Hace siete años, una noche de tormenta cambió su destino.
Isabella Rossi es una mujer brillante con múltiples identidades ocultas. Genio en tecnología, medicina y negocios, vive en las sombras protegiendo a sus dos gemelos prodigio… y ocultando un secreto que podría destruir su mundo.
Nunca creyó en el amor.
Nunca necesitó a un hombre.
Y mucho menos a un CEO arrogante.
Pero cuando Alexander De Luca —el empresario más poderoso y temido de la ciudad— reaparece en su vida, su pasado vuelve para reclamarla.
Él no sabe que es padre.
Ella no sabe si puede confiar.
Y los gemelos… ya empiezan a sospechar la verdad.
Entre secretos, traiciones, enemigos ocultos y una pasión imposible de ignorar, dos genios deberán decidir:
¿Proteger su corazón…
o rendirse al amor?
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Capítulo 17 — Cuando las piezas empiezan a encajar
El silencio dentro de la sala oeste ya no era solo tenso.
Era inestable.
Como si el aire mismo supiera que demasiadas verdades estaban a punto de romper la superficie.
Isabella permanecía sentada, con la espalda recta y las manos entrelazadas sobre la mesa de cristal. A simple vista parecía completamente en control.
Pero por dentro…
Su mente corría más rápido de lo que lo había hecho en años.
Helix la había detectado a los ocho años.
Si eso era cierto, explicaba demasiados huecos en su pasado. Demasiadas mudanzas repentinas. Demasiadas desapariciones en los registros. Demasiadas decisiones que, en su momento, parecieron arbitrarias.
Y si explicaba eso…
También explicaba por qué ahora Helix estaba escalando tan agresivamente.
Porque ya no la estaban evaluando.
La estaban reclamando.
Y peor aún…
Estaban mirando a sus hijos.
Los ojos verdes de Isabella se endurecieron peligrosamente.
—Quiero pruebas —dijo finalmente.
Su voz no tembló.
No se quebró.
Pero la decisión en ella era absoluta.
La mujer frente a ella —su supuesta madre— no pareció ofendida.
Al contrario.
Parecía haber esperado exactamente esa respuesta.
—Las tendrás —respondió con suavidad.
El hombre mayor asintió una vez, serio.
—Trajimos todo lo necesario.
Isabella entrecerró los ojos.
Siempre un paso adelante.
Siempre preparados.
Eso… la irritaba más de lo que quería admitir.
—¿Desde cuándo me están observando? —preguntó con frialdad quirúrgica.
La mujer no respondió de inmediato.
Y ese pequeño silencio…
Dijo demasiado.
Los dedos de Isabella se tensaron apenas sobre la mesa.
—Habla —ordenó en voz baja.
La mujer suspiró suavemente.
—Nunca dejamos de hacerlo.
Silencio.
Pesado.
Cortante.
Durante un segundo muy largo, Isabella sintió algo que odiaba sentir.
No era tristeza.
No era alivio.
Era… conflicto.
Y eso la enfurecía.
—Entonces eligieron mantenerse al margen —dijo con hielo en la voz— mientras yo construía mi vida desde cero.
El hombre mayor habló con gravedad:
—Porque acercarnos antes te habría puesto directamente en la mira de Helix.
Los ojos de Isabella brillaron peligrosamente.
—Ya estoy en su mira.
—Ahora sí —respondió la mujer con calma—. Pero antes… eras demasiado joven para defenderte.
Esa frase golpeó más fuerte de lo que Isabella permitió mostrar.
Porque en el fondo…
Una parte de ella sabía que Helix no era un enemigo menor.
Nunca lo había sido.
Fuera de la sala…
Alexander De Luca ya no estaba quieto.
Caminaba lentamente por el pasillo privado con las manos en los bolsillos, pero su mente estaba trabajando a velocidad máxima.
Todo lo que había escuchado —aunque fragmentado— no encajaba con ningún perfil normal.
Isabella Rossi…
No era solo una hacker brillante.
No era solo una madre sobreprotectora.
Era un objetivo estratégico de alto valor.
Y eso cambiaba completamente el tablero.
Ethan seguía a su lado, silencioso, concentrado en la tablet.
La barra de progreso del análisis genético avanzaba lentamente.
67%… 71%… 74%…
Alexander lo observó de reojo.
—Eso que estás haciendo… —dijo con voz baja— puede cambiar muchas cosas.
