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Susanne confió en quien no debía, lo entregó todo y descubrió muy tarde que un falso juramento puede llevarte al infierno.
Sin nada más que perder, que una vida que la axficia, tomará un camino de venganza lento y hasta humillante, pero si quiere ver a su enemigo caer de la cima al fango, ella tendrá que meterse hasta en su cama, con una nueva identidad y destruir lo que ese hombre atesora
Lo que Susanne no sabe es que en medio de su venganza, su corazón vuelva a amar y que eso pueda ser más peligroso que cumplir con su venganza.
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4. Palabras crueles
Los comentarios entre los sirvientes que entraban y salían de la cocina, no dejaban lugar a dudas, se estaba celebrando el compromiso matrimonial entre Lady Elvira, hija del conde de Salvatierra y Lord August, hijo del duque de Restrepo.
Susanne trataba de contener las lágrimas que querían brotar de su rostro, había sido tan idiota para creer las palabras de un hombre que solo se había burlado de ella, se sintió tonta y miserable.
- "Te dije que no confiaras en ese hombre, menos mal que no hiciste nada estúpido", dijo Luisa, mientras ponía más dulces en la fuente que pronto vendrían a llevar.
Susanne no dijo nada, y siguió trabajando tratando de demostrar una fortaleza que parecía resquebrajarse en cualquier momento, no le había contado a nadie que se había entregado a August y agradeció no haberlo hecho porque sino que su vergüenza sería aún más grande.
- "Tú muchacha, sube al cuarto de Lady Elvira, y trae el nuevo chal de la niña, va a dar un paseo en el jardín con su prometido, te apuras y se lo entregas en la terraza", dijo el mayordomo dirigiéndose a Susanne.
Susanne hubiese querido decir que no, pero sabía que no podía negarse, si algo salía mal, los castigarían a todos, y aunque a ella no le importe, sabe que no puede arriesgar a sus abuelos.
Subió a la habitación de Lady Elvira, un espacio delicadamente decorado, propio de una joven de alcurnia. La crudeza de la realidad la golpeó con fuerza, ¿cómo había podido creer que un lord elegiría a una plebeya antes que a una noble?
Tomo el chal y fue rápidamente a la terraza, ahí estaban Elvira y August charlando amenamente; y de la misma manera que ese hombre alguna vez la miró a ella, estaba mirando a otra mujer.
- "Mi Lady, acá está el chal que pidió", dijo Susanne con la mirada baja.
- "Hay no puede creer que escogieran a la más harapienta, disculpa August, debo ir al tocador un momento, antes de nuestro paseo. Tú muchacha recoge esos platos de la mesita mientras regreso", expresó Elvira con soberbia.
Cuando se quedaron solos, Susanne miró a August, como si pidiera una explicación.
- "No me mires y termina rápido con la tarea que te dieron", expresó August con desdén.
- "Debió ser muy divertido para el señor, burlarse de esta sierva, ¿no?", increpó Susanne.
- "Yo solo tomé lo que se me dio, tú solo, te metiste en mi cama, con unas pocas palabras bonitas que te dije", expresó August con desfachatez.
El golpe de esas palabras la impulsó a alzar la mano, pero él se lo impidió y la empujó al suelo con violencia.
- "Si no quieres que diga que andas de ofrecida al conde, olvídate de todo lo que sucedió, nadie te va a creer, será tu palabra contra la mía, y la palabra de una sirvienta no vale, en esta vida, solo el dinero y los títulos dan poder", expresó August.
Susanne sintió como si un puñal le atravesara el pecho. Recogió los platos con manos temblorosas y se marchó apresuradamente, incapaz de contener las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
Dejó los platos en la cocina y luego salió al jardín, y detrás de un árbol lloro con amargura y desolación; era oscuro, aquella noche la luna no salió, apretó fuerte su falda y se juró a sí misma que no volvería a dejar que alguien la engañara y mucho menos entregaría su corazón.
Se sobresaltó de pronto cuando una flecha silbó a su lado. Escuchó voces de caballeros y, sin pensarlo, se escondió Aún más entre las sombras.
- "¿Crees que el inútil de mi hija hará lo que le pedí?", cuestionó Lord Renato, duque de Restrepo.
- "Pues si no lo hace, lo haremos nosotros, mi Lord, solo necesitamos que el matrimonio se concrete, cuando eso suceda, sé que Lord August hará lo que pidió, está implorando reconocimiento", respondió su más leal consejero.
- "Voy a ser el hombre más poderoso del reino, y cuando eso suceda, convertiré a mí hija en reina y gobernaré a través de ella; ahora solo necesito convencer al gran duque de Salamanca que me dé en matrimonio a su hija, así tendremos tierras en cada frontera del reino", expresó Lord Renato, con una sonrisa siniestra, pero porte imponente.
Susanne escuchó aquellas palabras sin ser vista, conteniendo incluso la respiración. Aún no podía comprender el alcance de Lo que acababa de oír, ni saber que, con el tiempo, ese secreto se convertiría en el arma que habría de necesitar.
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