En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.
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Capítulo 12
El estudio de práctica principal de KQ tenía un espejo que cubría toda la pared norte. Durante años, ese cristal había sido el único testigo de sus fracasos, de sus llantos silenciosos y de las veces que colapsaron por el agotamiento. Sin embargo, una noche de agosto, pocas semanas antes de las grabaciones finales para su debut, el espejo decidió romperse. No fue un acto de vandalismo; fue un accidente. Mingi, en un arranque de energía durante un paso de baile especialmente potente, perdió el equilibrio y su codo impactó contra una sección del cristal que ya tenía una pequeña fisura.
El sonido fue como un disparo. El cristal no se desmoronó del todo, pero una enorme grieta atravesó el centro, transformando el reflejo de los ocho chicos en un rompecabezas distorsionado de extremidades y rostros partidos.
Nadie se movió. El silencio que siguió al estallido fue absoluto.
—Siete años de mala suerte —bromeó Wooyoung, aunque su risa sonó nerviosa y forzada.
Nadie se rió. Todos estaban mirando sus reflejos rotos. Seonghwa se acercó lentamente al cristal y puso la punta de sus dedos sobre la grieta que dividía su rostro en dos.
—Quizás es apropiado —dijo Seonghwa en un susurro—. Así es como me siento la mayor parte del tiempo. Como si estuviera compuesto por piezas que no terminan de encajar.
Hongjoong, que estaba revisando si Mingi se había cortado, se detuvo. Miró a Seonghwa, luego al resto. El cansancio de meses sin dormir, la dieta estricta que los había dejado con los pómulos marcados y la ansiedad por el futuro incierto habían creado una atmósfera donde cualquier pequeña chispa podía causar un incendio emocional.
—¿A qué te refieres, hyung? —preguntó Yeosang, sentándose en el suelo, lejos de los cristales rotos.
Seonghwa se giró. Sus ojos, generalmente dulces y cuidadosos, estaban llenos de una honestidad cruda que asustó a los más jóvenes.
—Me miro en este espejo diez horas al día —comenzó Seonghwa, señalando el cristal—. Y la empresa me dice que soy el "visual". Que mi trabajo es lucir perfecto. Pero cuando me miro, solo veo las grietas. Veo el miedo a no ser lo suficientemente talentoso para estar al nivel de ustedes. Siento que si el espejo se rompe, si la imagen de "perfección" se cae, no quedará nada que valga la pena mirar.
Esa confesión actuó como una señal de apertura. Yeosang, que siempre había sido el más reservado con sus sentimientos, se abrazó las rodillas con fuerza.
—Yo me siento igual —admitió Yeosang—. A veces siento que soy solo una estatua en este grupo. Me dicen que soy hermoso, pero yo quiero ser útil. Quiero que mi voz se escuche, no solo mi rostro. Miro este espejo y veo a alguien que está atrapado dentro de una caja de cristal, esperando que alguien lo rompa para poder respirar.
Mingi, que seguía frotándose el codo magullado, se sentó junto a ellos.
—Yo rompí el espejo porque odio mi reflejo —dijo con una brusquedad que hizo que todos se giraran hacia él—. Odio cómo me veo cuando rapeo. Siento que mi voz es demasiado ruidosa, que mi cuerpo es demasiado grande, que no encajo en el molde de lo que un ídolo debería ser. A veces, cuando bailamos, trato de esconderme detrás de Yunho para que nadie note que estoy ahí.
El grupo estaba en shock. Mingi, el gigante con la voz de trueno, el que siempre parecía tener una confianza inquebrantable, se sentía pequeño.
Hongjoong se levantó y caminó hacia el centro de la sala, colocándose justo frente a la grieta más grande del espejo. Su reflejo estaba tan distorsionado que parecía tener dos cabezas y cuatro brazos.
—Miren esto —dijo el líder, señalando su propia imagen deformada—. Este espejo roto nos muestra la verdad que intentamos ocultar con maquillaje y luces. Ninguno de nosotros es una imagen perfecta. Yo soy un líder que se muere de miedo cada vez que tiene que hablar con los directores. Jongho es un vocalista increíble que teme que su voz le falle algún día. San es un bailarín que cree que su valor solo depende de su última actuación.
Hizo una pausa, mirando a cada uno de sus hermanos.
—Estamos rotos. Todos nosotros. Tenemos traumas, inseguridades y cicatrices que nadie ve. Pero miren el espejo otra vez. Aunque esté roto, sigue reflejando la luz. De hecho, ahora que está roto, la luz se refracta en más direcciones. Es más brillante. Es más complejo.
Jongho se levantó y se puso al lado de Hongjoong.
—No necesitamos un espejo perfecto para ser un grupo perfecto —dijo el menor, con una firmeza que trajo calma a la sala—. El espejo roto es mejor. Nos recuerda que no somos una sola imagen, sino ocho piezas distintas. Si estuviéramos enteros y solos, seríamos fáciles de romper. Pero como ya estamos rotos y nos hemos unido de nuevo... ya no hay nada que pueda destruirnos.
Seonghwa sonrió, y por primera vez en semanas, la sonrisa llegó a sus ojos. Se acercó a Mingi y le dio un apretón en el hombro.
—Gracias por romperlo, Mingi. Hacía falta.
Pasaron el resto de la noche recogiendo los trozos de cristal que habían caído al suelo. No llamaron al servicio de limpieza; lo hicieron ellos mismos, con cuidado, como si estuvieran manejando algo sagrado. Decidieron no pedir que cambiaran el espejo de inmediato. Durante una semana, practicaron frente a esa imagen distorsionada y fragmentada.
Cada vez que uno de ellos se sentía inseguro, miraba la grieta en el cristal y recordaba la conversación. Aprendieron a amar sus bordes afilados, sus imperfecciones y las partes de sí mismos que no encajaban en el estándar de la industria.
El espejo roto se convirtió en su secreto mejor guardado, un recordatorio de que la sinceridad dolía, pero era el único pegamento que los mantendría unidos cuando la fama intentara separarlos. Cuando finalmente instalaron un espejo nuevo y reluciente, ellos ya no eran los mismos chicos que se miraban en él hacía un mes. Eran hombres que habían aceptado sus sombras y que, por fin, estaban listos para salir a la luz.
Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.
Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.