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La Mirada Del Destino

La Mirada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Una mirada puede cambiarlo todo; la de él es un enigma indescifrable. Ella tiene apenas veinte años, una vida por delante y unos ojos azules llenos de inocencia. Él, diez años mayor, lleva marcada en el rostro la severidad de un pasado intransigente y en sus ojos oscuros una frialdad capaz de intimidar a cualquiera. Sus caminos no debían cruzarse, pero el destino no pide permiso. Entre el misterio de un secreto silenciado y la tensión innegable que surge cada vez que sus miradas se encuentran, ambos se verán arrastrados a un juego donde las barreras de la razón colapsan. Él intentará mantener la distancia para protegerla de sus propios demonios, pero la determinación de ella romperá cada una de sus defensas. ¿Es posible encontrar el amor en la mirada más fría? Una apasionante historia de tensión, secretos inconfesables y una atracción inevitable que te mantendrá en suspenso desde el principio.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de la luz

El frío de la madrugada en la ciudad solía ser una ilusión pasajera que se disipaba con los primeros destellos del sol, cediendo su lugar a un calor implacable. Para Isabela, sin embargo, el calor constante de la ciudad nunca lograba calentar el fondo de sus huesos. A sus veinte años, su vida no se medía en sueños ni en proyectos juveniles, sino en la urgencia cotidiana de sobrevivir.

Se miró un segundo en el espejo desgastado del baño, cuyo marco picado reflejaba unos ojos azules desmedidamente grandes en un rostro pálido y delgado. Se recogió el denso cabello negro en una coleta improvisada, ajustándola con una liga gastada. No había tiempo para la vanidad. El despertador había sonado a las cuatro y media de la mañana, como cada día, marcando el inicio de una carrera contra el reloj y contra la escasez.

Isabela vivía en una pequeña casa de paredes desconchadas y techo de zinc que crujía con las variaciones de temperatura. Apenas unos metros más allá, en la habitación contigua, se escuchaba la respiración pausada y frágil de su madre, debilitada por una condición médica que devoraba mes a mes los pocos ahorros y recursos de la familia. Comprar los medicamentos esenciales significaba elegir entre la medicina o la comida completa de la semana. Por eso, Isabela había aprendido a hacer rendir cada moneda, cada gramo de harina, cada gota de agua.

Salió a la cocina, donde la luz tenue de un bombillo parpadeaba débilmente. Preparó un café liviano y un par de arepas delgadas, dejando la mejor parte servida y cubierta sobre la mesa para su madre. Revisó la libreta de cuentas que guardaba en el cajón de la mesa: las cifras en rojo parecían burlarse de ella. Deudas acumuladas en la farmacia de la esquina, el servicio eléctrico por vencer y el costo del transporte subiendo sin tregua.

A las cinco y quince ya estaba en la calle, esperando el transporte público bajo un cielo todavía teñido de violeta. El viento fresco le erizaba la piel mientras sujetaba con firmeza su bolso gastado contra el pecho. A su alrededor, otros madrugadores caminaban en silencio, rostros cansados que compartían la misma rutina de esfuerzo sin pausa.

Para Isabela, el trabajo no era una opción ni un trampolín profesional; era su único salvavidas. Ocupaba dos empleos distintos para cubrir lo básico. Por las mañanas, trabajaba como asistente de archivo y atención en una vieja oficina comercial del centro, acomodando carpetas pesadas, respondiendo llamadas irritadas y realizando tareas administrativas bajo la mirada severa de un supervisor implacable. Por las tardes, corría a una pequeña repostería local para ayudar en el mostrador y en el despacho hasta altas horas de la noche.

—Llegas dos minutos tarde, Isabela —le dijo el encargado al verla cruzar la puerta del archivo, sin levantar la vista de sus planillas.

—El autobús se retrasó en la avenida, señor Rivas. Lo siento, ya me pongo al día —respondió ella con voz suave pero firme, dirigiéndose de inmediato a los estantes metálicos.

