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Colision Inevitable

Colision Inevitable

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Escuela / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Cuatro parejas universitarias lidian con las secuelas de una cruel apuesta impulsada por una motocicleta, enfrentando mentiras y accidentes hasta redimirse a través de la pasión, el perdón y el amor verdadero.

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Capítulo 24: Falsos dolores, bofetadas de realidad y el eco de un latido falso

Leo había visto a Katy entrar en el área de enfermería del campus con su habitual paso firme y su bata blanca impecable. En lugar de abordarla de inmediato, se le ocurrió una idea para llamar su atención: fue a ejercitarse al gimnasio durante una hora entera hasta sudar por completo, y de camino al consultorio comenzó a frotarse con fuerza el hombro izquierdo contra la pared del pasillo hasta dejarlo completamente rojo e irritado, imitando la marca de un golpe severo.

Llegó a la puerta de la enfermería y dio un par de nudillos antes de entrar. Sin embargo, su sonrisa socarrona se borró de golpe al cruzar el umbral: Katy no estaba sola; la acompañaba un compañero de prácticas.

Mientras Katy se encontraba acomodando gasas y frascos de solución salina en los estantes, el muchacho se acercó a Leo con gesto de preocupación y le preguntó qué le había ocurrido.

—¿Es que acaso estás ciego? ¿No ves que tengo el hombro rojo, idiota? Me acabo de golpear entrenando y me duele como el demonio —respondió Leo con aspereza, adoptando una mueca de dolor exagerada.

Katy levantó la vista desde el fondo del consultorio, observándolo con evidente escepticismo. El compañero, queriendo ser útil, estiró la mano para examinar la zona afectada. En cuanto sus dedos rozaron la piel, Leo soltó un quejido ahogado y teatral, y de inmediato sugirió:

—Oye, creo que tengo una lesión seria. ¿Por qué no bajas al depósito del sótano a buscar un spray antiinflamatorio especial? Katy puede ir limpiando la zona mientras tanto y tú te apuras, ¿no? —le indicó a regañadientes.

El muchacho asintió, le pidió a Katy que comenzara con la desinfección básica y salió corriendo del consultorio. En el instante exacto en que la puerta se cerró a sus espaldas y Katy se giró para buscar los algodones, Leo se movió con rapidez y echó el cerrojo de la puerta, asegurándola por dentro.

Katy se acercó con los frascos en la mano, suspirando con fastidio, y le indicó que se sentara en la camilla para poder revisarlo. A pesar de su fachada profesional, al momento de inclinarse y rozar con las yemas de sus dedos el hombro de Leo para aplicar el líquido antiséptico, una cercanía eléctrica hizo que el corazón de Leo diera un vuelco violento, obligándolo a tragar saliva en seco.

Pero la ilusión duró poco. Katy frunció el ceño, examinó la zona con más atención y pasó un algodón húmedo con alcohol, dándose cuenta de la verdad de inmediato: no había contusión, ni hinchazón, ni hueso agrietado; la piel solo estaba friccionada y roja a propósito.

—Estás mintiendo. No tienes absolutamente nada —lo regañó Katy con la voz temblando de furia, tirando el algodón al cesto.

Antes de que pudiera apartarse, Leo la tomó firmemente de la cintura y la atrajo hacia él con brusquedad.

—Estaba intentando ver cómo hacer para hablar contigo desde hace días, doctora —le soltó él con un tono bajo y directo al oído.

Katy comenzó a forcejear de inmediato, empujándolo con fuerza y recriminándole sus jueguitos baratos, aunque su propio pecho delataba el ritmo acelerado de sus latidos. Sin escuchar razones, Leo se recostó contra el pecho de ella, volviendo a envolverla por la cintura en un abrazo posesivo.

—Solo necesito a alguien que cure mi ego y mi orgullo, Katy... no seas tan fría —murmuró él, buscando ablandarla.

Sintiéndose completamente vulnerada y manipulada, Katy perdió el control: apretó con fuerza el hombro irritado de Leo para obligarlo a soltarla y, con un movimiento cargado de impotencia, le propinó una bofetada sonora que dejó la mejilla de él completamente roja. Con las lágrimas asomándose en el borde de sus ojos, la doctora lo apuntó con el dedo tembloroso:

—¡Ya te dije que yo no soy un trofeo ni alguien con quien puedas jugar a tus caprichos! ¡Lárgate de aquí ahora mismo! —gritó ella, corriendo a abrir la puerta de golpe.

Leo se quedó petrificado, con los dientes apretados y sintiendo un nudo desagradable y pesado en la boca del estómago. Hizo el amago de levantarse y disculparse, dándose cuenta de que esta vez se había pasado de la raya, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta.

En ese preciso instante, el compañero de prácticas regresó al consultorio con los frascos en la mano. Al ver a Katy con lágrimas en los ojos y el rostro desencajado, corrió a envolverla en un abrazo protector, interponiéndose entre ambos. Miró a Leo con una hostilidad absoluta y le escupió con desprecio:

—Lárgate de aquí. Ella no es tu juguete, y la próxima vez que inventes un dolor idiota, vete a buscar a alguien que te siga el juego.

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Ivanna Fernandez
esta interesante la historia ahora a ver vamos desenriedan este lio
Mi Autoria: 🤭🤭 gracias por tu comentario
total 1 replies
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