Ethan no levantó la vista.
—Lo sé.
—¿Estás seguro de que quieres ver el resultado?
El niño finalmente alzó los ojos.
Y por un instante demasiado breve…
Alexander vio algo que no era solo inteligencia.
Era determinación.
Fría.
Clara.
Inquietantemente adulta.
—Prefiero saber la verdad —dijo Ethan.
Alexander exhaló lentamente.
Porque maldita sea…
Él también.
Dentro de la sala oeste…
Isabella ya había recuperado completamente su postura de guerra.
—Si Helix viene por los niños —dijo con calma peligrosa—, necesito saber exactamente qué recursos tienen.
La mujer intercambió una mirada breve con el hombre mayor.
Luego volvió a Isabella.
—Más de los que te gustaría escuchar.
Un pequeño dispositivo fue colocado sobre la mesa.
La pantalla se encendió.
Datos clasificados comenzaron a aparecer.
Proyectos genéticos.
Mapas de adquisición de talento.
Programas de extracción encubierta.
Los ojos de Isabella se afilaron con cada línea que leía.
Su pulso se volvió más lento.
Más frío.
Más peligroso.
—Están ampliando la red de reclutamiento —murmuró.
—Sí —confirmó la mujer—. Y tus hijos encajan en múltiples perfiles prioritarios.
El aire se congeló.
Completamente.
Isabella levantó la mirada.
Y esta vez…
Había algo oscuro moviéndose en el fondo de sus ojos verdes.
—Entonces cometieron el peor error de sus vidas.
La temperatura emocional de la sala cayó varios grados.
Porque por primera vez desde que sus padres llegaron…
No hablaba como hija.
Hablaba como Nyx.
En el pasillo…
98%… 99%…
La tablet de Ethan emitió un pitido suave.
Alexander se tensó sin darse cuenta.
El niño miró la pantalla.
Sus ojos se abrieron apenas.
Solo un poco.
Pero esta vez…
No fue curiosidad.
Fue impacto.
Silencioso.
Profundo.
Alexander sintió el cambio al instante.
—Ethan… —dijo con voz baja—. ¿Qué dice?
El niño tardó dos segundos completos en responder.
Una eternidad para alguien como él.
Luego giró lentamente la tablet.
Pero justo antes de que Alexander pudiera ver—
La puerta de la sala oeste se abrió.
Isabella salió.
Su presencia llenó el pasillo como una tormenta contenida.
Sus ojos se movieron inmediatamente hacia Ethan.
Y luego…
Hacia la tablet.
El tiempo se tensó.
Peligrosamente.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Isabella con calma demasiado controlada.
Ethan sostuvo su mirada.
No culpable.
No asustado.
Solo directo.
—Verificando probabilidades.
Isabella extendió la mano.
—Dámela.
No era una petición.
Ethan dudó medio segundo.
Luego obedeció.
Isabella miró la pantalla.
Y por primera vez en todo el día…
Su pulso se desestabilizó de verdad.
Muy levemente.
Pero Alexander lo vio.
Claro que lo vio.
Porque en la pantalla…
El análisis genético mostraba coincidencias que ya no podían ignorarse.
Todavía no era una confirmación completa.
Pero las probabilidades…
Eran peligrosamente altas.
Alexander sintió cómo algo en su pecho se tensaba.
Porque si lo que estaba viendo era correcto…
Entonces el pasado que Isabella había enterrado…
Estaba a punto de salir completamente a la luz.
Muy lejos de la mansión…
En una instalación subterránea de Helix…
Una pantalla mostraba la residencia De Luca.
Múltiples señales.
Múltiples lecturas.
Un hombre con bata oscura sonrió ligeramente.
—Confirmado.
La figura femenina en sombras habló:
—¿Nivel de interés?
El hombre no dudó.
—Máximo.
Silencio breve.
Luego la voz femenina se volvió fría como el acero.
—Entonces iniciamos preparación de fase tres completa.
Una pausa.
Peligrosa.
—Esta vez… no fallaremos.
De regreso en la mansión…
Isabella apagó la tablet lentamente.
Cuando levantó la mirada…
Sus ojos verdes eran puro hielo.
Puro cálculo.
Pura guerra contenida.
Y Alexander entendió algo en ese instante.
Algo importante.
Algo irreversible.
Helix acababa de convertir esto…
En una guerra real.
y más