No había espacio para la queja ni tiempo para el cansancio. A pesar de las largas jornadas que le dejaban los pies doloridos y la espalda entumecida, Isabela no se permitía caer en la desesperación. Poseía una determinación silenciosa, una fortaleza interna que sorprendía a quienes lograban notar la luz intensa de su mirada. Aceptaba cada tarea con dignidad, convencida de que cada esfuerzo, por minúsculo que pareciera, mantenía a flote el hogar que compartía con su madre.

A mediodía, mientras sus compañeros de trabajo salían a almorzar, ella se sentaba en un rincón del depósito a comer la pequeña ración que había preparado en la mañana. Aprovechaba esos breves minutos para revisar las ofertas de empleo en la pantalla agrietada de su teléfono, buscando alguna oportunidad con mejor sueldo que le permitiese pagar los exámenes especializados que su madre necesitaba con urgencia.

La vida le había enseñado a no esperar milagros. Todo lo que tenía lo había ganado a fuerza de madrugadas, manos trabajadoras y una paciencia inquebrantable. A veces, al mirar el horizonte nublado sobre las calles de la ciudad, se preguntaba si su destino siempre sería esa batalla incesante contra el cansancio, o si en algún momento el viento cambiaría de rumbo.

A las cinco de la tarde, cuando la jornada en el archivo finalmente terminaba, Isabela apretó el paso hacia la repostería. Las calles estaban concurridas, plagadas de vehículos y transeúntes apresurados que buscaban regresar a sus hogares. Mientras caminaba a paso firme por la acera, sorteando puestos ambulantes y esquivando la multitud, un escalofrío repentino e inexplicable le recorrió la espalda.

Se detuvo un instante cerca de la esquina principal de la avenida comercial, acomodándose la correa del bolso. Sin saber exactamente por qué, levantó la mirada hacia un automóvil oscuro estacionado al otro lado de la calle. A través del cristal semiabierto del vehículo, sintió por un fracción de segundo la presencia de una sombra, una presencia distante y sobria que parecía observar el bullicio de la calle con una severidad helada.

Isabela parpadeó, sacudiendo la cabeza para despejar el cansancio de sus ojos azules. El semáforo cambió a verde, el tráfico avanzó y la sensación se disipó entre el ruido constante de la ciudad. Apretó los puños, tomó aire fresco y continuó su camino hacia el segundo trabajo de la jornada, ignorando que los hilos invisibles de su destino comenzaban a tensarse en la sombra.

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Telcel Cruzad
yo creo que si ,va a,ser su papá
Mariadelosangeles Londoño
🤣🤣🤣🤣
Mariadelosangeles Londoño
esta super la siguiente parte por favor
Alexandra Ortiz Posada
Renzo se portó a la altura, es un guerrero defendiendo su familia 🥰
Kim Nava
no falta más
malo que sabiendo la verdad todavía quisieras hacerle daño
Kim Nava
sabía es su hija
espero isabela o Renzo sospechen eso
Kim Nava
jajajajaj en sus caras
magnífico Renzo
pero sigan teniendo cuidado
Kim Nava
😲😲😲😲 no es lo que me estoy imaginando o si
Kim Nava
Elana va a dar más rápido con el Secreto de Isabela que Renzo es que este no piensa nada 🙄
Kim Nava
tenían que hacerlo lo más difícil
Kim Nava
ok pero espero después de este encuentro no oculte a su hijo Renzo no tuvo culpa pero ella tampoco los dos están pensando mal el uno al otro a ver que pasa no sea la típica historia
Kim Nava
ose que ella trabajando para el y no me digan que ni siquiera una foto vio de el por qué si es el famoso empresario por más las revistas saldria
Kim Nava
es enserio 6 años y no pudo dar con isabela
no estan poderoso entonces 🙄
y ahora este matrimonio y con una niña Rica de las que se encaprichan
Kim Nava
por que la cual el sabía también sus disque amigos lo llevaron ahi
Liliana Torres
No puede ser , la vida y su destino
Cliente anónimo
Hola espero con ansias l actualización de la historia es muy buena
keila arias
Magnífico Renzo
Maria Mongelos
Isabella se encontró con la abuela de Ethan
Maria Mongelos
Veremos si no no das marcha atrás Rossi cuando la veas
Maria Mongelos
Y si, hay consecuencias, una muy linda para ella, por lo menos es una mujer que salió adelante y triunfó
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