Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está
NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 28
La mañana del miércoles nació con una neblina densa que se pegaba a los cristales como un sudario. En el gran vestíbulo de la mansión, el eco de los tacones de Donna Alessandra sonaba como disparos sobre el mármol. Vestida con un traje sastre gris perla y una frialdad que eclipsaba el invierno, la madre de Dante supervisaba a dos guardias que cargaban maletas ligeras en una camioneta blindada.
—Niños, es hora —dijo Alessandra, su voz destilando una dulzura artificial que no lograba ocultar el veneno—. El aire de esta casa está viciado de secretos. Vamos a la residencia de campo en Connecticut. Allí podrán correr sin que su madre los sofoque con sus miedos.
León y Cristo estaban de pie junto a la escalera. León miraba la camioneta con desconfianza; Cristo, con la mano oculta en el bolsillo de su sudadera, apretaba el botón de pánico que había sincronizado con el teléfono de su padre.
Victoria bajó las escaleras casi volando. Su instinto, afilado por años de huida, le gritó que esto no era una excursión, sino un secuestro elegante.
—¿A dónde crees que vas con mis hijos, Alessandra? —la voz de Victoria cortó el aire, firme y desprovista del temor que solía mostrar ante la anciana.
Alessandra se giró con una lentitud insultante, ajustándose sus guantes de piel.
—Voy a darles la educación que les corresponde, querida. Dante está perdiendo el juicio y tú... tú eres una distracción que pone en peligro el apellido. Los niños necesitan estar con alguien que entienda lo que significa ser un Moretti, no con alguien que huye de su propia sombra.
—No vas a sacarlos de esta casa —sentenció Victoria, interponiéndose entre la matriarca y los gemelos.
—Quítate de mi camino —siseó Alessandra, haciendo una señal a los guardias—. Ellos vienen conmigo por el bien de la familia. Es una orden de la casa.
Los guardias, confundidos entre la lealtad a la antigua jefa y el respeto a la madre de los herederos, dudaron. Pero Alessandra, con un gesto imperioso, los obligó a avanzar. Victoria sintió que el pánico le cerraba la garganta, pero no retrocedió. Sabía que si esos niños subían a ese coche, nunca volvería a verlos como sus hijos; serían devueltos como soldados.
—La única orden que se sigue en esta casa es la mía.
La voz de Dante resonó desde la galería superior. No era la voz del hijo obediente, sino la del Capo que acababa de descubrir que su propia madre había sido cómplice de su desgracia. Bajó las escaleras con una lentitud aterradora, su mirada fija en Alessandra con una intensidad que hizo que los guardias retrocedieran dos pasos.
Dante se colocó al lado de Victoria. No la miró, pero su mano buscó la de ella, entrelazando sus dedos en un gesto de unidad pública que dejó a Alessandra sin palabras.
—Dante, no seas ridículo —dijo la matriarca, tratando de recuperar el control—. Esta mujer te ha lavado el cerebro con sus cuentos de víctimas. Estoy tratando de salvar tu legado.
—Mi legado son ellos —respondió Dante, señalando a los niños—, y su madre es Victoria. Si ella dice que no salen, no salen ni para ver el sol.
—¡Tu padre nunca habría permitido esta debilidad! —gritó Alessandra, perdiendo finalmente su máscara de elegancia.
Dante soltó la mano de Victoria y caminó hacia su madre hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros. El aire entre ellos vibraba con una violencia contenida.
—Mi padre está muerto, madre. Y con él, murió el respeto que le tenía a cada una de sus palabras. Sé lo que planearon hace cinco años. Sé que estuviste de acuerdo con mi padre en "deshacerse" de Victoria en cuanto los niños nacieran.
Alessandra palideció. El silencio que siguió fue sepulcral. Los guardias bajaron la cabeza, sabiendo que acababan de escuchar un secreto que podía costarles la vida.
—Lo hice por ti —susurró ella, su voz temblando por primera vez—. Ella te hacía débil, Dante. Te hacía cuestionar nuestras leyes.
—Ella me hacía humano —rugió Dante—. Y tú intentaste matarla. Intentaste dejar a mis hijos sin madre para moldearlos a tu imagen y semejanza. A partir de este momento, estás confinada a tu ala de la mansión. Si te acercas a menos de diez metros de mi esposa o de mis hijos sin mi permiso, te sacaré de aquí en una caja, madre o no.
Dante se giró hacia los guardias.
—Lleven esas maletas adentro. Y si vuelven a obedecer una orden que no sea la mía o la de la señora Victoria, no se molesten en pedir clemencia.
Victoria miró a Dante. Vio el dolor en sus ojos, la agonía de romper el último vínculo con su pasado, pero también vio una determinación nueva. Él se había posicionado. Había elegido el amor sobre la sangre corrupta.
Alessandra, humillada y derrotada, se retiró hacia las sombras del pasillo sin mirar atrás. Su poder se había desvanecido en un solo acto de rebelión filial.
León y Cristo corrieron hacia sus padres. León miró a Dante con un respeto renovado; ya no era solo el hombre fuerte, era el hombre que protegía a su madre. Cristo, por su parte, guardó su tableta, anotando mentalmente que el sistema de seguridad ahora tenía un nuevo nivel de mando: Victoria.
—Gracias —susurró Victoria, apoyando la cabeza en el hombro de Dante mientras los niños los abrazaban.
—No me agradezcas —respondió él, rodeándola con su brazo, mirando hacia la entrada de la mansión donde la neblina empezaba a disiparse—. Solo estamos haciendo lo que debimos hacer hace cinco años. Pero recuerda... Enzo viene mañana. Y ahora que mi madre sabe que la he apartado, es capaz de cualquier cosa.
la familia Moretti unida en el centro del vestíbulo, una imagen de fuerza que ocultaba la fragilidad de una tregua recién nacida. La guerra contra Enzo Baratti estaba a menos de veinticuatro horas, y aunque habían ganado la batalla interna, el enemigo externo estaba a punto de golpear con una furia que pondría a prueba si esta nueva unidad era de acero o de cristal.
Marcos.
Rosa
le falta mucho a esta historia.
la escritora debe revisar y complementar está historia
no es Moretti?