UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.
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CAPITULO 4
Al día siguiente, me vestí y me arreglé con más emoción de la que quería admitir.
Cuando terminé, me miré frente al espejo.
Y una lágrima recorrió mi mejilla.
En mi vida anterior, cuando estaba enferma, ni siquiera habría imaginado poder ponerme un vestido tan bonito.
Mucho menos verme así.
Me quedé contemplando mi reflejo durante unos segundos.
Una punzada de dolor atravesó mi pecho.
La nostalgia por mi antigua vida había regresado.
Por mis padres.
Por todo aquello que había dejado atrás.
Pero no quería quedarme atrapada en esos recuerdos.
Había recibido una segunda oportunidad.
Y esta vez pensaba disfrutarla.
En mi vida anterior no había podido hacerlo.
Cuando salí de la casa y subí al carruaje, estaba emocionadísima.
¡Un carruaje!
En mi vida anterior jamás había imaginado que algún día viajaría en uno.
Sin embargo, mi emoción duró aproximadamente cinco minutos.
—¿Cómo puede alguien viajar así todos los días?
El carruaje se sacudía con cada pequeño bache del camino. Y, por supuesto, parecía que en aquel reino las carreteras tenían más huecos que tierra.
Cuando finalmente llegamos a la mansión, bajé prácticamente pálida.
Respiré profundamente.
Tenía que mantener la dignidad.
Entré.
Por suerte, los recuerdos del cuerpo funcionaban mejor de lo que esperaba. Mi cuerpo parecía recordar perfectamente cómo comportarse en reuniones de la alta sociedad, así que saludé a las invitadas con educación y cortesía.
Y entonces la vi.
Clara.
Me quedé completamente sorprendida.
Aquella mujer era hermosa.
Su cabello negro, largo y brillante, caía hasta más abajo de sus caderas. Sus ojos, de un intenso color zafiro, resaltaban sobre su rostro delicado y elegante.
Era una belleza que parecía fuera de lugar.
La saludé con una sonrisa y me senté a su lado.
Comenzamos a conversar.
Y, como había imaginado, me cayó bastante bien.
De hecho, todavía no entendía qué tenía de villana.
Era elegante, educada y bastante agradable conmigo.
Además, según mis recuerdos, éramos muy buenas amigas.
Entonces…
¿En qué momento se suponía que se convertía en una villana?
La reunión transcurrió tranquilamente durante un rato.
Hasta que apareció la persona que menos ganas tenía de ver.
La protagonista.
Llegó tarde, disculpándose por su retraso y poniendo esa cara de inocente que…
Bueno.
Intenté darle el beneficio de la duda.
De verdad.
Pero no me agradó.
Quizá estaba siendo injusta, pero después de haber leído el libro en mi vida anterior, ya tenía cierta predisposición hacia ella.
Era bonita.
Tenía el cabello rosa y unos grandes ojos del mismo color.
Pero, para mí, no se comparaba con la belleza de Clara.
Su llegada cambió inmediatamente el ambiente.
Aun así, decidí ignorarlo.
Seguimos tomando el té.
Hasta que la protagonista comenzó a hablar.
Con una voz dulce e inocente, empezó a contarle a Clara que el príncipe la estaba cortejando.
Y no solo él.
También mencionó a varios otros hombres interesados en ella.
Al principio pensé que simplemente estaba conversando.
Hasta que noté la manera en que miraba a Clara.
Había algo venenoso detrás de aquella sonrisa.
Y me pareció bastante desagradable.
¿Quién se sentía orgullosa de tener a medio reino coqueteándole?
Miré de reojo a Clara.
Ella también parecía disgustada, pero mantenía la calma.
Y entonces recordé algo.
La historia ya había comenzado.
El príncipe ya la tenía en la mira.
Y, según el libro, Clara empezaría a ser vista como la villana que intentaba interponerse entre él y la protagonista.
Lo peor era que Clara estaba enamorada de ese idiota.
Yo no quería que pensara que estaba actuando por celos.
Pero había un pequeño problema.
Yo, tanto en mi vida anterior como en esta, nunca había tenido precisamente un carácter gentil.
Siempre había sido un poco…
Bueno.
La loca que terminaba metiéndose en problemas.
Nunca fui particularmente buena tomando decisiones sensatas.
Y entonces ocurrió.
La protagonista tomó la taza de té que Clara acababa de pasarle.
Justo en ese momento, el príncipe y varios jóvenes nobles aparecieron en el salón.
Y, de repente…
¡Plaf!
La taza terminó en el suelo.
La protagonista dio un pequeño grito y se llevó una mano al vestido.
—¡Clara! ¿Por qué hiciste eso?
Me quedé mirándola.
¿En serio?
Había fingido que Clara le había tirado el té encima.
Solo porque el príncipe estaba allí.
Respiré profundamente.
Una vez.
Dos veces.
No funcionó.
Me puse de pie.
Tomé mi taza.
Y antes de que alguien pudiera detenerme…
Se la lancé directamente a la cara.
—¡Toma!
El salón quedó en completo silencio.
La protagonista se quedó paralizada.
El príncipe también.
Clara me miró con los ojos completamente abiertos.
Yo bajé lentamente la taza vacía.
—Y agradece que el té no estaba tan caliente.
Sonreí.
—Porque si lo hubiera estado, te lo habría tirado igual.