Una hora antes de su boda, Evelyn descubre que su prometido se casará con otra: su propia hermana. Y sus padres, como siempre, están de su lado.
Cinco años después, vive en un matrimonio vacío con un hombre que sonríe en la mesa y desea a otra mujer. Pero esta vez Evelyn ya no llora, no suplica y no calla. Con pruebas en la mano y una calma que nadie espera, decide cobrar cada una de las deudas que su familia nunca quiso reconocer.
Lo que no imagina es que, entre el divorcio, el escándalo y los golpes bajos, un hombre poderoso, de mirada intensa y pasado oscuro, la ha estado esperando desde aquella noche en la colina.
Ethan Bennett puede comprar casi todo. Lo único que quiere es a ella.
Un matrimonio por contrato. Reglas claras. Una familia que se desmorona. Y un corazón herido que, contra todo pronóstico, está a punto de aprender a confiar de nuevo.
Después de la tormenta, siempre sale el sol… si eres lo bastante valiente para cruzarla.
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Capítulo 3
—¿Todavía no se han ido ustedes dos?
Gavin y Vanessa dieron un respingo cuando la voz de Evelyn, más fría que de costumbre, les llegó desde atrás.
Se separaron por reflejo. Gavin retiró de golpe la mano con la que sostenía la de Vanessa.
—E-estábamos a punto de salir —dijo Gavin, poniéndose de pie.
—Gavin, ¿podrías llevarme? —preguntó Vanessa—. Mi auto se descompuso.
—Claro que sí —respondió él, más que encantado.
Para él, el tiempo a solas con Vanessa era lo mejor que le ofrecía la vida. Quizá solo se le permitiera cuidarla como cuñado, pero hasta eso le bastaba.
Por lo menos podía verla. Por lo menos podía asegurarse de que no le faltara nada.
—Evie, no te importa, ¿verdad? —le preguntó Vanessa a su hermana.
Le rozó el brazo, se inclinó muy cerca y le bajó la voz hasta convertirla en un susurro contra el oído.
—Me voy a llevar de vuelta a Gavin.
Evelyn no estalló como habría hecho antes. Se quedó ahí, de pie. En silencio.
Eso inquietó a Vanessa.
—Evie, ¿por qué tan callada? ¿Te molesta o no que me lleve el auto de tu esposo?
El rostro de Vanessa se volvió lastimero, fingiendo dolor.
—Evie…
—No.
Las palabras de Gavin se cortaron en cuanto Evelyn habló, con voz firme.
—No me molesta en absoluto. Eres su cuñada. Es natural que mi esposo te ayude, ¿no? Además…
Evelyn enlazó a propósito su brazo con el de su marido.
—…sé muy bien que tu esposo no le llega ni a los talones al mío. Damian siempre ha sido egoísta. Solo piensa en sí mismo y no tiene idea de cómo consentir a una mujer.
La comisura de la boca de Evelyn se curvó apenas. Una sonrisa fina, burlona.
—Qué suerte la mía que me lo quitaras, Vanessa. Si no, jamás habría conocido a un hombre tan maravilloso como Gavin.
Vanessa apretó la palma. Los celos le quemaban hasta el último gramo de sensatez.
¿Por qué?
¿Por qué a Evelyn siempre le tocaba lo mejor mientras que a ella no le quedaba nada?
—Evie, ¿de qué estás hablando? —protestó Gavin, desconcertado por el cambio en la cara de Vanessa.
La mujer que amaba seguramente había quedado herida por las palabras de Evelyn.
—Mira, hiciste que tu propia hermana se pusiera triste —añadió.
—¡Ay, perdón!
Evelyn puso cara de falsa preocupación.
—Qué desconsiderada soy. Vanessa, perdóname.
Los ojos le brillaban de burla.
Vanessa se esforzó por contener su genio. No podía explotar delante de Gavin. Solo haría añicos la imagen impecable que había construido para él.
—No pasa nada —dijo Vanessa—. Te entiendo. Piensas que Gavin es lo máximo. Pero, Evelyn…
Sonrió, fina y cortante.
—…ten cuidado. No andes alabándolo tanto frente a otras mujeres. Nunca se sabe, alguna podría interesarse y quitártelo justo delante de tus narices.
Evelyn se rio.
—Yo solo lo alabo frente a ti, Vanessa. Porque confío en que no podrías ser tan cruel como para robarme al hombre por segunda vez. ¿No es así?
El aire se volvió ardiente de golpe. La sala quedó en silencio.
Vanessa cerró las manos en puños. Las largas uñas arregladas se le clavaron en las palmas hasta enrojecerlas.
* * *
Esa tarde, Evelyn y Gavin estaban invitados a cenar en casa de los padres de ella. Y no solo ellos: también habían invitado a Vanessa, a Damian y a su hijita, Maisie.
—¡Hola, preciosa!
En cuanto llegaron, Gavin levantó a Maisie en brazos. La niña de cuatro años y medio lo adoraba.
