El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
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Capítulo 12
Caleb de Vyrwel bajó las escaleras con la arrogancia de un sol que se cree eterno. Vestía de blanco y oro, su capa de armiño arrastrándose tras él. A su lado, una mujer joven y hermosa, la hija del Archidruida de las Tierras del Sur, caminaba con una sonrisa rígida. Era la nueva prometida, el reemplazo de Alessia.
Alessia sintió que el aire se volvía fuego en sus pulmones. El odio, puro y abrasador, amenazó con romper su disfraz. Sus manos se cerraron en puños y las sombras bajo sus pies rugieron silenciosamente.
—Míralo —susurró Valerius, moviéndose para interponerse entre ella y la vista de Caleb—. No dejes que gane hoy. Si atacas ahora, morirás antes de tocarlo.
—No voy a atacarlo, Valerius —dijo ella, recuperando la calma con un esfuerzo sobrehumano—. Voy a bailar con él.
Valerius la miró como si estuviera loca.
—Alessia, eso es suicidio.
—Es justicia.
Cuando la música de un vals lento comenzó, Alessia se movió hacia el centro de la pista. Caleb, siguiendo el protocolo, se separó de su prometida para conceder un baile a una de las damas de la corte. Sus ojos recorrieron el salón, buscando algo que lo distrajera de su aburrimiento real.
Sus miradas se cruzaron.
Incluso con el disfraz, hubo algo en la postura de Alessia, algo en la forma en que el espacio a su alrededor parecía curvarse, que atrajo a Caleb como una polilla a una llama negra. Se acercó a ella y, con una reverencia impecable, le ofreció la mano.
—¿Me concedería este baile, Condesa...?
—De Ceniza —respondió ella, poniendo su mano sobre la de él. El contacto físico fue como un relámpago. Caleb se tensó por un microsegundo, sus ojos buscando en el rostro de ella algo que no podía identificar.
Comenzaron a bailar. Caleb se movía con la fluidez de un depredador educado. Alessia lo seguía, su cuerpo recordando cada giro, cada paso que alguna vez habían compartido en tiempos más felices.
—Tiene un rostro muy familiar, Condesa —dijo Caleb, su voz suave, la misma voz que le había susurrado promesas de amor eterno—. ¿Nos hemos conocido en algún sueño?
—Quizás en una pesadilla, Alteza —respondió ella, su voz fluyendo como la seda sobre una daga—. He oído que en este palacio los sueños suelen terminar en sangre.
Caleb soltó una carcajada forzada.
—Historias de viejas y profecías olvidadas. Vyrwel está en su época de mayor esplendor. Hemos purgado la oscuridad.
—La oscuridad no se purga, Caleb. Se esconde. Y a veces, espera el momento justo para reclamar lo que le pertenece.
Caleb la estrechó un poco más, su mirada volviéndose inquisitiva, casi paranoica.
—Habla con una autoridad extraña para una desconocida. ¿Qué es lo que busca en mi corte?
—He venido a ver si el trono sigue siendo tan cómodo como el día en que lo compró con la vida de una mujer que lo amaba.
...
Aquí les dejo esta nueva historia.
Espero que les guste.
Todas las que he publicado son el primer borrador, que aún no he corregido los errores, debido a que estoy empezando, a corregir las más antiguas.
Espero que me tengan paciencia, jsjsjs 😅.