pero debemos entender que cada paso que damos nos acerca más a un vértice donde ya no habrá vuelta atrás.

Zixuan asintió, como si se sorprendiera de encontrar en Yan una especie de aliado que él no esperaba encontrar en una humana.

—Entonces empecemos a delinear ese plan. Li Zhou no es un hombre que se ría de la idea de una traición a medias. Él espera fidelidad absoluta. Si queremos movernos sin que tiemble su mundo, tendremos que ser pacientes y astutos, Yan. Pacientes y astutos.

Yan asintió. Su mente, que ya estaba en marcha, comenzó a trazar rutas posibles hacia la verdad. En su interior, la llama de la determinación crecía, alimentada por la seguridad de saber que, al menos en este momento, había alguien que entendía el peso de cada decisión que tomaban. No era solo una historia de venganza; era la posibilidad de cambiar un mundo construido sobre pactos antiguos y promesas rotas.

Mientras la mañana se desdoblaba, Li Zixuan y Shu Yan se sumergieron en una conversación que asumía un tono más grave y estratégico: planificar reuniones discretas con aliados potenciales, entender el tiempo límite impuesto por Li Zhou, y, sobre todo, mantener en control la narrativa de su alianza ante la peste de la traición que podría venir de cualquier clan, incluidos los Si y los Wang, que ya habían mostrado su interés en escalar la lucha.

El aire en el ático parecía más cargado que de costumbre. No era solo la ventaja táctica de saber que había un enemigo común; era la posibilidad real de que, si se mantenían firmes y calculaban bien, podrían dirigir la estrategia hacia un triunfo que ninguno de los dos habría creído posible. Y, sin que nadie estuviera mirando directamente, la idea de que la sangre de Yan, esa sangre que parecía poseer un calor oculto, podría convertirse en una llave para abrir una puerta que antes parecía sellada para siempre, se hizo cada vez más clara en la mente de ambos.

La conversación terminó con un acuerdo implícito: No caer en impulsos, no permitir que la ira o el deseo nublen la mente, y, sobre todo, no subestimar a Li Zhou. Porque Li Zhou era, en última instancia, la madre de todo: el guardián de una tradición que se resistía a morir y la fuerza que empujaba a los Li hacia adelante, más allá de la simple ambición económica, hacia un destino que parecía escrito en la sangre de siglos. Y, en ese destino, Yan sabía que su amor por Zixuan, tan torpe como ardiente, podía ser la clave para que esa historia, que parecía condenada, encontrara un nuevo final. O, al menos, un final que no fuera la aniquilación de la humanidad misma.

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