—Tío Gav —canturreó Maisie.
—Gav, mira. Maisie te quiere muchísimo. En casa se la pasó preguntando por ti todo el día. No paraba de decir: ¿cuándo voy a ver al tío Gav?
Los dos se rieron.
Vanessa y Gavin.
Conversaban con las cabezas muy juntas.
Gavin estaba sentado con Maisie en las piernas mientras Vanessa se recargaba en su costado, con una mano apoyada con cariño en su hombro.
¿Y Evelyn?
Evelyn estaba sentada frente a ellos. Haciendo de adorno de porcelana caro al que nadie se molestaba en mirar.
—Evie…
Damian se acercó y se sentó a su lado.
—…¿no te dan celos lo unidos que están esos dos?
—¿Por qué habrían de darme? Son perfectamente normales juntos. Son cuñados, ¿no?
Evelyn bebió su vino con compostura. A su lado, Damian parecía completamente frustrado.
—Evie, ¿no te das cuenta de que esos dos están enamorados?
La mirada de Evelyn se deslizó hacia él. Le arrojó a la cara lo que quedaba de su vino.
Alzó la voz.
—No andes difamando a la gente, Dane. Mucho menos sobre la relación entre mi esposo y mi propia hermana.
La conversación del sofá del fondo se cortó en seco. La pareja que estaba sentada tan pegada se separó de un salto al oír la voz de Evelyn.
—¡Dane, no hables por hablar! —dijo Gavin, bajando a Maisie de sus piernas—. Y menos para envenenar a mi esposa y que malinterprete lo que hay entre Vanessa y yo.
—Eso, Dane —intervino Vanessa.
—Gavin y yo nos conocemos desde hace años. Mucho antes de que Evie y Gavin se casaran. Así que claro que somos cercanos, ¿no? Si estás celoso, ven a decírmelo a mí. No te desquites con Evie tratando de destruir su matrimonio.
Damian se sintió acorralado. Estaba furioso con todos ellos.
Furioso con Vanessa, que no era ni de lejos tan buena como fingía.
Furioso con Gavin, que tan a las claras deseaba a su esposa.
Y furioso con Evelyn, a quien era evidente que estaban traicionando y que aun así defendía a Gavin y a Vanessa.
—Evie, ya verás. Gavin y Vanessa no son tan buenos como piensas.
Damian decidió marcharse. Ya no le importaba la cena que empezaría en cinco minutos.
Solo le importaba una cosa. Quería desahogar su rabia, aunque no ahí.
Por fin empezó la comida. Por primera vez, Evelyn comió hasta saciarse.
Ya no le pelaba los camarones a su marido. Ya no se esforzaba por enfriarle la sopa de res.
Simplemente comía, sin hacer ningún intento por sumarse a la animada charla entre sus padres, su hermana y su esposo.
—De verdad hacen una pareja perfecta —declaró Robert, con la risa aún en la voz.
—¿Oíste, Gavin? —Vanessa, sentada a su lado, le dio un golpecito suave en el brazo.
—Hasta papá está de acuerdo en que los dos estamos hechos el uno para el otro —continuó.
Un cristal se hizo trizas.
Evelyn atrajo todas las miradas cuando, sin querer, derribó la copa que un mesero acababa de dejar a su izquierda.
Las risas cesaron al instante, reemplazadas por las miradas irritadas de sus dos padres.
—Perdón —dijo Evelyn—. Fue un accidente. Yo lo limpio.
Se agachó rápido y fue juntando los pedazos uno por uno.
—Permítame ayudarla, señorita —ofreció un mesero.
—¡No la ayudes! —ladró Robert, deteniendo al hombre a media maniobra.
—De niña ya era descuidada. Nada que ver con Nessa. Que limpie ella su propio desastre.
Evelyn sonrió con amargura. De pequeña había sido algo torpe, era verdad. Pero al menos nunca había arrastrado por el lodo el nombre de la familia como lo había hecho Vanessa.
Aun así, hiciera lo que hiciera, por más que se esforzara, a los ojos de sus padres solo existía Vanessa.
—Ah…
Evelyn dejó escapar un quejido. Un pedazo de vidrio se le había clavado en el dedo índice y le sacó sangre.
Por fin tenía un motivo para llorar.
—Evie, ¿estás bien?
Gavin se agachó. Examinó la herida y, sin pensarlo dos veces, se llevó a los labios el dedo sangrante.
—No llores —la tranquilizó—. Sé que duele, pero sanará pronto.
—¡Traigan el botiquín! Hay que limpiar la herida —le ordenó Gavin a un mesero.
—Gavin —lo llamó Vanessa—. Evelyn solo quiere llamar la atención. No hagas tanto escándalo.
Pero Gavin se volvió a mirar a Vanessa con una expresión que le quedaba rara en el rostro. Como si debajo se escondiera cierta rabia.
—De verdad está herida. ¿Cómo puedes decir que solo quiere llamar la atención?