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DONDE DUERMEN LOS LOBOS

DONDE DUERMEN LOS LOBOS

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elías tiene 19 años. Pospone la universidad por la muerte de su hermana y se va a Moonvale a trabajar de bibliotecario de día y mesero de noche.

Una noche encuentra dos bebés abandonados en la biblioteca. Nadie los reclama. Si los deja, irán a un orfanato. Decide criarlos como suyos.

Lo que no sabe es que Lyra y Milo no son normales. Crecen muy rápido, aúllan a la luna y sus ojos brillan como lobos. Son hombres lobo, los últimos Alfa.

Ahora tiene que comprar una cabaña en el bosque, aprender a ser papá lobo, protegerlos de los cazadores del pueblo y no enamorarse del veterinario que le está ayudando a criarlos.

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CAPÍTULO 22 - El taller

El taller de Joaquín empezaba a las diez en la biblioteca vieja.

Yo llegué a las nueve con Lyra y Milo porque Marta me pidió que abriera. Tenía la llave oxidada que me había dejado la muni cuando cuidaba libros.

Tenía el cabello largo atado atrás con cinta azul vieja, con trenza gruesa simple. No me lo había cortado.

—Mamá, ¿muchos niños? —preguntó Lyra, con su mochila chica de cuero que le hizo Don Héctor.

—Sí —dije—. Muchos.

—Mamá, ¿yo leo? —dijo Milo, que todavía no leía pero quería.

—Sí —dije—. Tú lees conmigo.

La biblioteca olía a humedad y a madera vieja. Habíamos puesto seis sillas chicas y una mesa.

En Moonvale hay diez niños en edad de taller. Vinieron cuatro porque los otros ya sabían que Lyra y Milo iban y sus papás no quisieron.

Don Héctor me dijo antes: "Van a hablar, Elías. Prepárate".

A las diez llegaron cuatro niños del pueblo con sus mamás. Las mamás se quedaron en puerta, mirando con brazos cruzados.

Joaquín llegó con libros y con lentes limpios.

—Gracias por abrir —me dijo—. ¿Dormiste?

—Sí —dije, mintiendo.

Empezó taller. Joaquín leyó un cuento de un lobo que no quería aullar. Lyra y Milo escuchaban sentados en suelo, no en silla, con orejas que se les notaban si se agachaban.

—Mamá, lobo no aúlla como yo —dijo Lyra fuerte.

Todos los niños la miraron.

—Tu hija habla raro —dijo una mamá en voz baja, pero la escuché.

—Habla como quiere —dije—. Es su manera.

Joaquín siguió leyendo, pero noté que una mamá agarró a su hijo y se lo llevó a otra esquina, lejos de Lyra y Milo.

—Mamá, ¿por qué se va señora con niña? —dijo Lyra, con ojos tristes.

—Porque tiene miedo —dije—. No sabe que eres buena.

A la mitad del taller, Milo se paró y aulló bajito, como hace cuando se aburre.

Un niño se rió. Otro se asustó.

—Mamá, ¿es perro? —dijo una niña, señalando a Milo.

—No —dije—. Es mi hijo.

—Su hijo aúlla —dijo la mamá de la niña, con cara de asco—. ¿Les enseñas a aullar en casa?

—Les enseño a no tener vergüenza —dije.

Joaquín intervino rápido.

—En este taller todos pueden hacer sonidos —dijo—. Si quiere aullar, aúlla. Si quiere leer, lee.

La mamá no quedó conforme.

—Yo traje a mi hija a leer, no a escuchar aullidos de niños que parecen perros —dijo—. Y además —me miró— ¿tú eres el papá que le dicen mamá? Me contaron.

Me puse rojo. Tenía el cabello largo atado atrás, pero no era por pelo que me decía eso.

—Sí —dije—. Me dicen mamá mis hijos. Yo prefiero papá, pero me dicen mamá con cariño. No tiene nada de malo.

—Sí tiene —dijo—. Los niños se confunden. Si tú eres papá, que te digan papá. Si te dicen mamá, es porque no sabes ser papá.

Lyra se paró y dijo, clarita:

—Él es mi mamá bonita. Me hace papilla. Papá no hace papilla acá, mamá sí.

Me dio vergüenza y orgullo al mismo tiempo. Milo abrazó mi pierna.

—Mamá bonita —dijo Milo, fuerte, para que escuchara la señora.

Joaquín se puso entre nosotros y la mamá.

—Señora, este taller es para todos —dijo—. Si no le gusta, puede irse.

La señora se fue con su hija, tironeándola. Otra mamá se fue detrás. Quedaron dos niños.

—Mamá, se fueron —dijo Lyra.

—Sí —dije—. Se fueron.

Seguimos taller con dos niños nada más que quedaron. Joaquín leyó otro cuento corto de zorro. Lyra y Milo escucharon tranquilos sentados, sin aullar, con manos en piernas.

Al final, Joaquín me dijo:

—Perdona. No pensé que pasaría eso.

—No es tu culpa —dije—. Pasa siempre. Antes era por mi moño, ahora es por mis hijos.

—Es homofobia —dijo Joaquín bajito—. No es por pelo ni por aullido. Es porque eres hombre criando solo y te dicen mamá y no les gusta ver eso.

—Sí —dije—. Marta me dijo lo mismo.

Salimos de biblioteca. Afuera estaba Silas, con camioneta, con cara de enojado.

—¿Qué pasó? —dijo—. Me dijo Don Héctor que dos mamás se fueron reclamando de ti.

—¿Cómo sabes? —dije.

—Todo se sabe acá —dijo—. ¿Te defendiste?

—Sí —dije—. Dije que soy papá aunque me digan mamá.

Silas miró a Joaquín.

—¿Y tú qué hiciste? —le preguntó.

—Lo defendí —dijo Joaquín—. Les dije que se fueran.

—Yo hubiera hecho más —dijo Silas—. Les hubiera dicho que si no quieren que sus hijos jueguen con lobitos, que no vengan.

—Eso no ayuda —dijo Joaquín—. Hay que hablar, no pelear.

—Hablar no sirve con gente homofóbica —dijo Silas—. Pelear sí.

Me metí al medio.

—Paren —dije—. No pelean por mí. Yo peleé solo hoy y no necesité que me defendieran.

Los dos se callaron.

—Mamá peleó solo —dijo Lyra, con orgullo—. Mamá peleó como loba.

—Papá peleó solo —corregí—. Papá lobo.

—Mamá papá peleó solo bonito —mezcló ella, con ternura, y me abrazó.

Volvimos a casa chica caminando los tres, con mochila de cuero y libros prestados. Joaquín se fue por otro lado, Silas se quedó atrás con camioneta, mirando.

En la noche, Marta vino con pan.

—Me contaron —dijo—. Lo de biblioteca.

—Sí —dije.

—Bien que te defendiste solo —dijo—. Sin veterinario que te defienda.

—Siempre me defiende —dije—. Pero hoy no quise.

—Bien —dijo—. Porque ahora eres papá que cría solo y no necesita que lo defiendan por pelo largo. Necesita que lo respeten por papá que hace papilla.

Lyra se durmió diciendo:

—Mamá, mañana taller otra vez.

—Sí —dije—. Mañana taller otra vez, aunque se vayan dos mamás. Aunque se vayan todas, vamos igual.

—Mamá bonita va igual mañana siempre —dijo dormida.

Me acosté con cabello largo atado atrás con cinta azul vieja, con dos lobitos que me decían mamá bonita delante de gente que se fue por homofóbica, y por primera vez sentí que no necesitaba que Silas me defendiera por pelo largo, sino que yo me defendí solo por ser papá de verdad.

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bruja de la imaginación 👿😇
🥰me gustó mucho está historia
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